Manicomio Familiar

11. ¿Quién es este chico, y por qué aparece en mis sueños?

—Gia, mamá, MaLi se está durmiendo.

—Sí, cariñito, tiene sueño. Déjala descansar, lo necesita. De todos modos, aún no llegamos, y dudo que lo hagamos dentro de la próxima media hora.

—A este paso que vamos, una tortuga se mueve más rápido —Erne se ríe, y puedo oír su risa apagada incluso mientras estoy cayendo lentamente en un sueño pesado, junto con las voces de LuLu, mamá y Gia.

Y en efecto, me estoy quedando dormida. Profundamente dormida.

Tan es así, que llega un punto en donde ya no escucho más las voces de mis hermanos ni tampoco la de mi mamá. Solo oigo silencio, aunque aquella calma no dura mucho.

Empiezo a soñar, como era de esperar, porque mis sueños son así, recrea y juega con los acontecimientos más recientes.

Al parecer, mi cerebro decidió jugar con la versión malgeniada de Caro. La convirtió en una versión gigante de sí misma, y yo y mis hermanitos somos hormigas al lado suyo, incluso Gia, aunque en la realidad ella sea muchísimo más alta que todos nosotros, aquí no lo es.

Cierro los ojos por completo, y disfruto de mis sueños, fascinada de ver cómo se despliegan ante mí. Siempre me ha dado muchísima curiosidad el saber cómo funciona el cerebro cuando dormimos, por qué surgen las pesadillas, por qué soñamos con personas, u otras veces con recuerdos, y así sucesivamente.

El mundo onírico, como yo le llamo, es muy interesante, y la neurociencia ha hecho grandes avances en ese campo.

—Lice, te quiero tanto, mi nena…

¿Qué? ¿Lice? ¿Quién es Lice?

Sobresaltada ante la voz desconocida en mis oídos, abro los ojos, y lo primero con lo que me topo no son mis recuerdos reproduciéndose de forma alterada, como lo hacían hace un momento, sino con el rostro de un chico que no conozco, pero que, no obstante, su presencia se siente tan extrañamente… reconfortante y familiar…

Es dueño de una mirada verdosa, brillante, enigmática, y al mismo tiempo, posee una tristeza leve, como si tuviese una melancolía oculta detrás.

Me lo quedo viendo, y él también a mí. Parece acariciarme con la mirada, porque siento como si una corriente tibia recorriese todo mi cuerpo, invadiendo mi ser, y llenándome de un calor hasta ahora desconocido para mí.

Mientras lo escaneo con mi mirada, observo que es bajito, probablemente más incluso que yo, y que tiene un cabello desordenado, liso, sedoso, de color castaño oscuro, casi tirando a negro, y una sonrisa tierna dirigida hacia mí. Sus manos están con Las Palmas hacia arriba, y puedo ver sus dedos largos, bien definidos.

Son manos de pianista, imposible no reconocerlas; en especial, porque yo también toco el piano, y mi madre y Gia igual.

En mi madre es en quien veo los típicos dedos de pianista, aunque en Gia se notan más, evidentemente por ser ella más alta incluso que mamá.

—¿Quién eres? —susurro la pregunta a este misterioso chico delante de mí, aunque siento que ya lo conozco, por alguna razón.

—Soy quien te quiere con el alma, hermosa —se acerca más a mí, y, sin siquiera pedir permiso y con una familiaridad sorprendente, él toma mi mano, mirándome con una ternura tan real que hasta hipnotiza.

De repente, la escena cambia.

Él me está abrazando, y me acaricia el pelo, con sus manos de pianista ejerciendo caricias tan dulces que incluso me hacen suspirar.

—Eres tan especial para mí, preciosa mía… mi reina —me besa la frente, y yo, sin entender por qué, y, al mismo tiempo, arrobada por esa ternura encantadora, apoyo mi frente contra la suya, permitiendo que otro suspiro involuntario se me escape, y sonriendo como una mini yo en navidad.

—je t’aime, mon Ange —le digo, y ello me sorprende a mí misma.

¿Por qué le estoy diciendo palabras tan cariñosas en mi idioma materno a este jovenzuelo?

No es familia mía, y ni siquiera con mis hermanos uso el Mon Ange… bueno, probablemente con Tere y Blayke, pero hasta ahí.

Él se estremece al oír mis palabras, y acaricia mi rostro, con los ojos brillantes. Me abraza más fuerte, y sonríe, tan, tan dulcemente…

—Yo a ti, mi Lice —me dice al oído, y podría jurar que su cálido aliento me hace cosquillas cuando roza mi rostro—. Eres tan linda…

¿Por qué me llama Lice? Yo soy Alice, no Lice…

Debe ser algún apodo cariñoso, probablemente. ¿Pero cuál es su nombre?

La escena vuelve a cambiar justo delante de mí, y lo siguiente que veo es a mí misma, comiendo helado con aquel chico desconocido.

Él me mira, sonríe, me abraza, me besa la frente… y yo, tanto mi yo del sueño como mi yo de espectadora, no podemos evitar sentirnos tan, tan bien…

—Te quiero —le digo, estando en medio de su abrazo, y él suspira contento, con una sonrisa infantil dibujándose en sus labios manchados con helado de chocolate

—Yo a ti, mi cielo —sus ojos verdes se posan sobre mí, con una ternura infinita, y me vuelve a besar la frente—. Mi ángel, mi heroína… Mi preciosa.

Justo en ese instante, y muy lentamente, comienza a desvanecerse delante de mí, señal de que empiezo a volver al presente, al mundo de la vigilia, y mientras su silueta se hace cada vez más borrosa, alcanza a decirme, con una sonrisa de niño.

—Por siempre y siempre juntos…

—No importa qué —completo yo, extrañada de mí misma, porque nunca en mi vida me había sentido tan bien con un chico, aparte de Ernesto y mis amigos…

Intento preguntarle cuál es su nombre antes de que se desvanezca completamente, pero no soy lo suficientemente rápida y para cuando formulo la pregunta, ya se ha desvanecido en el aire.

¿En serio, quién es este chico, y por qué aparece en mis sueños?

___

Si supieras, querida Alice...

¿Les gustó?

Yo espero que sí, a mí me gustó muchísimo escribirlo.

Un abrazo grande...

Mafe Magri.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.