Manual de cómo olvidarte dos veces

La última vez que te miro la espalda

​Lo supe en ese instante, mientras mis pies empezaban a moverse lejos de ti: aquello no era una despedida más, era el fin de mi mundo. Quise parar de caminar, quise que el tiempo se detuviera para darme el valor de dar media vuelta, correr hacia ti y colgarme de tu cuello. Quise gritarte que no me dejaras marchar, que me detuvieras, que me obligaras a quedarme.

​Pero mientras me alejaba, miré de reojo hacia atrás y te vi. Estabas ahí, inmóvil. Te vi verme desvanecer entre la gente, haciéndome pequeña, haciéndome nada. Y tú, como siempre, te limitaste a mirar sin hacer nada. Otra vez tu silencio fue tu respuesta. Otra vez tu falta de acción fue mi sentencia.

​Y quiero pensar que será lo mejor. Me obligo a creer que este vacío es preferible a la agonía de no ser tu prioridad. Ya no habrá más peleas por mi forma de ser que no entendías, ni momentos malos donde me sentía sobrar. Ya no habrá discusiones por la distancia ni ese dolor sordo de quererte cerca y sentirte a kilómetros estando al lado. Eso es lo mejor para los dos; tú recuperas tu espacio y yo recupero mi dignidad.

​Ahora tendré que enterrar este sentimiento que me consume, este amor que todavía quema pero que ya no tiene donde arder. Me duele saber que fui yo quien cruzó esa línea prohibida entre la amistad de toda una vida y este amor que nos rompió. Nunca debimos dar ese paso; debimos quedarnos en el patio del colegio, donde siempre estábamos a salvo.

​Pero... te amo. Y lo seguiré haciendo, aunque me duela el pecho cada mañana. Lo haré hasta que llegue el día en que la noticia de mi felicidad te alcance por fin. Y sé que te dolerá saber que estoy con alguien más; no te lo voy a negar, porque sé que en el fondo todavía me buscas. Pero seré feliz porque entenderé que la felicidad es algo que tú no quisiste construir conmigo. Supongo que el amor también es esto: soltar lo que más quieres para no terminar de deshacerte.

​Así que te dejo ir, con todo el dolor de mi alma. Guardaré en un rincón prohibido la esperanza de que el destino, en un descuido, me devuelva a ti cuando hayas aprendido a no dejarme ir.

​Pero mientras tanto, sé feliz. Porque aquí va tu morena, caminando hacia un futuro donde tú ya no caminas a mi lado.



#2391 en Otros

En el texto hay: poesia, poema, poema corto

Editado: 06.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.