El patio del colegio quedó en silencio.
Los alumnos seguían disfrutando del festival, ajenos a lo que estaba ocurriendo cerca de la entrada.
Julieta no podía apartar la mirada de aquel hombre.
El traje gris.
El cabello oscuro.
Y, sobre todo...
Aquella sonrisa.
La misma que había visto bajo la lluvia.
La misma que aparecía en sus pesadillas.
Sintió que las piernas le temblaban.
—Es él... —repitió en un susurro.
Tomás reaccionó de inmediato.
Le tomó la mano.
—No lo mires. Vamos con los profesores.
Pero Julieta no podía moverse.
Algo dentro de ella le decía que ya había visto ese rostro mucho antes del accidente.
El hombre comenzó a caminar hacia ellos con absoluta tranquilidad.
Un policía que colaboraba con la seguridad del festival le salió al paso.
—Señor, ¿puedo ayudarlo?
El desconocido mostró una credencial.
—Soy investigador privado.
Estoy revisando información sobre el accidente ocurrido el año pasado.
El policía observó la credencial unos segundos.
Parecía auténtica.
Sin embargo...
El director del colegio se acercó rápidamente.
—Disculpe, pero no autorizamos entrevistas con nuestros alumnos.
El hombre sonrió con educación.
—Solo necesito cinco minutos con la señorita Ferreyra.
—No será posible.
Por primera vez, la sonrisa desapareció de su rostro.
—Entiendo.
Guardó la credencial.
Se acomodó el saco.
Y antes de retirarse, levantó la vista hacia Julieta.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Julieta sintió un dolor agudo en la cabeza.
Un trueno.
Lluvia.
El micro inclinado sobre la banquina.
Gritos.
Y aquella misma voz.
—¡Busquen a la chica!
Otra voz respondió.
—¡No! ¡La policía viene para acá!
Después...
La sonrisa.
El hombre cerrando la puerta de un automóvil negro.
Y alejándose del lugar.
—¡Juli!
La voz de Tomás la hizo volver.
Ella cayó de rodillas.
Respiraba con dificultad.
—Lo... recuerdo...
Tomás se arrodilló frente a ella.
—¿Qué recordás?
Julieta levantó la vista, completamente pálida.
—Él no estaba ayudando...
Su voz se quebró.
—Él estaba escapando.
Una ambulancia que estaba de guardia en el festival llegó enseguida.
Los médicos revisaron a Julieta.
Su presión estaba alta, pero el episodio pasó rápidamente.
El director suspendió el resto de las actividades para ella.
—Será mejor que tus padres vengan a buscarte.
Mientras esperaban, Tomás permaneció sentado a su lado.
No soltó su mano ni un instante.
—No tenés que esforzarte por recordar.
Ella negó lentamente.
—No...
Esta vez fue diferente.
No apareció de golpe.
Fue como...
Como si una puerta se hubiera abierto.
Tomás sintió un pequeño rayo de esperanza.
Cuando los padres de Julieta llegaron, ella les contó todo.
Su madre rompió en llanto.
Su padre apretó los puños.
—Voy a hablar con la policía ahora mismo.
Tomás intervino.
—Yo también vi a ese hombre.
Y no era la primera vez.
Les contó sobre el automóvil negro.
Las amenazas.
La fotografía.
Y el sobre que había recibido.
El padre de Julieta quedó helado.
—Esto ya no es una simple coincidencia.
Esa misma tarde, en la comisaría, el oficial que llevaba la investigación escuchó el relato completo.
Cuando Julieta terminó, el policía abrió un viejo expediente.
Sacó varias fotografías tomadas el día del accidente.
Las colocó sobre la mesa.
—¿Está segura de que era este hombre?
Julieta comenzó a revisar las imágenes.
Una.
Dos.
Tres...
Hasta que sus dedos se detuvieron.
Su respiración se aceleró.
Señaló una fotografía donde un hombre discutía con otro junto a un automóvil negro, pocos minutos antes del accidente.
—Es él.
No tenía ninguna duda.
El oficial observó la imagen en silencio.
Después levantó la vista.
—Esto cambia completamente la investigación.
Porque ese hombre...
No figura entre los testigos.
Ni entre las víctimas.
Ni entre los rescatistas.
Es como si...
Hubiera desaparecido.
A varios kilómetros de allí, el desconocido recibió una llamada.
—¿Te reconoció?
Él sonrió mientras miraba por el espejo retrovisor.
—Sí.
Del otro lado hubo un largo silencio.
Después llegó una orden firme.
—Entonces no queda otra opción.
Esta noche recuperamos el cuaderno.
Y, si es necesario...
Nos llevamos a la chica.
El hombre arrancó el automóvil negro.
Esta vez...
Ya no pensaba limitarse a observar.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 05.08.2026