Manual de supervivencia de la villana olvidada.

CAPÍTULO 5 —El precio de una verdad

Los dedos de Kaelen seguían rozando mi piel, y aunque su tacto era gélido, sentía una corriente eléctrica que me recorría la columna. No era el miedo paralizante que sentía ante Sebastian; era una anticipación peligrosa, como estar al borde de un precipicio y sentir la tentación de saltar.

​—La Llave del Abismo —repitió Kaelen, su voz bajando a un susurro que solo yo podía oír—. Si lo que dices es cierto, Elara Valeska, tienes en tus manos el único objeto capaz de romper las cadenas que me atan a este páramo. Pero si es una mentira...

​De repente, la presión en mi cuello aumentó ligeramente. No me asfixiaba, pero me obligaba a inclinar la cabeza hacia atrás, exponiendo mi garganta.

​—Si es una mentira —continuó él—, te aseguro que la ejecución que viviste en tus pesadillas será un dulce recuerdo comparado con lo que mis sombras harán contigo.

​A lo lejos, Julian intentó dar un paso al frente, pero dos de los enmascarados cruzaron sus báculos, bloqueándole el paso. Estaba demasiado débil para luchar.

​—¡Déjala ir! —gruñó Julian, su voz rompiéndose por el esfuerzo.

​—Llévenlo a las celdas de sanación —ordenó Kaelen sin apartar su "mirada" de mí—. No quiero que su sangre manche mis alfombras antes de tiempo.

​—¡Elara! —gritó Julian mientras se lo llevaban a rastras.

​Me quedé a solas con el Conde en aquel salón inmenso. El silencio volvió a caer, pesado y cargado de una magia que parecía devorar la poca luz que quedaba.

​—¿Por qué no puedo sentirla? —preguntó Kaelen, su mano ahora descendiendo hasta mi hombro—. Si tienes la Llave, debería emitir una vibración, un eco de poder. Pero en ti... solo siento silencio. Un silencio absoluto y extraño.

​Sonreí, a pesar de que el corazón me martilleaba en las costillas.

Regla #6 del Manual: Nunca muestres todas tus cartas en la primera mano. Si el diablo quiere ver tu alma, asegúrate de que esté envuelta en espinas.

​—Porque la Llave no es un objeto que se pueda tocar, Kaelen —respondí, dando un paso más hacia él, rompiendo cualquier rastro de espacio personal—. Sebastian no la destruyó, porque no se puede destruir algo que no es físico. Él la fragmentó y la escondió donde nadie buscaría: en los recuerdos de la mujer que él consideraba una idiota.

​Mentía. O, al menos, estaba manipulando la verdad del libro. La "Llave" era, en realidad, un código cifrado en una antigua canción de cuna que la madre de Elara le cantaba, un secreto que el Duque solo descubría al interrogarla antes de su ejecución. Al usar mi conocimiento de la novela, yo me había convertido en la Llave misma.

​Kaelen soltó una carcajada ronca, un sonido que no tenía nada de alegría.

​—¿Eres un mapa viviente? —Inclinó su rostro hacia el mío, tanto que la seda negra de su venda rozó mi frente—. ¿Me estás diciendo que para recuperar mi poder, debo mantenerte a mi lado?

​—Exactamente. Y no solo eso. Debes protegerme. Porque si yo muero, el secreto muere conmigo. Y tú seguirás siendo el "monstruo ciego" de este castillo hasta que el tiempo te convierta en polvo.

​Kaelen se quedó inmóvil. Pude sentir cómo su magia, esas sombras que flotaban a su alrededor, se agitaban con indecisión. Entonces, con un movimiento rápido, me soltó y dio media vuelta.

​—Te daré tres días, Elara Valeska. Tres días para demostrarme que no eres solo una villana desesperada intentando ganar tiempo. Si al tercer día no has empezado a descifrar el primer fragmento de mi poder... te entregaré personalmente a los perros del Duque.




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