Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 41: La emboscada

Los faros iluminaron las ventanas de la vieja capilla.
Uno.
Dos.
Tres vehículos.
Después un cuarto.
Nicolás se apartó de la ventana de inmediato.
—Nos rodearon.
El oficial tomó su arma.
—¿Cuántos son?
—Al menos diez.
Y el hombre de la cicatriz está con ellos.
Tomás sintió un escalofrío.
No era un ataque improvisado.
Habían ido preparados.
—Tenemos que salir por atrás —dijo el oficial.
Nicolás negó con la cabeza.
—No hay salida.
Ellos conocen este lugar.
Yo también estuve escondido acá cuando escapé.
Julieta observó a los tres.
Por primera vez desde el accidente, no sintió miedo.
Sintió rabia.
—Estoy cansada de correr.
Tomás la miró.
—Y yo estoy cansado de que te quieran hacer daño.
Un fuerte golpe hizo temblar la puerta principal.
—¡Entréguennos la tarjeta de memoria! —gritó una voz desde afuera.
Silencio.
Otro golpe.
Esta vez más fuerte.
La vieja madera comenzó a resquebrajarse.
Nicolás respiró hondo.
—Van a entrar.
El oficial tomó una decisión.
Sacó la tarjeta de memoria de la notebook.
Miró a Julieta.
—Escuchame bien.
Si algo nos pasa...
Tenés que salir con esto.
Ella abrió grandes los ojos.
—¿Yo?
—Ellos te estuvieron buscando durante un año.
Porque sabían que nunca abandonabas lo importante.
Confío en vos.
Julieta sintió un nudo en la garganta.
Guardó la tarjeta dentro del bolsillo oculto de su campera.
La puerta cedió.
Cinco hombres irrumpieron en la capilla.
El hombre de la cicatriz entró caminando lentamente.
Aplaudía.
—Qué escena tan emotiva.
Los cuatro juntos otra vez.
Tomás dio un paso al frente.
—Dejalos ir.
El hombre sonrió.
—Vos seguís creyendo que esto se trata de heroísmo.
No.
Esto siempre fue un negocio.
Levantó lentamente una pistola.
Apuntó al oficial.
—La tarjeta.
Ahora.
En ese instante...
Se escuchó el ruido de un vidrio rompiéndose.
Una bomba de humo cayó en medio de la capilla.
Todo quedó cubierto por una nube gris.
—¡Corran! —gritó una voz desconocida.
Nicolás reconoció inmediatamente quién era.
—¡Es ahora!
Tomó a Julieta de la mano.
Tomás hizo lo mismo.
Los cuatro escaparon por un pequeño pasillo lateral oculto detrás del altar.
Las balas comenzaron a impactar contra las paredes.
El humo impedía ver absolutamente nada.
Corrieron varios metros hasta salir al antiguo cementerio que estaba detrás de la capilla.
La lluvia seguía cayendo.
Julieta apenas podía respirar.
—¿Quién lanzó el humo?
Nicolás negó con la cabeza.
—No lo sé...
Pero nos salvó la vida.
Del otro lado, el hombre de la cicatriz salió furioso de la capilla.
—¡Búsquenlos!
Uno de sus hombres se acercó corriendo.
—Jefe...
No encontramos la tarjeta.
El hombre golpeó el capó de una camioneta.
—¡La tiene la chica!
Entonces levantó la vista hacia el bosque.
Y sonrió.
—Perfecto...
Porque ahora ella nos llevará directamente hasta la última pieza del rompecabezas.
Mientras escapaban entre los árboles, Julieta volvió a sentir un intenso dolor de cabeza.
Las imágenes comenzaron a aparecer una tras otra.
El campamento.
El puente.
Nicolás.
Tomás...
No.
Tomás no estaba allí.
Había otro chico.
Alto.
Cabello rubio.
Llevaba una cámara profesional colgada del cuello.
Él era quien había grabado gran parte de las pruebas.
Julieta se detuvo en seco.
—No...
Nicolás giró sorprendido.
—¿Qué pasa?
Ella respiraba agitadamente.
—Hay otra persona...
No éramos solo nosotros dos.
El muchacho de la cámara...
Él también escapó aquella noche.
Nicolás sintió que el rostro perdía el color.
—Martín...
Julieta lo miró fijamente.
—Sí...
Martín.
Y si Martín seguía vivo...
Existía otra copia de todas las pruebas.
Una copia que nadie había estado buscando.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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