Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 24: La chica del video

Aquella noche, Julieta tardó más de lo habitual en grabar su mensaje.
Sostenía el celular con ambas manos, pero no encontraba las palabras.
Finalmente respiró hondo.
—Hola, Julieta...
Si hoy despertaste con miedo, quiero que sepas que yo también lo tuve.
Nos están siguiendo.
No sabemos quién.
Ni por qué.
Pero quiero que recuerdes una cosa...
Tomás nunca quiso alejarse porque dejara de quererte.
Quiso hacerlo porque tenía miedo de perderte.
Los ojos comenzaron a humedecérsele.
—Y, por favor...
No dejes que cargue con todo solo.
Apagó la cámara.
Se quedó mirando la pantalla negra durante unos segundos.
—Ojalá algún día pueda decirte todo esto sin necesidad de un video...
A la mañana siguiente, Julieta reprodujo la grabación.
Cuando terminó, permaneció inmóvil.
Era extraño.
Sentía que la chica del video ya no era exactamente ella.
Era una versión distinta.
Una Julieta que vivía cosas que ella jamás podía recordar.
Pero que seguía cuidándola todos los días.
Sonrió con tristeza.
—Gracias...
Susurró a la pantalla.
Al salir de su casa encontró a Tomás esperándola.
Sin decir una palabra, caminó hasta él y lo abrazó.
Él respondió sorprendido.
—Buen día...
—La Julieta de ayer te manda un reto.
Tomás sonrió.
—¿Qué hice ahora?
—Dice que no vuelvas a intentar resolver todo solo.
Él soltó una carcajada.
—Cada vez me cae mejor esa Julieta.
—A mí también.
Y por primera vez en mucho tiempo, ambos rieron con ganas.
Al llegar al colegio, el ambiente era muy distinto.
El festival del Día del Estudiante sería al día siguiente.
Todo era un caos.
Pintura.
Globos.
Equipos de sonido.
Profesores corriendo de un lado a otro.
Sofía apareció con una lista en la mano.
—¡Los estaba buscando!
—¿Qué pasó? —preguntó Julieta.
—Cambios de último momento.
La chica que iba a cantar con la banda se enfermó.
Todos miraron a Julieta.
Ella dio un paso hacia atrás.
—No.
Ni lo sueñen.
Sofía cruzó los brazos.
—Ni siquiera escuchaste la propuesta.
—No hace falta.
No voy a cantar.
Tomás intervino.
—Déjenla tranquila.
Pero el profesor de Música se acercó.
—No hace falta que cantes una canción completa.
Solo el estribillo.
Julieta negó con la cabeza.
—Tengo pánico escénico.
El profesor sonrió.
—Antes del accidente no lo tenías.
Ella bajó la mirada.
—Pero ahora sí.
Tomás puso una mano sobre su hombro.
—Y eso está bien.
No tenés que demostrarle nada a nadie.
Julieta levantó la vista.
Él le sonrió.
—Solo hacé las cosas cuando estés lista.
Aquellas palabras quedaron dando vueltas en su cabeza todo el día.
"Cuando estés lista."
Nadie le exigía recuperar la memoria.
Nadie le exigía volver a ser quien era.
Excepto ella misma.
Al salir del colegio, Julieta decidió pasar por la vieja cancha de hockey donde había entrenado durante años.
Las rejas seguían iguales.
El césped estaba perfectamente cortado.
Varias chicas practicaban bajo las órdenes del entrenador.
Julieta apoyó las manos sobre el alambrado.
Sintió un profundo vacío.
No recordaba un solo entrenamiento.
Ni un solo partido.
De pronto...
Un silbato.
El golpe de un palo contra la bocha.
Y una imagen.
Ella corriendo.
Con la camiseta número diez.
Escuchó una voz masculina.
"¡Ferreyra, pasala!"
Su respiración se aceleró.
Por apenas un segundo...
Recordó cómo sostenía el palo de hockey.
Después...
Todo desapareció.
—¡Juli!
Tomás llegó corriendo.
La había visto detenerse desde la esquina.
—¿Estás bien?
Ella asintió lentamente.
—Recordé...
Muy poquito.
Pero esta vez no fue el accidente.
Fue antes.
Él abrió grandes los ojos.
—¿En serio?
—Sí...
Creo que...
Volví a jugar al hockey durante un segundo.
Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Tomás.
Era la primera vez que Julieta recuperaba un recuerdo feliz.
Y eso significaba que su memoria estaba cambiando.
Muy cerca de allí, oculto detrás de las tribunas vacías, el hombre del automóvil negro observaba la escena.
Sacó su teléfono.
—Hay un problema.
Escuchó unos segundos.
Después respondió con preocupación.
—No solo está recordando el accidente.
Ahora también está recuperando su vida anterior.
Del otro lado de la llamada hubo un largo silencio.
Finalmente llegó una orden seca.
—Entonces no queda más tiempo.
Traela.
Viva... si es posible.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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