Maniquí

9 Max

Richard ha puesto una navaja llena de sangre en el cuello de Alex, esto va en serio, intento dejarme llevar como mi amigo susurrando varias disculpas, algunas en español, otras en inglés y unas cuantas en francés. Solo yo he entendido su recompensa y estoy tentado a aceptarla, me transformaría en un cadáver encerrado en un maniquí, con suerte mi alma quedaría ahí atrapada con el alma de Alex, puede que ese psicópata nos dé un poco de sangre para seguir con su legado en esta tienda de porquería. La idea de la inmortalidad es lo de menos, evitaría lo que Richard está haciendo, puede que podría perseguirlo y hacer justicia a mano propia. Sin embargo, la palabra de un criminal no existe, es arriesgarte sin estar seguro de la recompensa o castigo.

Me matará de todos modos, eso es seguro. Me amenaza con más fuerza al provocar un pequeño sangrado en la garganta de Alex, indicándome que lo que le queda de vida es mi tiempo para decidir, si acepto ahora me quedaré con él como un zombi maniquí, por la otra moriré y terminaré tendido sobre un campo desierto, sin pistas de mi asesino.

— Se está agotando el tiempo, y no hay otro amiguito tuyo con el que darte una buena razón de obedecer —me quiere obligar a elegir, supongo que queremos las cosas fáciles, hacer drama no es lo nuestro.

¡Eso es! No espera que exagere y haga drama, no me conoce tan bien para esperar una faceta diferente a mí. Tengo un plan.

— Dame la navaja, lo haré yo mismo —hago que me dé la navaja para despedirme antes de morir, si terminaré siendo su víctima haré que sea a mi modo.

No es difícil convencerlo, me termina cediendo su navaja impregnada todavía con la sangre de Alex, obviamente sigue vivo, de su garganta sigue brotando sangre. Cuidando la profundidad de la herida, me corto el brazo soportando el dolor, no recomiendo hacerlo por ninguna razón, ya verán porqué lo hago yo. Richard se emociona al ver mi sangre, sus ojos se enfocan en ese líquido rojo emergente de mi herida, como forma de darle esa confianza que pide, embarro la sangre acumulada en mi brazo en el hombro plástico, sintiendo al instante como la piel se suaviza, volviendo a un estado humano.

— Favor concebido, ahora di tus plegarias antes de morir.

Saco la pistola eléctrica y le disparo en el hombro, lo he engañado. Richard cae al suelo por la descarga convulsionando en el suelo, soltando de paso a Alex. A estas alturas sigue cualquier orden o cosa que llegue, ha aceptado la muerte, posiblemente su futuro como cadáver dentro de un maniquí. En un ataque de desesperación azoto la puerta principal en busca de llamar la atención de alguien por ahí en la calle, aunque sea de un ebrio que nos escuche y alarme a más personas. Grito pidiendo ayuda a quién sea, no me importa que haga lo más estúpido que una persona pueda hacer, quiero salir de este lugar a toda costa.

— Niño estúpido, ¿crees que puedes retarme? —Richard aparece detrás de mí con su macabra sonrisa y sus asquerosos dientes—. Eres muy atrevido, pero no en el lugar correcto.

Los maniquís nos arrastran por toda la tienda llevándonos a la bodega, donde inició todo, cerca del mostrador me doy cuenta de que conservo la navaja, es mi oportunidad de zafarme. Le encajo la navaja a los dos maniquís que me sostienen, aprovechando su falta de dolor para que no se den cuenta. Me libero de su control con mis muñecas rojas gracias a la fuerza que tienen esas cosas, Alex no hace nada, él ya se ha rendido absolutamente, si yo no lo rescato entonces no va a oponer fuerzas. Veo los pasillos entre tanta ropa más lejanos y largos de lo que son, se sienten interminables por varias razones, mi desesperación, la escasa luz, los ruidos crecientes de lo que pasa detrás de mí. 

Cometo el error más tonto, me tropiezo con el maniquí parecido a Kevin y caigo fuertemente al suelo, recuperarme ya no tiene sentido, he perdido la ventaja y llamado la atención de Richard, él no duda en acabar bien con el trabajo. De tantas herramientas escondidas en la bodega, ha sacado la más pesada de todas para golpearme los tobillos, el dolor me hace gritar a todo volumen por tantas oportunidades de sobrevivir echadas a la basura.

— No… me… desafíes —me regaña Richard encajando la navaja en el pecho de Alex, matándolo de inmediato.

Debo seguir, por Alex, por Nina, por mis amigos que han muerto esta noche. Lloro como la última vez que va a ser, sin esconder mis sentimientos, suelto todo mi dolor y mis disculpas a todo volumen, no importa si un maníaco me observa y me ridiculiza. Sigo avanzando con ambos pies inútiles, la salida ya es imposible, Richard baja la navaja y el momento de mi muerte ha llegado.



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En el texto hay: maldiciones, venganza, aseinato

Editado: 21.11.2022

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