Manicomio Familiar

14. Amistad entrañable

Tan concentrada estoy en mis pensamientos, que casi me estrello contra la puerta…

¿En qué momento llegué a la biblioteca? ¿Tan rápido? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Perdí la noción del tiempo…

Y, de no ser por unos brazos fuertes que me abrazan, frenándome de golpe, habría terminado irremediablemente por ser coronada con un bonito chichón en la frente por estrellarme contra aquella puerta de madera.

—Wow, Mi Alicita bella, ¿en qué mundo andas hoy? Creo que tu intención era entrar por ahí, no tumbar la puerta —escucho una voz burlona, y proviene de quien me está abrazando.

Y lo sé con seguridad, porque pese a ir tan concentrada, distingo dos cosas.

Uno: por el rabillo del ojo he alcanzado a ver su alta silueta detrás de mí, con su cabello negro destacando por bandera de lo ridículamente desordenado que luce hoy, y dos: esa voz, sumado a su acento y su colonia, la cual emite una fragancia particular, como a agua marina… todo ello me resulta tan, tan familiar, y reconocería a esa persona donde fuera.

¿Y cómo no, si es el único que te llama Alicita?

—Buenos días también para ti, Santi —me río, correspondiéndole el abrazo—. Y gracias por el rescate, héroe del día.

—Hay, tú tan tierna como siempre —Él me mira, y sonríe, con sus ojos marrón oscuro brillando con cariño—. Buenos días, corazón bello. ¿A dónde ibas, y en qué mundo andabas, que estabas tan distraída?

—Justo voy a entrar a la biblioteca —Señalo la puerta, que tiene el colorido dibujo de un libro abierto en el centro—. Y respecto a tu otra pregunta, andaba en el mundo de mis pensamientos.

—Pues qué pensamientos tan profundos tienes —se burla, y yo entorno los ojos, divertida—. ¡Tan inmersa estabas ahí, que casi te llevas la puerta por delante! —agrega, y suelta una carcajada—. ¿Y qué vas a buscar a la biblioteca?

—Pregunta más bien, qué voy a devolver —le señalo el libro de informática que llevo en mis manos—. Esto, y el libro de literatura que usé para la tarea que nos dejaron.

—La… ¿tarea? ¿Qué tarea? —Inquiere, y palidece de pronto—. ¿De qué estás hablando?

No me digas que no hiciste la tarea, Santiago…

—No me digas que no hiciste la tarea —manifiesto mi mismo pensamiento, pero en voz alta.

—Yo… eh… este… —él tartamudea, incluso se pone rojo, y agacha la cabeza.

Sí, definitivamente no hizo la tarea… como cosa rara.

—¡Santi! —lo regaño, de forma afectuosa—. ¿Tuviste toda una semana, y no hiciste la tarea de literatura? ¿Y la de física? ¿O la de química? ¿Y la de arte? O inglés, ¿y la de francés? ¿Qué hay de la de chino mandarín? O la de…

—Yo… ¿sabes qué, Ali? Acabo de recordar que tengo que ir a… ¡a clases! Sí, llegué tarde por el trancón y todo eso… ¡en fin, allá te veo!

Y se aleja corriendo, soltándome por consiguiente del abrazo de forma repentina —no me había liberado durante toda nuestra breve charla—.

Niego con la cabeza, frunciendo el ceño levemente, aunque sonriendo con cariño.

Santi ha sido mi mejor amigo durante años, desde que tenía cuatro añitos y él cinco para ser exacta, y, aunque es muy caballeroso y atento, para nadie es un secreto que es un poco perezoso… bueno, más bien, bastante.

Y en realidad, siempre ha sido así. Huye de las tareas, excepto quizás las de química, astronomía, matemáticas, ciencias naturales y física, aunque háblale de literatura y ahí sí es otra la historia.

Para ser tan inteligente, porque sí, mi mejor amigo tiene una mente brillante, es bastante flojo en ese sentido, pero con todo y eso, así lo quiero, y no cambio nada de su esencia.

Comparto con él una amistad entrañable, de esas que hoy en día escasean, y me siento afortunada de tenerlo en mi vida.

Además, mis tíos políticos, Shirly y Salvador, los padres de Santi, ya me han hecho parte de la familia, y eso significa que también tengo muchos primos, porque la familia de mi amigo también es muy grande.

Con ellos he compartido paseos, fiestas de cumpleaños entre ambas familias, casados, piscinas, idas a la playa, noches de cine, excursiones, fines de semana de campamento, incluso pijamadas entre Caro, Susan, la hermana de Santi y quien tiene mi misma edad, yo misma —obviamente, y las primas de Santi y sus hermanos, las trillizas hijas de mi madrina, y quien además sí es prima hermana de mi tía Shirly.

¿Tengo una vida de película?

Tal vez, pero no la cambiaría por nada, con todo y que a veces es medio montaña rusa, medio calma, y medio comedia

Pero en fin… amo mi vida, amo a mi familia, amo a mis amigos… y amo las bendiciones que papá Dios me ha dado, y sé que me seguirá dando a lo largo de mi camino por este mundo.

___

Tan linda Alice... algún día esa bella amistad que tiene con Santi se pondrá a prueba, ¿será?

Espero les haya gustado.

Un abrazo grande...

Mafe magri.




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