Es una inercia del pulgar.
El teléfono pesa porque sabe
que tengo un chiste que solo tú traduces,
una tragedia pequeña que solo tú haces risa,
y un vacío en la pantalla
que se ha vuelto tu nueva forma de estar.
He tenido que aprender
a morder las palabras antes de que salgan,
a no enviarte esa canción,
a no decirte que hoy vi aquello que nos gustaba.
Duele más el silencio del confidente
que la ausencia del amante,
porque al amante lo lloro en la cama,
pero al amigo... al amigo lo extraño en la vida.