Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 25: El festival

El despertador sonó a las siete.
Julieta abrió los ojos con una sensación extraña.
Como si el día fuera importante.
Todavía no sabía por qué.
Tomó el cuaderno.
Leyó las páginas escritas la noche anterior.
Después reprodujo el video.
La Julieta del día anterior apareció sonriendo, aunque sus ojos reflejaban un poco de nervios.
—¡Buen día, Juli!
Hoy es el Festival del Día del Estudiante.
No te preocupes.
Nadie espera que hagas algo que no quieras.
Solo disfrutá.
Y si en algún momento sentís miedo...
Buscá a Tomás.
Él siempre encuentra la forma de hacer que todo parezca más fácil.
La grabación terminó.
Julieta respiró profundo.
—Bueno...
Vamos a sobrevivir otro día.
El colegio parecía una fiesta.
Había banderines de colores colgados entre los árboles.
Puestos de comida.
Música.
Profesores disfrazados participando de los juegos.
Los alumnos corrían de un lado a otro.
Por unas horas, nadie hablaba de exámenes.
Ni de problemas.
Ni de enfermedades.
Tomás apareció detrás de ella con una sonrisa.
—Feliz Día del Estudiante.
Le entregó un pequeño girasol.
Julieta lo observó sorprendida.
—¿Por qué un girasol?
Tomás se encogió de hombros.
—Porque siempre busca la luz.
Y vos también.
Ella sonrió.
Era un detalle sencillo.
Pero sintió que valía más que cualquier regalo.
Al mediodía comenzaron las presentaciones.
El curso de quinto año hizo una obra de teatro.
Los de cuarto prepararon un número de baile.
Finalmente llegó el turno de Tomás.
El profesor anunció:
—Con ustedes...
Tomás Álvarez.
El patio entero comenzó a aplaudir.
Tomás subió al escenario con la guitarra.
Antes de comenzar, buscó a Julieta entre el público.
Cuando la encontró, sonrió.
Y empezó a tocar.
Era "Buenos días, Julieta."
Pero esta vez había una estrofa nueva.
"Aunque el tiempo juegue a esconderme de vos..."
"Aunque cada amanecer vuelva a empezar..."
"Voy a elegir encontrarte..."
"Todas las veces que haga falta."
Julieta sintió un nudo en la garganta.
No recordaba esa canción.
Pero su corazón reaccionaba como si la conociera desde siempre.
Cuando terminó, todo el colegio estalló en aplausos.
Sofía fue la primera en ponerse de pie.
Después lo hicieron los profesores.
Y finalmente...
Julieta.
Con lágrimas brillando en sus ojos.
Al bajar del escenario, Tomás se acercó a ella.
—¿Qué te pareció?
Julieta sonrió.
—Creo...
Que es la canción más linda que escuché en mi vida.
Tomás sintió que el pecho le explotaba de felicidad.
No necesitaba nada más.
Por la tarde comenzaron los juegos al aire libre.
Carreras de embolsados.
Tiro al aro.
Fútbol.
Y una búsqueda del tesoro por todo el colegio.
Julieta y Tomás quedaron en el mismo equipo.
Mientras buscaban una de las pistas, terminaron entrando al viejo gimnasio.
Estaba completamente vacío.
Solo se escuchaba el eco de sus pasos.
Julieta encontró una tarjeta escondida debajo de una colchoneta.
Cuando la levantó...
Una imagen atravesó su mente.
El gimnasio lleno.
Ella corriendo con una bocha de hockey.
El entrenador gritando desde la tribuna.
Y una voz conocida.
"¡Vamos, capitana!"
Julieta llevó una mano al pecho.
No le dolía la cabeza.
Esta vez era diferente.
Era como si el recuerdo hubiera llegado con suavidad.
—Tomás...
Él corrió hacia ella.
—¿Qué pasó?
Ella sonreía.
Llorando.
—Recordé mi apodo.
Él abrió grandes los ojos.
—¿Cuál?
—Capitana...
Así me decía el entrenador.
Tomás sintió una emoción inmensa.
Cada recuerdo feliz que regresaba era una victoria.
Pero esa alegría duró apenas unos minutos.
Cuando salieron del gimnasio, Sofía llegó corriendo.
Estaba completamente pálida.
—¡Tomás!
—¿Qué pasó?
—Hay un hombre preguntando por Julieta en la entrada del colegio.
Dice que es investigador del accidente.
Pero...
Nadie lo conoce.
Tomás sintió un escalofrío.
Miró hacia la entrada.
A lo lejos distinguió un traje oscuro.
Y un automóvil negro estacionado junto al portón.
El hombre levantó la vista.
Y, por primera vez...
Sus ojos se cruzaron con los de Julieta.
Ella quedó completamente inmóvil.
Porque esa sonrisa...
Era exactamente la misma que había visto bajo la lluvia el día del accidente.
—Es él... —susurró con la voz quebrada.
—Tomás...
Es el hombre que vi ese día...
Y, al mismo tiempo, el desconocido comenzó a caminar lentamente hacia ellos.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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