(Cuando el "algún día" que prometieron como amigos se vuelve imposible)
Teníamos planes que no dependían del amor,
sino de la existencia:
el viaje a la costa a los treinta,
el pacto de ser los tíos locos de hijos ajenos,
la promesa de cuidarnos en la vejez si la soledad ganaba.
Olvida el futuro.
Cada vez que pienses en "lo que íbamos a hacer",
táchalo con la tinta más oscura que tengas.
No puedes llevarte a un extraño a tus planes de vida,
aunque ese extraño tenga la cara de tu mejor amigo.