Manual de la Comisura

Caso 05

Caso 05

Buenas tardes, soy el agente Silva, uno de los pocos agentes que sigue trabajando en este departamento. Vivo en un búnker, donde el silencio ensordecedor reina y a veces hasta puedo escuchar mis latidos, y quería redactar un último caso. Caso 05, para poder advertirles de lo que pasa realmente. Estuve redactando el caso 04 mientras escuchaba los audios del aula, ahora tenemos cámaras y grabadoras por casi todos los sitios para poder documentar cada caso y poder advertir a los siguientes.
Había un agente en el campo, la zona cero de la tragedia. Y mientras estaba escuchando el audio pude notar cómo la voz del agente se distorsionaba. No era una interferencia normal, el audio comenzó a modificarse convirtiéndose en unas risas… Las risas no eran humanas, eran rápidas, infantiles, algo macabras. Pero lo que realmente me enloquecía era que no provenían del reproductor, sino que taladraban mi mente desde dentro. Ese dato me pareció conocido, así que revisé los anteriores casos y vi las normas de aquel hotel… ¿pero cómo habían llegado a mi búnker? Eso no importó, cogí un espejo que tenía cerca, y por suerte, no estaba empañado. Dejé a un lado los auriculares para seguir escribiendo a partir de lo que ya había escuchado, pero las líneas del documento comenzaron a deformarse también, formando aquellas sonrisas que tanto caracterizaban a las criaturas. Sentía cómo a medida que escribía las sonrisas que se formaban en el documento eran más inhumanas, y que el archivo me estaba mirando fijamente.

Las anomalías no deberían poder entrar en este búnker, las paredes estaban hechas para mantenerlas fuera, pero se ve que no he tenido suerte… Quise apagar rápidamente el ordenador, claramente el archivo estaba contaminado, pero ya era demasiado tarde. Todas las luces se apagaron así que cerré los ojos y me tapé los oídos. Contaba cada segundo con precisión milimétrica. Uno… Dos… Tres… La oscuridad se había vuelto física, sentía como me presionaba, también podía sentir arañazos en mi piel, y algunas voces llamándome como me suelen llamar mis familiares. Tras pasar los tres minutos abrí los ojos y fui al baño para refrescarme la cara. Volví a escuchar las risas, las risas infantiles comenzaron a distorsionarse hasta parecer que estaban locas. Me miré al espejo del baño y ahí estaba… el vaho estaba cubriendo el espejo, pero desde el interior. Podía sentir como si alguien estuviera detrás del espejo, exhalando su aliento en mi cara. Cerré los ojos, me tapé los oídos para no volverme loco con aquellas risas. Recé para que lo que fuera que acababa de entrar al búnker no tuviera hambre, aunque sabía perfectamente que la suerte nunca ha estado de nuestro lado. No hay escapatoria. Ellos se comunican a través de los archivos, y tú, que estás leyendo esto ahora mismo, acabas de abrirles la puerta. No hay escapatoria, tras abrirles la puerta, comenzarán a caminar por tu mundo, lo único que te mantiene a salvo de un ataque ahora, es tu ordenador. No lo cierres. No mires atrás.




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