Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 47: Los pecados del pasado

El silencio dentro del viejo depósito era absoluto.
Julieta no podía apartar la vista de aquel hombre.
Sentía que lo conocía.
No de un recuerdo reciente.
Sino de mucho antes.
Muchísimo antes.
—¿Qué... qué acaba de decir? —preguntó con la voz quebrada.
El hombre dio un paso al frente.
—Conocí a tu madre cuando ambos éramos muy jóvenes.
Tomás se colocó delante de Julieta.
—No des un paso más.
El desconocido sonrió.
—Quedate tranquilo. Si hubiera querido hacerles daño, no habría venido solo.
El oficial Molina mantuvo el arma firme.
—Empiece a hablar.
El hombre levantó lentamente las manos.
—Mi nombre es Esteban Arrieta.
Hace más de veinte años trabajé con la organización.
No por elección...
Por miedo.
Julieta sintió un escalofrío.
Ese nombre...
Le resultaba extrañamente familiar.
—Tu madre, Laura, era periodista.
Investigaba una red de contrabando que utilizaba los puertos de Rosario para mover mercadería ilegal.
Molina abrió los ojos con sorpresa.
—¿Laura Ferreyra?
Esteban asintió.
—Sí.
Ella descubrió demasiado.
Y cuando intentaron silenciarla...
Yo la ayudé a escapar.
Julieta sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
—Mi mamá nunca fue periodista...
Esteban bajó la mirada.
—Eso es lo que te hicieron creer.
Después de todo lo que pasó...
Cambió de identidad.
Abandonó su profesión.
Y decidió empezar una nueva vida.
El oficial permaneció en silencio.
Sabía que, si aquello era cierto, muchas piezas del rompecabezas comenzaban a encajar.
Tomás miró a Julieta.
Ella estaba completamente paralizada.
—No...
Eso no puede ser.
Mi mamá jamás me habló de esto.
—Porque quería protegerte.
Respondió Esteban.
—Pensó que, si nadie sabía quién había sido...
La organización nunca volvería a encontrarla.
Durante muchos años funcionó.
Hasta que ustedes, sin saberlo, comenzaron a investigar el mismo grupo.
Nicolás recordó algo de golpe.
—Por eso eligieron el campamento...
No era por nosotros.
Era por Julieta.
Esteban asintió lentamente.
—Cuando descubrieron el apellido Ferreyra...
Entendieron quién era realmente.
Y decidieron terminar el trabajo que habían dejado inconcluso veinte años atrás.
Julieta sintió que las piernas dejaban de responderle.
Toda su vida había sido una mentira construida para protegerla.
En ese instante sonó el teléfono de Molina.
Contestó rápidamente.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Qué pasó?
Del otro lado, una agente respondió con desesperación.
—¡Señor!
Acaban de entrar a la casa de los padres de Julieta.
Ella sintió que el corazón se detenía.
—¿Mi mamá?
—La casa está completamente revuelta...
Y sus padres no aparecen.
El mundo pareció derrumbarse.
—No...
Susurró.
—No...
Tomás la sostuvo antes de que cayera.
Nicolás apretó los puños con fuerza.
El hombre de la cicatriz acababa de dar el golpe más cruel.
Mientras tanto, en una vieja fábrica abandonada a las afueras de Rosario, el hombre de la cicatriz caminaba lentamente hasta una habitación.
Abrió una pesada puerta metálica.
Dentro, dos personas permanecían atadas a unas sillas.
Eran los padres de Julieta.
La madre levantó lentamente la cabeza.
Tenía una pequeña herida en la frente, pero mantenía la mirada firme.
El delincuente sonrió.
—Después de tantos años...
Volvemos a vernos, Laura.
Ella respondió con una serenidad que sorprendió incluso a su esposo.
—Sabía que este día iba a llegar.
El hombre de la cicatriz dejó escapar una risa.
—Entonces también sabés...
Que esta vez no podrás esconder la verdad de tu hija.
Y mientras cerraba la puerta, añadió una última frase que cambiaría el rumbo de la historia.
—Porque Julieta todavía no sabe...
quién provocó realmente el accidente que destruyó su memoria.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
Si te gustó esta historia, agregala a tu biblioteca y seguime como autor. Eso me ayuda muchísimo a seguir creciendo.
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