El viernes llegó con un cielo gris, típico de una ciudad que parecía anticipar el caos.
Emma se despertó temprano, revisando su cabello una y otra vez frente al espejo. Cada mechón fuera de lugar parecía un presagio de desastre.
—Esto va a ser un completo desastre —murmuró para sí misma, tomando su taza de café.
Sofía entró al cuarto, con una sonrisa traviesa.
—Peor que eso, Emma. Esto va a ser épico.
—Épico no significa “humillante”, Sofía —replicó Emma, ajustándose la blusa.
—Claro, claro —dijo Sofía, guiñándole un ojo —Pero piensa en todo lo que ganaremos si logras que Lucas te abrace en público sin que te mueras de vergüenza.
Emma rodó los ojos. La idea de que todo el edificio viera su “compatibilidad” con Lucas la hacía sentir como si fuera a convertirse en protagonista de un reality show.
Al llegar, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Los pasillos estaban llenos de rumores, susurros y miradas curiosas. Emma respiró hondo.
Lucas estaba apoyado contra la pared, revisando su teléfono. Cuando vio a Emma, le dedicó una sonrisa tranquila que hizo que su corazón se acelerara.
—Buenos días, Moore —dijo con su tono habitual, despreocupado, mientras cruzaba los brazos.
—Buenos días… Alvarado —respondió Emma, con un deje de sarcasmo.
Sofía apareció detrás de Emma, prácticamente flotando de entusiasmo.
—¡Hora de practicar para la prueba! —exclamó — Recuerden que cada gesto cuenta.
Emma suspiró.
—¿Otra vez las prácticas?
—Sí, y esta vez vamos a ponerlo en serio —dijo Sofía, guiñando un ojo a Lucas —Necesitamos química convincente.
Lucas se encogió de hombros.
—Profesionalismo ante todo —dijo, sonriendo levemente.
Emma se mordió el labio. Profesionalismo o no, él seguía logrando que su corazón latiera más rápido de lo que debería.
La primera dinámica de práctica consistía en actuar como pareja frente a un espejo gigante. Sofía había colocado dos sillas frente a la pared espejada y un par de carteles que decían “Sonrisa de pareja”.
—Bien —dijo Sofía, cruzando los brazos—. Ahora, miren al espejo y sonrían como si fueran la pareja más feliz del mundo.
Lucas miró a Emma y arqueó una ceja.
—¿Esto es… romántico o ridículo? —preguntó con sarcasmo.
—Ambos —respondió Emma, tratando de no reír—. Pero recuerda: si fallamos, estamos acabados frente a toda la empresa.
Comenzaron a sonreír. Al principio, las sonrisas fueron torpes, demasiado exageradas. Emma casi se atraganta de la risa cuando Lucas le guiñó un ojo de manera exagerada.
—¡Eso no es natural! —exclamó Emma entre risas.
—Natural para mí —replicó Lucas, divertido —Pero supongo que para ti, cualquier cosa que haga parece sospechosa.
Emma lanzó una mirada fulminante, pero terminó riéndose. La tensión romántica no desaparecía, incluso mientras intentaban actuar como “la pareja perfecta”.
Sofía se escondió detrás del espejo, grabando en secreto, con una sonrisa traviesa.
—¡Esto va a ser viral dentro de la empresa! —susurró Sofía.
Después de la práctica, Sofía decidió subir la apuesta.
—Ahora vamos a la parte más importante: las preguntas incómodas —dijo, sacando un bloc de notas —Esto es para simular lo que podría preguntar el comité del concurso.
Emma se tensó.
—No quiero hacer esto —murmuró.
—¡Oh, vamos! —dijo Sofía —Preguntas como “¿Cuál es su mayor defecto?” o “¿Quién paga la cuenta en una cita?”
Lucas levantó las cejas.
—¿Quién inventa estas preguntas? —preguntó, divertido.
—Tus amigas, para torturarte —respondió Emma, con los brazos cruzados.
Las preguntas empezaron y Emma se puso cada vez más roja. Lucas respondió con total naturalidad, encantador y confiado, mientras Emma trataba de mantener su compostura.
—¿Quién cocina mejor? —preguntó Sofía, apuntando a ambos.
—Yo, por supuesto —dijo Lucas con desparpajo —Emma solo quema las tostadas.
—¡Eso no es cierto! —exclamó Emma, golpeando suavemente el brazo de Lucas —Bueno… a veces, sí.
La risa se convirtió en algo más, una cercanía inesperada. Emma comenzó a notar la tensión que había entre ellos desde el inicio del concurso. Cada broma, cada mirada, estaba cargada de electricidad.
Lucas se inclinó ligeramente hacia Emma para corregir una posición frente al espejo. Emma sintió un escalofrío. Por un segundo, parecía que todo el mundo desaparecía.
—¿Estás bien? —susurró Lucas.
Emma tragó saliva, nerviosa.
—Sí… solo… esto es incómodo —respondió, apartándose ligeramente.
En ese instante, Sofía entró corriendo, sosteniendo una cámara.
—¡Momento perfecto para fotos! —exclamó —¡Sonríe!
Emma y Lucas saltaron, sorprendidos. La foto capturó un momento demasiado cercano, demasiado íntimo.
Más tarde, cuando Emma revisó la intranet de la empresa, vio que la foto había circulado rápidamente. Los rumores y las apuestas sobre su relación aumentaron.
Sofía se inclinó hacia Emma y le susurró al oído:
—Ese chico está más interesado de lo que aparenta…
Emma sintió un escalofrío recorrer su espalda. No estaba segura de si sentir miedo o emoción. Probablemente ambos.
Mientras tanto, Lucas apareció detrás de ella, con la misma sonrisa confiada.
—¿Preparada para el viernes? —preguntó con una mezcla de desafío y complicidad.
Emma suspiró, cerrando los ojos un segundo.
—Tan preparada como puedo estar… —murmuró —Pero esto se está saliendo de control.
Lucas le tomó la mano suavemente, sin forzar nada, y sonrió.
—Perfecto. A veces, lo que se sale de control termina siendo lo mejor —susurró.
Emma no respondió. Solo lo miró, consciente de que el viernes cambiaría todo, y de que la línea entre la farsa y la realidad empezaba a desdibujarse peligrosamente.
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romance contemporaneo juvenil, chick-lit / romance ligero, noviazgo falso / contrato de amor
Editado: 14.03.2026