El dibujo del sobre no dejaba lugar a dudas.
Era el viejo puente de madera cercano al campamento.
El mismo lugar donde, minutos antes del accidente, Julieta había escondido algo entre las tablas.
Un recuerdo que había permanecido enterrado durante más de un año.
Y que acababa de regresar.
En la casa de los Ferreyra, el ambiente era un caos.
Su padre quería llamar inmediatamente al oficial.
Su madre lloraba sin consuelo.
—¡No podemos hacer lo que dicen esos delincuentes! —exclamó su padre.
Julieta respiró hondo.
—Papá... ellos tienen a Tomás.
—¡Precisamente por eso! Si vas sola, también te van a secuestrar.
Ella sabía que tenía razón.
Pero el reloj corría.
Y Tomás estaba en peligro.
En el galpón abandonado, Tomás seguía atado a una silla.
Tenía un corte en el labio y un ojo amoratado, pero no había dicho una sola palabra.
El hombre de la cicatriz se acercó lentamente.
—¿Sabés qué es lo curioso?
Tomás levantó la vista.
—Julieta no recuerda casi nada...
Pero vos sí recordás todo.
Debe ser difícil enamorarse de alguien que todos los días vuelve a empezar.
Tomás sonrió con orgullo.
—No tenés idea de la suerte que tengo.
El hombre perdió la paciencia.
Le dio un fuerte golpe en el estómago.
—Seguís creyéndote un héroe.
—No...
Respondió con esfuerzo.
—Solo soy alguien que jamás la va a abandonar.
Aquellas palabras irritaron todavía más al secuestrador.
Mientras tanto, en la comisaría, el oficial analizaba nuevamente el pendrive.
Uno de los técnicos entró apresurado.
—¡Encontramos algo!
Conectó un monitor.
Habían logrado reconstruir parte de un archivo de video dañado.
Solo duraba unos segundos.
La imagen mostraba a Julieta arrodillada bajo el viejo puente.
Sacaba un pequeño objeto del bolsillo de su campera y lo escondía entre dos tablas sueltas.
Después miraba a la cámara y decía riendo:
—"Si alguien encuentra esto, es porque soy muy mala escondiendo secretos."
El video terminaba allí.
El oficial frunció el ceño.
—¿Se alcanza a ver qué escondió?
El técnico negó con la cabeza.
—No.
Pero ahora sabemos exactamente dónde buscar.
El operativo policial se organizó en pocos minutos.
Varios móviles partieron hacia el puente.
Sin embargo...
Alguien los estaba observando desde el estacionamiento de la comisaría.
El hombre del automóvil negro hizo una llamada.
—Se movieron.
Van hacia el puente.
La respuesta llegó de inmediato.
—Perfecto.
Nosotros también.
Esa noche, bajo una lluvia fina, Julieta no pudo quedarse quieta.
Sabía que la policía iba en camino.
Pero también sabía que los secuestradores estarían allí.
Se acercó a la puerta de su casa.
Su padre la detuvo.
—¿Adónde pensás ir?
Ella lo miró con lágrimas en los ojos.
—A buscar a Tomás.
—¡No!
—¡Él haría lo mismo por mí!
El hombre quedó en silencio.
Sabía que era cierto.
Minutos después, varios patrulleros rodeaban el viejo puente.
Los reflectores iluminaban las viejas maderas.
El oficial caminó lentamente hasta el lugar indicado en el video.
Se agachó.
Empujó una tabla podrida.
Y encontró un pequeño paquete envuelto en plástico impermeable.
—¡Lo tengo!
En ese mismo instante...
El sonido de varios motores rompió el silencio de la noche.
Tres camionetas negras aparecieron a toda velocidad por el camino de tierra.
Los delincuentes habían llegado.
Y la batalla por el secreto que Julieta había escondido un año atrás...
Estaba a punto de comenzar.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 05.08.2026