Departamento de Conservación Estudiantil
Martín era un estudiante de segundo de ESO. Un estudiante aplicado y ejemplar. Hoy, día doce de abril del 2026 notó un ambiente raro en su aula. Él era muy perspicaz y había notado raros a algunos compañeros, incluso a la profesora. Cuando escribió una suma simple en la pizarra: 2+2=5. Martín la corrigió, y en vez de enfadarse, reírse por haberse despistado o hacer algún comentario, se giró lentamente a mirar a Martín y le sonrió, una sonrisa inquietante y grotesca, donde sus labios se estiraban más de lo humanamente posible.
– Maria… Cariño, muchas gracias por corregirme…– Dijo su profesora con un tono amable y calmado, algo que le erizó la piel.
– Me llamo Martín…–
La profesora no dijo nada ante su nueva corrección, pero pareció alegrarse bastante… Minutos después de aquel suceso, en una pantallita pequeña que siempre habían tenido a un lado del aula pero nunca había utilizado, se reprodujo un video, en el cual, el mensaje era un tanto inquietante:
“Atención estudiante. Permanezca sentado. Mantenga la vista en el escritorio y no interrumpa esta transmisión. Hoy se detectaron anomalías en su clase: una suma incorrecta, comportamientos extraños de algunos compañeros... Además, la profesora te llamó por otro nombre y sonrió cuando la corregiste. Ese error fue una prueba. Estás en peligro. Por orden del Departamento de Conservación Estudiantil, queda prohibido corregir a la profesora. Quien imparte esa clase ya no existe, aunque la tengas de frente. Manténgase en silencio. Cumple la lección para poder escapar o alguien ocupará su lugar. Es demasiado tarde para salvarlos a todos. Lo sentimos."
El video tenía estática, la voz parecía que provenía de un hombre mayor, había música de fondo, baja y algo distorsionada, y el logotipo institucional… Mejor no hablar de eso. Era incómodo, cada cosa de ese video gritaba a los cuatro vientos qué era verdad, que no era una broma: que estábamos en verdadero peligro.
El pulso de Martín se fue acelerando mientras escuchaba ese mensaje, él había corregido a su “profesora”, y ahora acababa de enterarse que fue un error fatal. Quería correr, llorar, salir de inmediato de aquella clase, pero sabía que cualquier error se pagaría muy caro.
El video no explicó qué debía hacer tras cometer aquel error, ¿todo esto será una broma macabra?
Siguen pasando los minutos, él está en silencio como recomendó la transmisión, pero puede observar como algunos de sus compañeros ahora están nerviosos. Eso le alivia, al menos sabe que no está completamente solo en este caos. La profesora sigue cometiendo fallos, llamando por nombres equivocados a sus compañeros, o tan solo a los que restan. No llama a Juan, ni a Marta, ellos… estaban quietos, observando la clase tranquilamente, y cuando Martín cruzó la mirada con uno de ellos… Le sonrieron, una sonrisa igual a la de su “profesora”. Tras ese gesto, un compañero, Antonio, que observó cada movimiento raro, estalló. Se levantó rápidamente de su pupitre e intentó salir del aula, pero la puerta estaba bloqueada. Antes de que pasara otro segundo, se calmó, volvió a su sitio y ahora estaba completamente tranquilo. Su piel había adquirido un tono grisáceo, sus ojos parpadeban lentamente, como si ya no sintiera nada, y ponía las manos sobre el pupitre con calma… Se había vuelto uno de ellos. Martín se preguntaba: ¿Cómo?
Martín comienza a vigilar y analizar cada movimiento en la clase, y cómo todos habían actuado en el segundo que Antonio se transformó. Pudo observar un patrón, la “profesora” tan solo sonreía cuando alguien se descubría y todos sonreían cuando hacían contacto visual con humanos o alguien iba a ser transformado. La pregunta era, ¿cómo se transformaban? Pasaban los minutos y más compañeros dejaban de ser normales. Su mejor amigo cayó y se unió al resto tan solo por estornudar, otra compañera suya tenía un tic nervioso y eso la delató, también otro compañero había preguntado para ir al baño porque no aguantaba… Y tras diez minutos ya tan solo quedaba Martín… ¿por qué? Él había sido descubierto desde el principio de la clase, pero nunca había llamado la atención a pesar de eso. Tuvo una idea: iba a esperar que acabara la clase sin intentar hacer nada raro. Pero la cosa se le complicó cuando la “profesora” comenzó a acercarse a él. La profesora se apoyó en el pupitre de Martín y le miró, con su sonrisa inquietante.
– ¿No te sientes muy solo…? –
Martín decidió arriesgarse y sonreír de la manera más grotesca que podía, para intentar confundir a aquella criatura, pero no pudo engañarla.
– Qué ingenuo… No somos tontos, cariño. –
La “profesora” dejó de sonreír, pero en cambio, Martín notó como su sonrisa se estiraba aún más involuntariamente, y dejó de poder controlar su cuerpo, tan solo podía observar y sentir cómo se convertía en uno de ellos, hasta perder la consciencia.