Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 31: El pendrive

Julieta pasó gran parte de la noche mirando aquella pequeña memoria USB.
Era negra, con una carcasa de goma desgastada.
No parecía tener nada especial.
Y, sin embargo...
Había personas dispuestas a amenazarla para encontrarla.
Eso solo podía significar una cosa.
Lo que había dentro era importante.
Muy importante.
A la mañana siguiente, como siempre, el despertador sonó a las siete.
Julieta realizó su rutina.
Cuando llegó al final del cuaderno, encontró una nota escrita con letras grandes.
"NO CONECTES EL PENDRIVE SIN QUE ESTÉN TOMÁS, PAPÁ Y LA POLICÍA."
Frunció el ceño.
—Bueno...
Eso suena bastante serio.
Guardó el dispositivo en el bolsillo interno de su mochila.
No pensaba separarse de él.
Al salir de su casa, Tomás la esperaba con dos cafés.
—Buen día.
Ella levantó una ceja.
—¿Café?
—Necesitás despertarte.
Y yo también.
Julieta sonrió.
—Gracias.
Mientras caminaban, le mostró el pendrive.
Tomás dejó de sonreír.
—¿Lo trajiste?
—Sí.
Él miró a ambos lados de la calle antes de responder.
—No lo saques más.
Puede que nos estén observando.
Ella volvió a guardarlo.
Cada vez entendía más el peligro en el que estaban.
Después de clases, el oficial que llevaba la investigación los esperaba en la comisaría junto con los padres de Julieta.
Sobre una mesa había una notebook.
El ambiente era tenso.
—¿Están seguros? —preguntó el oficial.
El padre de Julieta asintió.
—Es momento de saber la verdad.
Tomás tomó la mano de Julieta.
Ella respiró hondo.
Con manos temblorosas, conectó el pendrive.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Hasta que apareció una única carpeta.
"Campamento."
Dentro había decenas de fotografías.
Videos.
Y un solo archivo de audio.
Sin título.
El oficial hizo clic.
Se escuchó el sonido del viento.
Después risas.
Voces de adolescentes.
Parecía una grabación común.
Hasta que...
Una voz masculina dijo con claridad:
—Esta noche no puede fallar.
Todos en la sala quedaron inmóviles.
Otra voz respondió:
—¿Y la chica?
Hubo unos segundos de silencio.
Luego llegó la frase que heló la sangre de Julieta.
—Si ve algo... elimínenla.
El audio terminó abruptamente.
Nadie habló durante varios segundos.
Julieta sintió que el mundo giraba.
Llevó ambas manos a la cabeza.
Una imagen apareció con una claridad aterradora.
Ella caminando sola cerca del estacionamiento del campamento.
Escuchando aquella conversación.
Pisando una rama sin querer.
El ruido.
Dos hombres girándose al mismo tiempo.
Uno de ellos...
El hombre del automóvil negro.
—¡Nos escuchó!
Después...
Todo se mezcló.
Una persecución.
Ella corriendo.
Subiendo al micro desesperada.
Y el sonido de un motor acelerando.
Julieta cayó de rodillas.
—¡Lo recuerdo!
Tomás se arrodilló junto a ella.
—¿Qué viste?
Ella respiraba con dificultad.
—Yo...
No fui una víctima al azar.
Ellos...
Ellos intentaron matarme porque escuché algo que no debía.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
El oficial comprendió inmediatamente la gravedad de la situación.
—Eso significa que el accidente...
No fue un accidente.
El silencio en la sala era absoluto.
El padre de Julieta apretó los puños con rabia.
Su madre rompió en llanto.
Tomás abrazó a Julieta con fuerza.
Ella temblaba.
No por el dolor.
Sino porque acababa de descubrir que, durante un año entero...
Había vivido con una mentira.
A varios kilómetros de allí, el hombre misterioso recibió una llamada desesperada.
—Entraron al pendrive.
Hubo un golpe seco al otro lado de la línea.
Después una orden llena de furia.
—Entonces se terminó.
Esta noche...
No dejen testigos.
El hombre levantó la vista hacia una fotografía de Julieta y Tomás pegada en la pared.
Tomó un marcador negro.
Y dibujó una gran cruz sobre ambos rostros.
La guerra acababa de empezar.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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