Maniquí

3 Max

Ya estamos aquí, encerrados, en plena noche. Debo correr a la parte iluminada lo más rápido posible, pensé que ya había superado mi miedo a la oscuridad y no lo he hecho, oh, no pensé bien en eso. “Cálmate, Max, ¡Cálmate de una vez!” me digo intentando desaparecer ese miedo con el poder de la voluntad, las linternas no ayudan tanto como quisiera por su poco alcance, iluminan cinco metros de los veinte metros o más al frente de nosotros.

La paz tan satisfactoria llega a mí cuando cerramos la puerta de la asquerosa bodega y entramos a la parte pública del local. Agradezco a ese sistema de luz nuevo, hace que mi miedo desaparezca a la vez que no alerta a nadie con ese tono simulando la iluminación un anochecer, los escaparates siguen encendidos con las luces al máximo, siendo la única señal desde adentro los haces de luz que se asoman entre los bordes de las puertas diminutas diseñadas para que los empleados entren agachados. La tienda sigue luciendo igual con o sin la misma iluminación a tope, ese sistema de seguridad ha de gastar electricidad y dinero por montones para que se pueda reemplazar con la luz a media potencia.

— Primero demos una vuelta al lugar y luego vamos a la oficina, si vemos un fenómeno paranormal avisamos a los  demás —ignoro explícitamente ese itinerario de Kevin, repensar demasiado no termina bien, me gusta improvisar de cierto modo, la vida es una improvisación, querer hacer un plan para cada aspecto es querer hacer demasiado y terminar haciendo poco, son demasiadas decepciones por atarse a un itinerario en un mundo improvisado e impredecible, esa es una de mis razones de lo aleatoria que es mi vida, mi yo de hace años no pensaría en hacerlo, surgió de mi cabeza después de ese homicidio.

— Tengo un itinerario ajustado, se supone que deberíamos cumplirlo, así va a salir bien —los demás soltamos un suspiro de desesperación, Kevin me ha llegado a cansar más de la cuenta, se la ha vivido quejándose en los diez minutos tras entrar a ese lugar.

— Está bien, vamos a revisar los papeles, ya estarás contento —les ordeno mostrando mi clara irritación, odio más haberle prometido ayuda en sus horas de servicio por ser una molestia en este reportaje.

Rodeo la vitrina en forma de semicírculo, así lo irrito más a propósito, además, ¿quién no quisiera ver esa vitrina? Es muy hermosa, con luces led, superficie parecido a la esmeralda con brillantina sin verse exagerado o de mal gusto y la exacta proporción entre los objetos sobre este, la mayoría son productos para la piel, unas barritas deliciosas de nuez y un rollo de bolsas ecológicas, la caja registradora se encuentra en una parte no visible, lo demás detrás del vidrio son accesorios para el cabello, demasiados para describirlos, incluso tienen secadoras y planchas de diferentes modelos para el cabello, me recuerda a esas tiendas de supermercados o plazas comerciales vendiendo productos diferentes a los que promocionan, en una librería de la plaza comercial venden materiales de artesanías y manualidades sin tener una conexión con los libros, vieron una ganancia en vender esos productos.

Esta oficina es para pitufos, es diminuta a comparación de la bodega, ni hablar de la zona pública, los archivos están recolectados en un estante de madera pequeño repleto de carpetas ordenadas por fecha, no alfabéticamente. Nos saltamos a lo importante, saltamos los últimos cinco años y todo lo relacionado a las facturas, le echo una ojeada casual a los documentos del homicidio de la semana por mera curiosidad, encontrando lo mismo que en un periódico o en internet, el reporte policial no tiene una copia presente, o no debe tener copias y estoy cayendo en caso grave de desinformación.


 

El caso de una muerte accidental nos salva de revisar otros cinco años de accidentes menores, Nina lo ha encontrado oculto detrás de los demás archivos, un caso oculto significa un misterio más jugoso. Ese caso no ha sido nada escuchado, mis padres jamás lo mencionaron en ningún momento en sus largas charlas sobre la tienda, ahí discutían sin censura todos los accidentes y desastres en la tienda, puede que sea por la inundación de medio pueblo ese año, la parte sur quedó sumergida en un medio metro de agua y de pasó sin electricidad, los robos se volvieron comunes en esa época, muchos no tenían forma de recuperar los daños y se veían forzados a lo impensable, robar. El sujeto era un criminal de costumbre, llevaba varios años en el negocio cometiendo robos, dejando algunas víctimas en el camino, se llamaba Richard Baker, un tipo guapo de unos treinta y tantos de cabello castaño y fornido, escapar de la policía era su rutina de ejercicio. Según el archivo, asaltó la tienda en la ola de robos pensando que sería más fácil. No lo era. La policía lo acorraló en la bodega amenazándolo a punta de pistola, escapar de ahí estaba totalmente descartado, no duró mucho en esconderse en… ¿un cuarto de fabricación de maniquíes? Este lugar es raro oficialmente, nadie en su sano juicio guardaría maquinaría peligrosa sin protección en donde cualquier idiota con la etiqueta de empleado se le puede pasar la mano toqueteando lo que no, aunque eso explica la cantidad de maniquís en este lugar. El tipo resbaló y murió en el proceso al caer en la cinta transportadora, dos ganchos lo agarraron de la cintura y de ahí… nada.

— ¿Alguien sabe qué le pasó al cuerpo? —nos pregunta Alex al terminar de leer su periódico, cada uno tiene una versión de la noticia, la mía es de un periódico enfocado en conspiraciones, pero la respuesta en mi fuente de información es sacada de una alucinación y la única, los demás llegan hasta la parte donde muere a medio proceso, sin decir el destino del cuerpo.



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En el texto hay: maldiciones, venganza, aseinato

Editado: 21.11.2022

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