OK, eso fue raro. ¿Qué significaban todos esos sueños? ¿Cómo es posible que me sintiese tan bien en compañía de alguien a quien ni conozco?
Mis pensamientos son un torbellino de preguntas, y aún teniendo los ojos cerrados y medio despierta ya, pero no del todo —todavía estoy más allá que acá—, hay una parte de mí que le gustaría seguir durmiendo.
Estoy tan cómoda aquí, y la idea de volver a soñar es tentadora…. Además, tal vez descubra quién era ese chico que me trataba tan bien…
Cediendo al impulso de volver a dormir, me dispongo a sumergirme en un sueño ligero…
Al menos, hasta que siento que alguien me toca el hombro, y me mueve con suavidad, haciendo que voltee el rostro hacia el otro lado, pero enseguida me arrepiento de hacerlo.
He dormido con la cabeza a medio lado, con el rostro apoyado contra el respaldo de la silla.
—Ali —escucho una voz suave, femenina—. Despierta, ya llegamos.
—diez minutos más… —murmuro, todavía medio dormida.
¿Cuánto tiempo ha pasado? A mí me parece haber dormido solo unos minutos…
—Llevas dormida más de hora y media, ya son casi las nueve —habla la misma voz femenina de antes, como si hubiera leído mis pensamientos.
—Mamá, solo diez o cinco minutos…
Unas risitas terminan de sacarme del sueño por completo.
Abro los ojos, un poco desubicada al principio, pero rápidamente recuerdo que estoy en el auto, camino al colegio.
Auto que, por cierto, se ha detenido. Observo a mi alrededor, mientras la niebla del sueño se disipa lentamente.
El auto ya está apagado, y estacionado. Mamá no está, y mis hermanos pequeños tampoco. Caro tampoco está, solo Erne y Gia, quienes me miran divertidos, aunque también con ternura en sus ojos.
—Te daríamos diez minutos más, hermanita, pero ya llegó la profe y nos está esperando. Como aún no veíamos su carro, mamá dijo que no te despertáramos, pero acaba de llegar —responde Erne con una sonrisa suave.
—Y yo también tengo que ir a clase —Añade Gia, sonriendo—. Por cierto, Parecías estar soñando algo bonito, Tere incluso dijo que suspirabas… ¿algún chico tiene soñadora a mi hermana pequeña?
—¡Gia! —Exclamo, completamente sonrojada—. Nada de eso, yo no me voy a enamorar… lo que me importa ahora es estudiar.
Repítete eso para ti misma, Alice… ¿Y qué me dices del chico con el cual acabas de soñar? ¿No te enamorarías de él?
Sacudo la cabeza para deshacerme de esos pensamientos. No me voy a enamorar, está más que decidido, y menos de un chico al cual ni siquiera conozco y ni sé si existe.
Gia, al oírme, solo se ríe, y se agacha a mi altura para darme un beso en la frente.
—Lo que tú digas, Ali. Bueno chiquitina, te dejo con Erne. Voy a mi clase —dice, y se va corriendo, no sin antes despedirse de mí y Erne con un abrazo rápido, y añadir, mientras le arroja las llaves del auto a mi hermano con una puntería envidiable, tanto así que estas aterrizan sobre su cabeza—: ¡y ponle seguro a las puertas antes de entrar a clases, luego llévaselas a mamá!.
—¡Como digas, jefa! ¡Y gracias por el golpe, tengo una neurona menos! —Le grita entre risas, tomando las llaves de encima de su cabeza antes de que estas terminasen cayendo al suelo por un movimiento suyo.
—¡No seas exagerado, no dolió! Además, con lo genio que eres, ¡esa neurona ni falta te hace! —Responde ella a lo lejos.
Erne pone los ojos en blanco, pero suelta una carcajada.
Gia, también muerta de risa, aprovecha para irse; intenta perderse entre la multitud de estudiantes que, como nosotros, por el tráfico pesado que ha habido hoy, llegaron tarde, pero no le sirve de mucho.
Midiendo 1.96, tratar de camuflarte con estudiantes más bajos que tú es imposible, Gia… ¡si al lado tuyo yo parezco una hormiga!
—Nunca cambia —se burla Erne, sacándome de mi breve pensamiento, y, como le enseñaron nuestro padre y nuestro papi abuelito, me abre la puerta, ayudándome a salir.
Me tambaleo un poco, todavía somnolienta, aunque algo más despierta de lo que lo estaba hace un rato.
—Ni lo hará —me río, acomodándome la mochila y cerrando la puerta del auto, mientras él le coloca seguro al mismo—. Al menos, yo espero que nunca lo haga, porque así la queremos.
—Totalmente —él asiente, con una sonrisa leve en los labios mientras observa el camino por donde se ha ido nuestra hermana, el cual se va vaciando poco a poco de gente.
Una vez que tengo mis dos pies en el suelo, me estiro, con los brazos hacia arriba, y muevo el cuello levemente, sintiendo una punzada de dolor.
—¿Estás bien? —Inquiere Erne, preocupándose al ver mi expresión adolorida.
—Sí, pero creo que por dormir con el cuello doblado tengo Tortícolis —Respondo con una leve mueca.
—Ya sabía yo que acabarías con dolor de cuello. Intenté acomodarte la cabeza, incluso Caro lo intentó, sí, se le ha ido pasando el mal genio, pero nada, tu cuello parecía tener vida propia.
—¿Por qué no me acuerdo de eso? Ni siquiera sentí cuando me movían.
—Cómo te vas a acordar, ¡si estabas profundísima! Hasta roncabas, y te reías en sueños.
—¡Yo no ronco! —Exclamo con indignación simulada, mientras caminamos juntos hacia la puerta del colegio.
—Que sí, te oímos.
—Que no —contesto, roja como un tomate por la vergüenza.
—Que sí —se burla él, y al atravesar la entrada del colegio, parece acordarse de algo y me detiene bruscamente por el hombro—. ¡Ali! Necesito un favor tuyo. ¿Puedes ir por mí a la biblioteca a devolver este libro de informática? Casi olvido que lo tenía que devolver hoy —Dice, sacando apresuradamente de su mochila un grueso y pesado ejemplar, que parece un manual de algún sistema operativo.
Yo lo miro, todavía con las mejillas sonrojadas, y le levanto una ceja.
—¿Y por qué no vas tú?
—Porque alguien tiene que ir llegando a la clase antes de que llegue la profe por si acaso, y como tú vas a la biblioteca a entregar el libro que pediste prestado para la clase de literatura…
#1226 en Joven Adulto
#3382 en Otros
#763 en Humor
vida familiar, identidad y drama adolescente, comedia cotidiana
Editado: 13.02.2026