Lucas aprovechó el silencio para acercarse un poco más.
—No todo ha sido tan malo —dijo Lucas con una sonrisa suave—. Admítelo, te divertiste un poco.
Emma lo miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—¿Divertirme? —repitió Emma con incredulidad—. ¿De verdad crees que todo esto es un juego?
Lucas levantó ligeramente las manos en señal de calma.
—No dije eso —respondió Lucas.
—Sí lo dijiste —replicó Emma—. Siempre lo haces. Lo conviertes todo en una broma para no tener que enfrentar las consecuencias.
Lucas frunció el ceño.
—¿Sabes qué, Emma? Creo que estás exagerando —dijo Lucas.
Esa frase fue como echar gasolina al fuego.
Emma soltó una risa seca.
—¿Exagerando? —repitió Emma.
Caminó hacia la ventana de la oficina y señaló el edificio de enfrente, aunque en realidad estaba señalando algo mucho más grande que eso.
—Toda la empresa cree que somos una pareja —continuó Emma—. El comité del concurso está investigándonos. Nuestra jefa amenazó con despedirnos. ¿Y tú dices que estoy exagerando?
Lucas se quedó en silencio unos segundos.
Finalmente habló.
—También es mi trabajo el que está en riesgo —dijo Lucas con calma.
—No —respondió rápidamente Emma—. Para ti esto es temporal. Eres consultor. Si algo sale mal, simplemente te vas a otro proyecto.
Esa frase golpeó más fuerte de lo que Emma esperaba.
La expresión de Lucas cambió apenas un segundo.
—¿Eso crees? —preguntó Lucas en voz baja.
Emma dudó un instante, pero el orgullo pudo más.
—Es la verdad —contestó Emma.
Lucas soltó una pequeña risa amarga.
—Interesante —murmuró Lucas.
Emma cruzó los brazos.
—¿Qué? —preguntó Emma.
—Que después de todo este tiempo todavía pienses que estoy aquí solo de paso —respondió Lucas.
—Porque es lo que haces —replicó Emma—. Llegas, arreglas un problema, te llevas el reconocimiento… y desapareces.
Lucas bajó la mirada un momento.
Cuando volvió a levantarla, había algo distinto en sus ojos.
—No todo en mi vida funciona así, Emma —dijo Lucas.
—Pues todo lo que he visto dice lo contrario —respondió Emma.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Afuera, en el pasillo, Sofía seguía intentando escuchar pegando discretamente la oreja a la puerta.
—¿Están peleando? —susurró Sofía para sí misma—. Oh, esto se puso bueno.
Dentro de la oficina, la tensión seguía creciendo.
Lucas se acercó un paso más.
—¿Sabes cuál es el verdadero problema aquí? —preguntó Lucas.
Emma levantó la barbilla.
—Ilumíname —respondió Emma.
—Que estás asustada —dijo Lucas.
Emma lo miró con incredulidad.
—¿Perdón? —dijo Emma.
—Estás asustada —repitió Lucas—. No por el concurso. No por Marta. Ni siquiera por perder el trabajo.
Emma apretó los dientes.
—No tienes idea de lo que dices —respondió Emma.
Lucas la señaló suavemente.
—Estás asustada porque todo esto dejó de ser completamente falso —continuó Lucas.
Emma sintió que algo en su pecho se tensaba.
—Eso no es verdad —dijo Emma.
Lucas inclinó la cabeza.
—¿No? —preguntó Lucas.
—No —respondió Emma con firmeza.
—Entonces mírame a los ojos y dime que no sentiste nada en todos estos días —dijo Lucas.
Emma abrió la boca, pero ninguna palabra salió.
Lucas dio otro paso.
—Dime que cuando todos pensaban que éramos pareja… tú no empezaste a preguntarte cómo sería si lo fuéramos de verdad —añadió Lucas.
Emma retrocedió.
—Esto es ridículo —respondió Emma.
—¿Lo es? —preguntó Lucas.
—Sí —dijo Emma con frialdad.
Lucas la observó en silencio unos segundos.
—Pues para mí no lo es —respondió finalmente Lucas.
El corazón de Emma dio un golpe fuerte.
—Lucas… —murmuró Emma.
—Para mí dejó de ser un juego hace tiempo —continuó Lucas.
Emma negó lentamente con la cabeza.
—No digas eso —respondió Emma.
—Es la verdad —insistió Lucas.
—No —dijo Emma—. Solo estás diciendo eso porque estás acostumbrado a coquetear con todo lo que se mueve.
Lucas soltó una risa incrédula.
—¿En serio acabas de decir eso? —preguntó Lucas.
—Sí —respondió Emma.
—Vaya… eso sí que duele —murmuró Lucas.
Emma sintió una pequeña punzada de culpa, pero no retrocedió.
—Pues acostúmbrate —respondió Emma.
Lucas la miró fijamente.
—¿Sabes qué, Emma? Creo que acabo de entender algo —dijo Lucas.
—¿Qué cosa? —preguntó Emma.
—Que prefieres pensar que soy un idiota encantador antes que admitir que tal vez… te importa lo que pase entre nosotros —respondió Lucas.
Emma se quedó helada.
—Eso no es cierto —dijo Emma.
Lucas levantó las cejas.
—Entonces dime la verdad —insistió Lucas.
Emma respiró hondo.
Durante un segundo pensó en decirlo.
Pero el miedo fue más fuerte.
—La verdad —dijo finalmente Emma— es que esto fue un error desde el principio.
Lucas no respondió.
—Y cuanto antes lo terminemos, mejor para los dos —añadió Emma.
Lucas la observó unos segundos más.
Luego asintió lentamente.
—Entendido —dijo Lucas.
Tomó su chaqueta del respaldo de la silla.
—Entonces hagamos lo que quieras —añadió Lucas.
Emma sintió un vacío extraño en el estómago.
—¿Eso es todo? —preguntó Emma.
Lucas se encogió de hombros.
—¿Qué más quieres que diga? —respondió Lucas.
Caminó hacia la puerta.
Antes de abrirla, se detuvo un segundo sin mirarla.
—Pero para que conste —dijo Lucas en voz baja—, yo nunca estuve fingiendo tanto como tú crees.
Abrió la puerta.
Sofía casi se cae hacia adelante al perder el apoyo.
—¡Oh! —dijo Sofía, fingiendo sorpresa—. Justo pasaba por aquí.
Lucas la miró con una pequeña sonrisa cansada.
—Claro que sí —respondió Lucas.
Y se fue por el pasillo.
Sofía entró rápidamente a la oficina.
—Emma… ¿qué pasó? —preguntó Sofía.
Emma seguía de pie junto al escritorio, mirando la puerta cerrada.
—Nada —respondió Emma.
—Eso no parecía “nada” —dijo Sofía.
Emma intentó responder, pero en lugar de palabras, una lágrima silenciosa cayó por su mejilla.
—Esto se salió de control —murmuró Emma.
Sofía suspiró.
—Un poco, sí —respondió Sofía.
Emma se cubrió el rostro con las manos.
—Yo solo quería participar en un concurso estúpido —dijo Emma.
—Lo sé —respondió Sofía.
—Y ahora siento que estoy perdiendo todo —añadió Emma con la voz quebrada.
Sofía la observó en silencio unos segundos.
—¿Sabes qué creo? —preguntó Sofía.
Emma levantó la mirada.
—¿Qué? —dijo Emma.
Sofía sonrió suavemente.
—Que el verdadero problema no es el concurso —respondió Sofía.
Emma frunció el ceño.
—Entonces ¿qué es? —preguntó Emma.
Sofía suspiró.
—Que te enamoraste del tipo equivocado —dijo Sofía.
Emma negó de inmediato.
—No —respondió Emma, aunque su voz no sonó tan convincente.
Sofía ladeó la cabeza.
—¿Segura? —preguntó Sofía.
Emma bajó la mirada mientras otra lágrima caía por su mejilla.
—Esto se salió de control —susurró Emma otra vez.
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Editado: 14.03.2026