Vuelvo mi atención a mi objetivo inicial, la puerta de la biblioteca. Ya tendré tiempo de reprender a mi amigo por no hacer las tareas, que realmente eran más de investigación de campo que otra cosa, y sé que… al final, acabaré ayudándolo con las mismas… porque yo soy así, no lo niego.
Con eso en mente, me acerco a la puerta, por la cual vienen entrando otros estudiantes, —probablemente de cursos inferiores—, a devolver libros como yo.
Seguro ellos también llegaron tarde… el tráfico hoy estaba insoportable.
Entro detrás de ellos, aunque, por suerte para mí, no son muchos, y pronto se dispersan dentro de la estancia.
Tal parece que tienen mucha prisa, porque solo saludaron a la joven bibliotecaria con la mano, algo poco habitual, porque todo el mundo siempre la saluda así sea con un hola, Señorita, buenos días.
No cuesta nada, y está en nuestra educación Montessori. Ser respetuosos con todos, y tener excelentes modales, además de una muy buena educación, tanto intelectual como moral.
Suspiro levemente, negando para mí misma, y me acerco al escritorio de la señorita Nahiadne, la bibliotecaria.
—Buenos días, señorita Nahiadne —la saludo con una sonrisa, apoyando mi mochila sobre el escritorio un instante para poder sacar el libro de literatura histórica—. ¿Cómo estás hoy?
La mujer deposita su taza de café —que estaba bebiendo hace un momento—, sobre la mesa, y acomoda sus gafas de lectura de color rosa y de lentes ovalados sobre su nariz, dedicándome una sonrisa cálida mientras aparta un mechón rizado y castaño lejos de su frente.
—Buenos días, querida —estira su mano hasta estrechar la mía—. Yo estoy muy bien, gracias a Dios. Un poco cansada, pero bien. ¿Y tú?
—Oh. ¿Noche difícil? —inquiero, porque recuerdo que antes de semana santa ella había estado un poco engripada—. Yo bien, un poco atrasada por culpa de los trancones. El tráfico de la ciudad está terrible. Tengo que ir a clase, pero antes pasé por aquí a devolverte unos libros que presté antes de las mini vacaciones —contesto, y coloco los dos ejemplares en frente suyo.
—Ah, tan puntual como siempre —asiente, contenta, y me recibe ambos libros, verificándolos en el listado de la computadora—. Sí, el tráfico está horroroso. ¡Menos mal yo vivo aquí cerca! Pero sí vi la fila enorme que se armó, más rápido llegaba uno a pie. Y respecto a mi cansancio… No, cariño, no. —Ella se ríe, y acaricia mi mano, observándome con una mirada amable—. Solamente me desvelé leyendo este ejemplar recomendadísimo —señala el libro que está al lado de su café, con una página levemente doblada; probablemente era la que estaba leyendo antes de que todos entráramos.
Y, al parecer, no fuiste la única que se desveló, Alice.
Ignoro mi voz interior, y, en su lugar, fijo mis ojos en el título:
Viaje al Centro de la Tierra, escrito por Julio Verne.
—Wow, suena interesante. Siempre he oído sobre Julio Verne, mi papi abuelito y mi padre lo mencionan mucho.
—Puedes llevarte una copia si quieres —la joven morena vuelve a sonreírme—. Búscala, está en el material de novela histórica.
—Lo haré. Gracias por la recomendación, siempre aciertas conmigo.
—Ah, no es nada, Mademoiselle Alice —Ella se ríe, con un brillo de ternura brillando en sus ojos chocolate, y me recibe el libro de informática de Erne y el de literatura—. Por cierto, dile a Erne que cuando pueda, se pase por aquí, y le hago otras recomendaciones. Estoy segura de que le encantaría leerse estos libros de informática avanzada que han llegado recientemente.
—Oh, estoy segura de que los amará. Se lo diré en clase, a puesto a que estará feliz de venir aquí durante el recreo.
—Aquí lo espero. Bueno muñeca divina, no te demoro más. Ve a clase —Nahiadne aprieta mi mano suavemente, y me da una última sonrisa antes de levantarse para colocar los libros recién devueltos en sus estanterías respectivas.
Es tan cariñosa, y muy agradable. Tiene solo veintidós años, pero es literalmente una biblioteca viviente. Está recién egresada de bibliotecología, y, sin embargo, parece como si llevase años trabajando aquí, se conoce la biblioteca escolar como la palma de su mano; incluso, diría que mucho, muchísimo más.
Con una sonrisa leve ante estas reflexiones mías, me dirijo a la sección que Nahiadne me ha indicado, y me quedo extasiada, mirando las distintas estanterías repletas de libros, libros y más libros, y claro, algunos más interesantes que otros.
A ver, Ali, empecemos a leer.
Sé que no dispongo de mucho tiempo, y que probablemente, ya debería estar en clase, —pensándolo bien, hubiera venido a buscar el libro a la hora del recreo—, pero ya qué, estoy aquí, y no tardaré mucho, no puede ser tan difícil de encontrar.
Bien, veamos:
La saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer…
Ese ya me lo leí con Caro y Gia, y creo que nunca me cansaré de releerlo. Y ellas tampoco, estoy segura.
Harry Potter, de J. K. Rowling.
no, gracias, no me interesa…
El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien.
Este es uno que siempre digo que lo voy a leer, Gia dice que es buenísimo, pero no me llama la atención…
Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, de Julio Verne…
No, no es ese…
Rayuela, de Julio Cortázar…
¿Dónde está…? ¡Ah! ¡Ahí!
Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne. Edición especial.
Justo cuando estiro la mano para agarrarlo, otra mano aparece de repente en mi campo de visión, tomándolo primero que yo y, de paso, rozando la mía, y, cuando levanto la vista para ver quién ha tomado el libro, lo primero con lo que me topo es una mirada apenada, y unos ojos… verdes.
Un verde profundo, enigmático.Como el de mis sueños…
Hay. Esto. No. Puede. Ser. Tiene que ser una broma… ¡No es posible!
En esos breves segundos en los cuales la mirada del desconocido se cruza con la mía, solo puedo pensar en una cosa:
#1226 en Joven Adulto
#3382 en Otros
#763 en Humor
vida familiar, identidad y drama adolescente, comedia cotidiana
Editado: 13.02.2026