Manual de la Comisura

Caso 02

EL OTRO LADO

Vives en un apartamento viejo, no tienes mucho dinero, pero eso es mejor que nada. Las paredes siempre se han visto sucias, y los peldaños de los escalones rotos, pero esta tarde el pasillo se nota diferente, acabas de salir de tu casa y cierras la puerta, hasta que todo cambia.

El aire es espeso, las sombras parecen más largas, antinaturales, las puertas no tienen sus números habituales, algunas luces parpadean… Mientras caminas por el pasillo todo se vuelve más raro, y cuando al final decides volver a tu casa… No está. Caminas hacia donde habías salido, la puerta no debe estar muy lejos, pero no encuentras tu puerta. La puerta de tu casa es la número 20, vieja, marrón que comienza a difuminarse, el pomo un poco suelto, dorado con un poco de óxido. Pero no hay nada de eso, todas las puertas son iguales, y a medida que caminas son más diferentes a las que sueles ver cada día. Comienzas a marearte por las luces intermitentes hasta que tu instinto de alerta te devuelve a la realidad: unos pasos. Se pueden escuchar unos pasos viniendo hacia donde tú te encuentras, pero no distingues ninguna figura en las dos direcciones, hasta que se enciende una bombilla correctamente…

Te ves a ti misma, con una sonrisa inhumana, las comisuras de los labios arrugadas por esa sonrisa tan grande, grotesca, que casi llega a los ojos. Sus ojos fijos en ti, sabe que le temes, así que comienza a deformar su cuerpo en ángulos imposibles para un cuerpo humano. Sus huesos crujen, algo doloroso para tus oídos, pero su sonrisa no flaquea, no parece sentir dolor. Comienzas a correr, aunque tus rodillas flaqueen, aunque tu corazón golpee tu pecho con tanta fuerza que amenaza con crujir tus costillas al igual que ha hecho esa cosa antes; intentas huir, pero tus energías se agotan, y el pasillo no parece terminar nunca. El pasillo infinito es una maldición y milagro al mismo tiempo: te agota y no tiene salida, pero al menos no puedes quedar acorralada.

Decides jugártela al destino y te metes en un apartamento cualquiera, esperando que la pesadilla se acabe, hasta que la realidad te da un golpe muy duro: el apartamento está deformado, los muebles se distorsionan y las paredes parecen el suelo y techo, y viceversa. Cierras la puerta hasta que el ser inhumano comienza a golpear la puerta con fuerza sobrenatural. Tú no te mueves del lugar en el que estás, ya que te da vértigo y no quieres dar un paso en falso y caer hacia “arriba”, pero sientes cómo en cualquier momento puede tumbar la puerta abajo, así que ignorando el miedo y el mareo, te apoyas en la pared para no caerte hacia “arriba” e intentas bloquearla con muebles. Puedes escuchar la madera vieja que cruje contra el suelo invertido, sientes cómo los muebles pesan cada vez más a medida que los empujas y cómo tus fuerzas se agotan a medida que acabas la barricada. Al acabar intentas buscar alguna salida posible dentro de ese apartamento distorsionado. Pasan minutos, incluso horas a lo mejor, ya que el pánico se ha apoderado de tu percepción del tiempo, y el reloj de aquella habitación a veces se queda parado, y otras veces va hacia delante y detrás. Los golpes nunca cesan, ni lo harán o eso piensas tú, hasta que reina el silencio. Puedes escuchar los latidos de tu propio corazón, el silencio es tan denso que sientes cómo tu respiración agitada se vuelve ensordecedora, y cómo el suelo cruje bajo tus pies. Eso te asusta más, el silencio. Ya que al saber que la criatura no está tras la puerta, podría estar intentando entrar de otra forma, o que te olvides de ella para que cuando salgas te sustituya o te arrastre a la oscuridad y desesperación junto a ella.

Vuelven los golpes, pero no desde fuera… Sino desde dentro de la habitación. Ya no puedes distinguir si son tu imaginación o no, ya que vienen de todos los lados, hasta que vuelven a cesar, y sientes un aliento gélido en tu nuca. Al girarte puedes ver a la criatura deforme, con su sonrisa más intensa: tú has caído en su trampa. De repente sientes cómo la gravedad funciona y la habitación vuelve a la normalidad. Caes con fuerza contra un mueble, perdiendo la consciencia. Ahora estás tirada en el suelo. Te acabas de despertar. Estás mareada, la habitación rueda hasta que consigues volver en ti y vas a mirarte en el espejo. Crees que todo ha sido un mal sueño, pero no es así. Las comisuras de tus labios se tuercen hacia arriba en una sonrisa inhumana. Vas desesperada a abrir la puerta de tu casa para estar segura de que todo ha sido una mera pesadilla, pero cuando abres la puerta… ves tu propio apartamento, y aquella criatura… Mirándote fijamente. Antes de dar la vuelta y salir de tu apartamento, quieres seguirla, pero chocas contra una pared invisible. Tu corazón da un vuelco, tu respiración se vuelve agitada, y lo comprendes al instante: estás en el reflejo de tu apartamento, y aquella criatura te va a sustituir… y tú a ella…




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