Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 46: La ciudad de los recuerdos

El viaje a Rosario comenzó antes del amanecer.
Por razones de seguridad, la Policía Federal organizó un operativo discreto.
Dos vehículos sin identificación escoltaban el auto donde viajaban Julieta, Tomás, Nicolás y el oficial Molina.
Nadie hablaba demasiado.
Cada uno estaba perdido en sus propios pensamientos.
Julieta observaba el paisaje por la ventanilla.
Sabía que, en algún lugar de aquella ciudad, la esperaba una parte de su pasado.
Pero también sabía que, al día siguiente, volvería a olvidarlo todo.
Tomás notó su expresión.
—¿En qué pensás?
Ella sonrió con tristeza.
—En que cada recuerdo que recupero dura menos de veinticuatro horas para mí.
Tomás buscó su mano y la entrelazó con la suya.
—Entonces hoy vamos a crear recuerdos tan fuertes... que ni tu amnesia pueda borrarlos del corazón.
Julieta sintió un calor recorrerle el pecho.
No respondió.
Solo apoyó la cabeza sobre su hombro.
Al mediodía llegaron a Rosario.
La ciudad estaba llena de gente.
El río brillaba bajo el sol.
Y, apenas cruzaron hacia la costanera, Julieta sintió un intenso dolor de cabeza.
Las imágenes comenzaron a regresar.
Ella corriendo por ese mismo lugar.
Martín filmando.
Nicolás riéndose.
Tomás comprándole un helado.
—¡Pará! —dijo de repente.
El conductor frenó.
—¿Qué pasó? —preguntó Molina.
Julieta señaló un antiguo edificio de ladrillos rojos frente al río.
Tenía ventanas enormes y un viejo cartel oxidado.
—Ahí...
Estuvimos ahí.
Nicolás abrió los ojos con sorpresa.
—Es verdad...
Era antiguo.
Entraron durante el torneo porque Martín quería sacar fotografías.
El oficial llamó inmediatamente a los agentes.
—Revisen el edificio.
Pero cuando entraron...
No encontraron a nadie.
Solo polvo.
Muebles viejos.
Y una pared cubierta de fotografías arrancadas.
Parecía que alguien había abandonado el lugar hacía pocas horas.
Tomás caminó hasta una habitación del fondo.
Había una mesa.
Encima descansaba una vieja cámara de video.
—¡Nicolás!
Todos corrieron.
Nicolás tomó la cámara con cuidado.
Sonrió apenas.
—Es la de Martín...
Jamás se separaba de ella.
Julieta sintió que otro recuerdo volvía.
—Esperá...
Él siempre escondía una llave de repuesto...
Abrió el compartimiento de la batería.
Allí apareció una diminuta llave plateada.
Tomás la observó.
—¿De qué será?
Antes de que alguien pudiera responder...
Se escuchó un aplauso.
Lento.
Irónico.
Todos giraron.
Un hombre elegante, vestido con un traje gris, estaba apoyado contra el marco de la puerta.
Era el mismo hombre que había aparecido en el video de la tarjeta de memoria.
Sonreía con absoluta tranquilidad.
—Felicitaciones...
Llegaron más lejos de lo que esperaba.
Molina levantó inmediatamente su arma.
—¡No se mueva!
El desconocido ni siquiera pareció asustarse.
—No vine a pelear.
Vine a hablar.
Julieta sintió un escalofrío.
Había algo familiar en su voz.
El hombre la miró directamente.
—¿No me reconocés?
Ella negó lentamente.
Él sonrió con tristeza.
—Es normal.
Tu enfermedad hizo muy bien su trabajo.
Luego pronunció una frase que dejó a todos sin aliento.
—Julieta...
Yo conocí a tu madre mucho antes de que vos nacieras.
El silencio fue absoluto.
Ni Tomás.
Ni Nicolás.
Ni siquiera el oficial Molina...
Podían imaginar lo que aquella confesión significaba.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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