Manipulación:snow

Capítulo 5-Bruja

A los siete años, Anouk ya había decidido su destino.

​En el patio del instituto, mientras los otros niños corrían, ella jugaba con pequeñas rocas en el suelo, buscando aquellas que brillaran bajo el sol. Tenía dos coletas perfectamente peinadas y una sonrisa que, a simple vista, parecía encantadora. Por eso, sus compañeros la habían apodado "La Princesa de las Sonrisas".

​Anouk detestaba ese apodo. Odiaba a las princesas.

​—¿Por qué querría ser una princesa? —se preguntaba siempre—. Son débiles. Siempre esperan a ser salvadas. Yo quiero ser la villana. La que devora la belleza de las princesas.

​Aunque temía el final trágico que siempre sufrían las villanas en los cuentos, prefería el poder a la victimización. Sus ojos, de un café profundo y misterioso, despertaban la envidia de las niñas de ojos claros.

​—El café no es tan lindo como el azul —le susurró una niña con malicia.

​Anouk ni siquiera levantó la vista de sus piedras.

​—Prince... Anouk, ¿me das un beso en la mejilla? —le preguntó un niño de ocho años, interrumpiendo su juego.

​—No. Eso es para las princesas, y yo no soy una.

​El niño, rechazado y avergonzado, estalló en llanto.

​—Los príncipes no buscan a las villanas, buscan a las princesas —sentenció Anouk con una frialdad impropia de su edad—. Pero tú no eres un príncipe, ni siquiera un personaje secundario. Eres un extra.

​—¡Bruja! ¡Eres mala! —gritó el niño antes de correr hacia la profesora.

​La maestra se acercó con el ceño fruncido, una expresión que Anouk conocía de memoria.

​—¿Otra vez molestando a tus compañeros, Anouk?

​—¿Y cuál es el problema si lo hiciera? —respondió la niña, desafiante, antes de dar media vuelta y dirigirse a su aula.

​"Estos niños de hoy en día...", murmuró la maestra a sus espaldas.

​Anouk caminaba con la cabeza alta, pero por dentro, su deseo era oscuro: Quisiera que alguien muriera por mí. No, quisiera que todos desaparecieran. Mamá, papá... no quiero volver a casa. Solo hay vacío allí.

​La adolescencia no trajo consuelo, solo una comprensión más profunda de su soledad.

​Su hogar era una mansión inmensa, un lugar donde el silencio pesaba más que los muebles de lujo. Para llegar a la entrada, debía cruzar un jardín interminable. Al entrar, las risitas de las sirvientas eran el único sonido. Se burlaban de ella, de su caminar, de su sombra.

​A pesar de ser la hija de los dueños, Anouk era un fantasma.

​Su padre solía estar en el sofá, con un vaso de tequila en una mano y una sirvienta sentada en sus piernas. Su madre pasaba por allí, observaba la escena con indiferencia y subía las escaleras sin decir una palabra.

​—¿Por qué sigue con él? —se preguntaba Anouk cada noche, con el estómago vacío—. ¿Es por dinero? ¿Dignidad? ¿O simplemente porque no tiene a dónde ir?

​Nadie sentía lástima por ella. Sus padres la ignoraban como si fuera un error en sus vidas perfectas.

​—Tal vez soy una maldición —escribió un día en la palma de su mano—. "La vida será maravillosa siempre y cuando conozcas la palabra sobreexigir". Mentira. Todo depende de la suerte.

​Y Anouk no tenía suerte.

​El día que todo cambió comenzó como cualquier otro. Se suponía que sería el día del divorcio, el día en que la farsa terminaría legalmente. Anouk llegó del colegio y esperó frente al enorme portón.

​De repente, el portón se abrió, pero no para ella. El coche de su padre salió a toda velocidad, casi atropellándola, y desapareció calle abajo. Anouk entró, confundida.

​El olor a petróleo la golpeó antes de ver nada.

​En la sala principal, las sirvientas que solían reírse de ella estaban atadas en el suelo, amordazadas y llorando. Su madre estaba de pie en el centro, sosteniendo un cerillo encendido.

​—Hice un pequeño gesto de risa y todas me miraron indignadas —recordaría Anouk años después.

​—Todas ustedes morirán —dijo su madre con una voz tranquila, terrorífica—. Si no es hoy, será mañana. Cada gota de la familia de mi esposo morirá de la forma más cruel posible. Incluyéndote a ti.

​Su madre la señaló con el dedo. Anouk se congeló.

​—¿Mamá...?

​Antes de que pudiera reaccionar, su padre irrumpió en la casa. Había regresado. Quizás había olvidado algo, o quizás el destino quería jugar una última carta.

​Su madre dejó caer el cerillo.

​El fuego rugió como una bestia liberada. El petróleo empapaba las alfombras, las cortinas, los muebles. En segundos, el infierno se desató.

​Su padre, el hombre que nunca la había mirado, hizo algo impensable. Corrió a través de las llamas, agarró a Anouk con una fuerza brutal y la lanzó hacia la puerta abierta, hacia el jardín.

​—¡Tú no mereces pagar por los errores de tus padres! —gritó él.

​Fue lo último que escuchó. El techo se derrumbó, silenciando los gritos de las sirvientas, de su madre y de su padre.

​Anouk, golpeada y aturdida en el césped, vio cómo su vida se convertía en cenizas. Ya no tenía familia. Era huérfana. Y estaba completamente sola.

​Tras meses de hospitales e interrogatorios policiales donde mintió para proteger la memoria de un padre que la salvó y una madre que intentó matarla, Anouk huyó.

​Con el dinero de la venta de los terrenos, compró un boleto a Francia. Quería desaparecer, reinventarse. Se alojó en un hotel barato mientras buscaba un nuevo comienzo.

​Pero el pasado tiene garras largas.

​Una noche, en su habitación de hotel, escuchó un ruido.

​—¿Quién está ahí? —preguntó, temblando.

​—No hagas ruido —susurró una voz conocida.

​De las sombras emergió Beys, un chico de su antigua ciudad, alguien a quien ella consideraba su único amigo.

​—¿Beys? ¿Qué haces aquí?

​—Te perseguí porque te amo —dijo él, con una sonrisa torcida que no llegaba a sus ojos—. Me querías dejar solo, pero eso no pasará. Tendrás algo de mí antes de que te deshagas de mí.



#602 en Thriller
#291 en Misterio
#1355 en Fantasía
#242 en Magia

En el texto hay: amor celos, reecarnacion, poder prohibido

Editado: 16.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.