Manipulación:snow

Capítulo final- Alma es alma(Draft)

El aire ya no era aire; era una sustancia espesa, un cóctel tóxico de azufre, recuerdos podridos y la promesa de una violencia inminente. Mis pies descalzos tocaron la madera del porche, esa madera que había sobrevivido a un incendio solo para presenciar otro. Pero esta vez, yo no era la niña de cuatro años que lloraba abrazada a sus rodillas. Esta vez, yo era el incendio.

​El Humo Negro se enroscaba alrededor de mis tobillos, subiendo por mis piernas como una enredadera leal, una mascota oscura que había estado esperando décadas para ser liberada de la habitación de mármol. No me asfixiaba. Al contrario, llenaba mis pulmones de una claridad gélida. Por primera vez en mi vida, no sentía hambre, no sentía frío, no sentía la necesidad de pintar mi cocina de amarillo para fingir humanidad.

​Bajé los escalones. El césped, ese jardín muerto que los vecinos habían rociado con gasolina años atrás, crujía bajo mi peso.

​Alcé la vista. Estaban ahí.

​Tal como en mis recuerdos, tal como en "El Día" , el vecindario se había congregado. Pero ya no eran solo sombras burlonas en mi memoria. Eran carne y hueso. Veía el sudor en sus frentes, el brillo maníaco en sus ojos, las antorchas caseras hechas con palos de escoba y trapos empapados en aceite. Veía a la señora de la trenza larga y gruesa , ahora con canas, sosteniendo una pala. Veía al "Pitufo Negro" , el hombre que había acosado a mi madre hasta su muerte, con su moto aparcada y una mueca de satisfacción en el rostro.

​—¡Ahí está! —gritó alguien. Una voz que reconocí. Era la madre del niño que una vez me defendió.

​—¡La semilla del mal ha germinado! —bramó otra voz.

​No tenían miedo. Aún no. Su odio era más fuerte que su instinto de supervivencia. Para ellos, yo no era una persona; era una plaga, una mancha en su perfecto vecindario de casas color pastel. Odiaban mi casa negra porque les recordaba que la oscuridad existe, y me odiaban a mí porque yo seguía viva a pesar de sus intentos de borrarme.

​Caminé hacia la reja. El humo negro se expandió a mi espalda, formando dos alas gigantescas, membranosas y oscuras que borraban las estrellas. El viento aulló, pero esta vez, el viento obedecía a mi ira.

​—¿Vinieron a terminar lo que empezaron? —pregunté. Mi voz no sonó como la mía. Sonaba como la de Anouk, ronca y cargada de una autoridad ancestral. Sonaba como la de todas las mujeres que habían sido quemadas en este suelo.

​—¡Vas a morir, bruja! —lanzaron una piedra. Me golpeó en el hombro, pero no sentí dolor. Solo sentí... confirmación.

​La Esfera vibró en mi bolsillo, caliente como un corazón recién arrancado.

"Hazlo, pequeña Iris. Ellos te crearon. Ahora muéstrales su obra maestra."

​Estaba a punto de alzar la mano, a punto de desatar el infierno y convertir sus huesos en polvo, cuando el movimiento se detuvo.

​De entre la multitud de rostros retorcidos por la ira, una figura pequeña se abrió paso. Se movía con dificultad, empujando piernas de adultos, ignorando los gritos.

​Era un niño.

​No tendría más de cuatro o cinco años. Llevaba un pijama azul sucio y tenía el cabello revuelto. Sus ojos eran grandes, acuosos, llenos de una inocencia que dolía mirar.

​El silencio cayó sobre la primera fila de la turba.

​El niño cruzó la línea invisible que separaba a los verdugos de la víctima. Caminó hacia mí, hacia el monstruo envuelto en humo. Se detuvo a escasos centímetros de mis piernas.

​Me miró hacia arriba. Y sonrió.

​—No tengas miedo —dijo con una voz que sonó como campanillas de cristal—. Yo te quiero.

​Mi respiración se detuvo.

Fue como un golpe físico. Un déjà vu violento me sacudió. Recordé el incendio original. Recordé al niño de dos años que se había soltado de su madre para abrazarme mientras me ataban . Recordé sus palabras: "¿Pol qué la amalan así? Le va a doler... Yo estalé aquí".

​Este niño era idéntico. Quizás era su hermano, quizás su hijo, o quizás el tiempo en este maldito vecindario era un círculo plano y cruel.

​Él extendió sus brazos pequeños. Quería abrazarme. Quería ofrecerme ese consuelo humano, esa calidez que Ker intentó darme con sus baguettes, que Nany intentó darme con sus maquillajes. Esa "bondad" que siempre me habían dicho que era la salvación.

​La Esfera pulsó, expectante.

"¿Qué harás, Snow? ¿Vas a llorar? ¿Vas a dejar que la lástima te debilite de nuevo? Recuerda: la lástima es la herramienta de los hipócritas."

​Miré al niño. Vi su fragilidad. Vi su amor incondicional.

​Y sentí asco.

​Un asco profundo, visceral. Ese niño representaba todo lo que me había mantenido encadenada. La esperanza de que alguien me quisiera. La ilusión de que el amor podía salvarme. El amor de mi madre la había matado. El amor de Ker lo había encarcelado. El amor de Nany la había puesto en peligro.

​El amor era la debilidad. El amor era el verdadero enemigo.

​—Tú no me quieres —susurré, y mi voz fue hielo puro—. Tú solo quieres sentirte bueno. Quieres ser el héroe de la bestia.

​El niño parpadeó, confundido, pero no bajó los brazos. Dio un paso más, intentando rodear mis piernas con sus manitas sucias.

​—Abrazo... —balbuceó.

​Miré a los vecinos. Vi sus caras de horror expectante. Esperaban que me ablandara. Esperaban que la "humanidad" ganara para luego aprovechar mi debilidad y atacarme.

​No.

Nunca más.

​El Humo Negro reaccionó a mi decisión antes de que mi cerebro la procesara del todo. Zarcillos oscuros brotaron de mi piel, sólidos y afilados como cuchillas de obsidiana.

​—Yo no necesito tu lástima —dije.

​Y entonces, lo hice.

​No hubo vacilación. No hubo temblor. Mi mano, envuelta en la oscuridad densa de la magia de mi madre, descendió. No fue un empujón. Fue una sentencia.

​Los zarcillos de humo atravesaron el pequeño cuerpo del niño.

​El sonido fue húmedo y terrible. Un crujido de huesos pequeños rompiéndose bajo la presión sobrenatural. El niño no tuvo tiempo de gritar. Su expresión de amor se congeló, transformándose en una máscara de confusión eterna mientras el humo lo consumía, lo absorbía, lo borraba de la existencia.



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En el texto hay: amor celos, reecarnacion, poder prohibido

Editado: 16.12.2025

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