Aquella noche, Julieta apenas pudo dormir.
La revelación sobre el accidente no dejaba de dar vueltas en su cabeza.
Ahora sabía que alguien había intentado matarla.
Y que todo había comenzado mucho antes del choque.
A la mañana siguiente, el despertador sonó como siempre.
Julieta abrió el cuaderno azul.
La Julieta del día anterior había escrito una página entera.
Al final, una frase estaba subrayada.
"No dejes que la curiosidad te haga actuar sola. Prometémelo."
Julieta sonrió con tristeza.
—Te lo prometo...
Aunque seas yo.
En la escuela, Tomás la esperaba en la entrada.
Pero esta vez no estaba solo.
Sofía también estaba allí.
Los tres fueron llamados inmediatamente a la oficina del director.
El oficial que llevaba la investigación los esperaba con un sobre en la mano.
—El laboratorio trabajó toda la noche con el pendrive.
Tomás dio un paso adelante.
—¿Encontraron algo?
El oficial asintió.
—Sí.
Lograron recuperar parte de un video que había sido eliminado.
El corazón de Julieta comenzó a acelerarse.
—¿Podemos verlo?
—Solo dura veintitrés segundos.
Pero puede ser importante.
En la pantalla apareció una grabación movida.
Era evidente que quien filmaba estaba corriendo.
Se escuchaban respiraciones agitadas.
Después...
La cámara enfocó por un instante a dos hombres discutiendo junto al automóvil negro.
Uno de ellos era, sin dudas, el hombre que había estado siguiéndolos.
El otro llevaba una gorra que ocultaba casi todo su rostro.
Entonces se escuchó una voz.
La voz de Julieta.
—¡Los grabé! ¡Los grabé!
La imagen comenzó a sacudirse violentamente.
Después apareció un chico de unos diecisiete años.
Miró directamente a la cámara.
Y gritó:
—¡Juli, corré! ¡Yo los distraigo!
El video terminó de golpe.
La sala quedó en absoluto silencio.
Julieta sintió que el aire desaparecía.
—Ese chico...
No recuerdo quién es.
Tomás tampoco lo reconocía.
Pero Sofía sí.
Se llevó ambas manos a la boca.
—No puede ser...
Todos giraron hacia ella.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Es... Nicolás.
Julieta frunció el ceño.
—¿Nicolás?
Sofía asintió lentamente.
—Nicolás Rivas.
Era compañero nuestro.
Pero...
Después del accidente...
Desapareció.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de todos.
El oficial abrió rápidamente otra carpeta.
Buscó entre varios documentos.
Finalmente encontró el nombre.
Nicolás Rivas.
Estado del expediente:
Desaparecido.
Sin rastros desde el día del accidente.
Julieta sintió que el corazón le dolía.
—¿Desaparecido...?
Sofía rompió en llanto.
—Pensamos que se había escapado de su casa.
Eso dijeron en ese momento.
Nunca imaginamos...
Tomás cerró los puños.
Ahora todo tenía sentido.
Si Nicolás había sobrevivido...
También había escuchado aquella conversación.
Y si había desaparecido...
Tal vez alguien se había encargado de hacerlo callar.
Mientras tanto, en un viejo depósito ferroviario abandonado, una puerta metálica se abrió lentamente.
Una bandeja con comida fue empujada hacia el interior de una pequeña habitación.
Un joven, con barba descuidada y la mirada cansada, levantó la cabeza.
Llevaba más de un año encerrado.
Tomó la bandeja sin decir una palabra.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, apoyó la espalda contra la pared.
En ella había una fecha marcada con pequeños rayones.
Cada línea representaba un día.
Había más de trescientas.
El muchacho cerró los ojos y susurró con la poca esperanza que aún le quedaba.
—Juli...
Ojalá hayas logrado olvidar.
Porque si recordás...
Van a venir por vos otra vez.
Nicolás seguía vivo.
Y era la única persona capaz de identificar a todos los responsables de aquella noche.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 05.08.2026