El campus estaba más ruidoso que de costumbre.
Grupos de estudiantes caminaban de un lado a otro con café en la mano, riendo, discutiendo tareas o simplemente tratando de sobrevivir a otro día de clases.
Elías caminaba por el pasillo principal con su mochila colgando de un solo hombro. Tenía la mirada perdida.
No había dormido bien.
La conversación con Valeria la noche anterior seguía repitiéndose en su cabeza.
—No pensé que fueras así… —había dicho ella.
El problema era que ni él mismo sabía exactamente cómo era.
Suspiró.
—Necesito café… o un milagro —murmuró.
Cuando llegó al salón, casi todos los asientos estaban ocupados.
Y entonces lo vio.
Valeria estaba sentada cerca de la ventana.
El sol de la mañana iluminaba su cabello y ella estaba concentrada revisando algo en su teléfono.
Elías dudó.
Podía sentarse atrás.
Podía evitarla.
Podía fingir que nada había pasado.
Pero justo cuando estaba pensando eso…
—¿Vas a quedarte parado todo el día?
Elías levantó la mirada.
Valeria lo estaba mirando.
—El asiento está libre —dijo ella señalando la silla a su lado.
Él caminó lentamente y se sentó.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Hasta que Valeria suspiró.
—Escucha… sobre ayer.
Elías se tensó un poco.
—No importa —respondió rápido.
—Sí importa.
Ella dejó el teléfono sobre la mesa y lo miró directamente.
—Tal vez fui un poco dura contigo.
Elías frunció el ceño.
—¿Un poco?
Valeria soltó una pequeña risa.
—Está bien… bastante.
Elías no pudo evitar sonreír.
—Lo admites al menos.
—No te emociones.
—Ya me emocioné.
Ella negó con la cabeza, divertida.
—Eres imposible.
—Y tú muy dramática.
Valeria levantó una ceja.
—¿Dramática?
—Un poco.
—Te vas a arrepentir de decir eso.
—Lo dudo.
Los dos se quedaron en silencio otra vez… pero esta vez no era incómodo.
Era extraño.
Como si la tensión entre ellos se hubiera transformado en algo diferente.
Algo más ligero.
Algo más peligroso.
En ese momento el profesor entró al salón.
—Buenos días, clase.
Todos se acomodaron en sus asientos.
Elías abrió su cuaderno.
Pero antes de que el profesor empezara a hablar, sintió algo en su mesa.
Una pequeña nota doblada.
La abrió discretamente.
La letra era clara.
“Aún no te he perdonado completamente.”
Elías miró a Valeria.
Ella estaba mirando al frente… fingiendo que no había hecho nada.
Entonces él tomó su bolígrafo y escribió debajo.
Deslizó la nota de regreso.
Valeria la abrió lentamente.
“Perfecto. Así tienes una excusa para seguir hablándome.”
Ella intentó no sonreír.
Pero falló.