Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 44: El policía infiltrado

El bosque quedó en silencio.
Solo se escuchaba el viento moviendo las ramas y el golpeteo de la lluvia sobre las hojas.
El hombre de la cicatriz mantenía su arma apuntando al oficial Molina.
Sonreía con una tranquilidad escalofriante.
—Ricardo... hace mucho que no trabajamos juntos.
Julieta sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Miró al oficial.
—¿Qué... qué está diciendo?
Molina no respondió de inmediato.
Su rostro estaba completamente pálido.
Finalmente levantó lentamente las manos.
—Hace veinte años que no trabajo con ustedes.
El hombre de la cicatriz soltó una carcajada.
—Pero trabajaste.
Tomás dio un paso delante de Julieta.
Instintivamente la protegió con su cuerpo.
Nicolás hizo lo mismo desde el otro lado.
El hombre de la cicatriz observó la escena con diversión.
—Qué tierno...
Los dos dispuestos a morir por ella.
Julieta sintió un profundo cariño por ambos.
Uno había sido su mejor amigo.
El otro era el chico que, aun sabiendo que ella lo olvidaría al despertar, elegía amarla todos los días.
Molina dio un paso al frente.
—Ellos no tienen nada que ver.
Déjalos ir.
—No estás en condiciones de negociar, Ricardo.
El hombre sonrió.
—Todavía me acuerdo cuando aceptaste dinero para mirar hacia otro lado.
Julieta abrió grandes los ojos.
—¿Eso es cierto?
Molina cerró los ojos unos segundos.
Después habló con la voz quebrada.
—Sí.
Hace muchos años cometí un error.
Cuando era un policía recién recibido acepté un soborno.
Pensé que era algo pequeño.
Nunca imaginé que estaba ayudando a crear esta organización.
Bajó la cabeza.
—Desde entonces dediqué toda mi carrera a intentar destruirlos.
Por eso acepté investigar tu accidente.
Porque reconocí al hombre de la cicatriz apenas vi la primera fotografía.
Tomás observó al oficial.
Por primera vez entendía por qué aquel hombre parecía tomarse el caso como algo personal.
No buscaba un ascenso.
Buscaba redimirse.
El hombre de la cicatriz aplaudió lentamente.
—Qué discurso tan emocionante.
Lástima que llega demasiado tarde.
Le apuntó directamente al pecho.
—Hoy termina tu segunda oportunidad.
Antes de que pudiera disparar...
¡PUM!
Un estruendo retumbó en el bosque.
Pero el disparo no había salido del arma del criminal.
Uno de los neumáticos de las camionetas explotó.
Después otro.
Y otro más.
Los delincuentes comenzaron a mirar a su alrededor.
—¿Qué demonios...?
Una voz resonó desde los árboles.
—¡Policía Federal! ¡Bajen las armas!
Decenas de linternas iluminaron el bosque.
Vehículos rodearon el campamento desde todos los accesos.
El hombre de la cicatriz apretó los dientes.
—¡Es una trampa!
Molina sonrió por primera vez.
—No.
Era un plan de respaldo.
Tomás lo miró sorprendido.
—¿Usted pidió refuerzos?
—Hace dos horas.
Nunca confié en que este encuentro terminara en paz.
Se desató un intenso tiroteo.
Los delincuentes comenzaron a escapar entre los árboles.
Algunos fueron reducidos por los agentes.
Otros consiguieron huir.
En medio del caos, el hombre de la cicatriz tomó a Julieta del brazo.
—¡Venís conmigo!
Ella intentó soltarse.
Tomás corrió hacia ellos.
Nicolás también.
El delincuente levantó el arma.
Pero Julieta recordó algo que había aprendido durante años jugando al hockey.
Con un rápido movimiento giró sobre sí misma y golpeó con el codo la muñeca del atacante.
El arma cayó al suelo.
Tomás llegó primero.
Le dio un fuerte empujón que hizo caer al hombre de la cicatriz por una pendiente embarrada.
El delincuente rodó varios metros.
Cuando la policía llegó hasta el lugar...
Ya había desaparecido entre la vegetación.
El enfrentamiento terminó varios minutos después.
Cinco integrantes de la organización fueron detenidos.
Se recuperaron armas.
Documentos.
Y computadoras.
Pero el líder había escapado.
Molina observó el bosque con frustración.
—Lo vamos a encontrar.
Nicolás negó lentamente.
—No.
Él no huye sin un plan.
Seguramente ya está pensando en el próximo movimiento.
Mientras los policías aseguraban la zona, Julieta abrió la carta que había encontrado dentro del tubo de PVC.
Hasta ese momento nadie había leído la última página.
Era una posdata escrita por Martín.
Su letra era temblorosa, como si hubiera escrito con miedo.
"Si un día llegan hasta acá, significa que todavía sigo desaparecido."
"No me busquen donde desaparecí..."
"Búsquenme donde empezó todo."
Debajo de la frase había una única palabra encerrada en un círculo.
ROSARIO.
Julieta levantó lentamente la vista.
—Martín está vivo...
Nicolás sintió un vuelco en el corazón.
Pero lo que más inquietó al oficial Molina fue otra cosa.
Si Martín había logrado dejar ese mensaje...
Entonces llevaba más de un año escondiéndose.
Y era muy probable que siguiera teniendo la prueba más importante de todas.
La carrera por encontrarlo acababa de comenzar.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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