Mañana volveré a olvidarte

Epílogo: El día que no hizo falta recordar

Dos años después.

El sol de la primavera iluminaba el patio de la universidad mientras los estudiantes caminaban de un edificio a otro entre risas y apuntes.
Julieta cerró un libro y sonrió.
Sobre la tapa había un pequeño papel escrito con su propia letra.
"Si hoy te sentís perdida, respirá. Lo vas a lograr."
Todavía escribía notas.
Todavía grababa videos.
Todavía necesitaba un cuaderno sobre la mesa de luz.
Pero ya no olvidaba cada día.
Gracias al tratamiento y a años de rehabilitación, su memoria había comenzado a conservar los recuerdos nuevos.
No era perfecta.
Había días difíciles.
Fechas borrosas.
Momentos que se escapaban.
Sin embargo, por primera vez desde el accidente, podía imaginar un futuro.
No solo un presente.
A unos metros de allí, Tomás la observaba apoyado contra un árbol.
Llevaba un ramo de fresias blancas, las flores favoritas de Julieta.
—¿Hace mucho esperás? —preguntó ella al acercarse.
—Cinco minutos.
—¿Y no te aburriste?
Él sonrió.
—Esperarte nunca me aburre.
Julieta soltó una risa.
Una risa que, esta vez, sabía que también recordaría al día siguiente.
Caminaron hasta la costanera.
El río estaba tranquilo.
Muy parecido al de aquella primera visita a Rosario.
Pero esta vez no había miedo.
Solo paz.
Tomás sacó del bolsillo una pequeña cajita.
Julieta arqueó una ceja.
—¿Qué escondés ahí?
—Algo que hace dos años quería darte.
Abrió la caja.
Dentro había un anillo sencillo de plata.
No era un anillo de compromiso.
En el interior llevaba grabadas cuatro iniciales.
J - T - N - M
—¿Las reconocés? —preguntó él.
Julieta sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
—Claro que sí.
Nosotros cuatro.
Martín apareció justo detrás de ellos con una cámara en la mano.
—¡No se muevan!
Click.
La fotografía quedó inmortalizada.
Nicolás llegó unos segundos después.
—¿Otra vez sacando fotos sin avisar?
—Las mejores siempre salen así —respondió Martín riendo.
Los cuatro amigos volvieron a abrazarse.
Como aquel día en el campamento.
Solo que esta vez...
Nadie tenía miedo de olvidar.
Esa noche, antes de dormir, Julieta abrió el cuaderno que la había acompañado durante tanto tiempo.
Lo observó en silencio.
Había cientos de páginas.
Lágrimas.
Dibujos.
Mensajes para la Julieta del futuro.
Lo cerró con una sonrisa.
Y escribió una última frase.
"Durante mucho tiempo pensé que mi vida se medía por todo lo que había perdido."
"Hoy entendí que una vida también puede construirse con todo lo que elegimos volver a encontrar."
Apagó la luz.
No grabó ningún video.
No dejó instrucciones para la mañana siguiente.
Simplemente cerró los ojos.
A la mañana siguiente despertó con el sol entrando por la ventana.
Miró alrededor.
Después sonrió.
Recordaba perfectamente quién era.
Recordaba a sus padres.
A Nicolás.
A Martín.
Y, cuando Tomás apareció en la puerta con dos tazas de café, no necesitó leer ninguna nota para reconocer al amor de su vida.
Corrió hacia él y lo abrazó.
—Buen día.
Tomás la besó en la frente.
—Buen día.
—¿Sabés qué es lo más lindo?
—¿Qué cosa?
Julieta apoyó la cabeza sobre su pecho y respondió con una sonrisa que ya no tenía miedo de desaparecer.
—Que hoy... no tuve que volver a olvidarte.

FIN ❤️

Nota del Autor: Holiwilis! Espero que estén muy bien, más que nada dejo estas palabras para agradecer a aquellos que llegaron hasta el final, muchas gracias por leer mis libros, ustedes son los que motivan a escribir, son geniales.
También los invito a leer mis otros libros completos, donde no tienen que esperar actualizaciones y que toquen el botón de seguir al autor tanto en la plataforma como en sus redes sociales, no cuesta nada y ayuda a crecer y contruir comunidad.
Un abrazo de gol para todos, nos vemos en otro libro ❤️​




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