Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 38: La caja de metal

TLa lluvia caía con fuerza sobre el viejo puente.
Los reflectores de los patrulleros iluminaban la noche mientras el oficial sostenía el pequeño paquete envuelto en plástico.
Apenas tuvo tiempo de levantarlo.
El ruido de las camionetas negras hizo que todos giraran al mismo tiempo.
—¡Cubran posiciones! —gritó uno de los policías.
Las puertas de las camionetas se abrieron.
Cinco hombres armados descendieron y comenzaron a correr hacia el puente.
No buscaban enfrentarse con la policía.
Buscaban el paquete.
—¡Retírense! ¡Ahora! —ordenó el oficial.
Dos agentes tomaron la evidencia y corrieron hacia uno de los patrulleros.
Los delincuentes comenzaron a disparar contra los neumáticos.
Uno de los móviles perdió el control y quedó atravesado sobre el camino.
El puente se convirtió en un caos.
Sirenas.
Gritos.
Disparos.
Y lluvia.
Mientras tanto, Julieta observaba todo desde la camioneta de su padre, detenida a varios cientos de metros.
Había prometido no acercarse.
Pero no había podido quedarse en casa.
Su padre intentó sujetarla cuando escuchó los disparos.
—¡No bajés!
Ella miró hacia el puente.
Algo dentro de su cabeza comenzó a latir con fuerza.
Aquella escena...
La lluvia.
Las luces.
El puente.
Era demasiado parecida a la noche del accidente.
De pronto...
Un recuerdo regresó.
Ella escondiendo la caja.
Nicolás mirándola con preocupación.
—¿Estás segura?
Julieta asentía.
—Si algo sale mal...
Nadie va a pensar en buscarla acá.
Nicolás sonreía.
—Sos más inteligente de lo que aparentás.
Después...
Los dos corrían de regreso al micro.
El recuerdo terminó.
Julieta abrió los ojos.
—No era un pendrive...
Susurró.
—Era una caja.
En el puente, el oficial consiguió abrir el envoltorio.
Dentro había una pequeña caja metálica.
Tenía un candado diminuto.
Y una etiqueta escrita con marcador negro.
"Solo abrir si algo me pasa."
El policía frunció el ceño.
—¿Tiene la llave?
Nadie respondió.
Los delincuentes estaban cada vez más cerca.
El hombre de la cicatriz apareció detrás de una de las camionetas.
Sonrió al ver la caja.
—Después de un año...
Por fin.
Levantó un arma.
Apuntó directamente al oficial.
Pero antes de que pudiera disparar...
Se escuchó el rugido de un motor.
Una motocicleta apareció a toda velocidad desde el camino lateral.
El conductor llevaba casco.
Sin detenerse, embistió al hombre de la cicatriz.
El arma salió despedida.
La caja cayó al suelo.
El desconocido derrapó sobre el barro, se levantó de inmediato y gritó:
—¡Corran! ¡Ellos vienen por la caja!
Su voz resultaba extrañamente familiar.
Aprovechando la confusión, el motociclista tomó la caja metálica y aceleró nuevamente.
Dos camionetas comenzaron a perseguirlo.
El hombre de la cicatriz, furioso, gritó:
—¡No lo dejen escapar!
La persecución desapareció en la oscuridad de la ruta.
Julieta, que había observado todo desde lejos, sintió un escalofrío.
Conocía esa voz.
No recordaba de dónde.
Pero estaba segura de haberla escuchado antes.
—Papá...
Creo que ese hombre...
Nos acaba de salvar.
A varios kilómetros de allí, la motocicleta se detuvo dentro de un viejo galpón.
El conductor se quitó lentamente el casco.
Tenía el rostro cansado, varios golpes y una barba descuidada.
Miró la caja metálica entre sus manos y sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Llegué antes que ustedes...
Susurró.
Era Nicolás.
Había conseguido escapar de sus captores.
Y acababa de recuperar el secreto que había protegido durante más de un año.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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