Manual para no arruinar tu vida (pero ya es tarde)

Capítulo 15 — Cuando tu vida empieza a parecer una comedia

El técnico tardó exactamente una hora en llegar.

Una hora completa en la que Daniel y Marcos fingieron que sabían lo que estaban haciendo mientras atendían clientes sin la máquina principal de café.

Lo cual, en una cafetería… era un pequeño problema.

—¿No tienen cappuccino? —preguntó una estudiante.

—Hoy estamos… explorando un concepto más minimalista —dijo Marcos.

Daniel lo miró.

—No tenemos la máquina.

—Exacto —continuó Marcos—. Minimalismo.

La estudiante los miró unos segundos.

—¿Entonces qué tienen?

Daniel respondió:

—Café… pero muy básico.

—¿Qué tan básico?

—Básico como… café de casa de tu abuela.

La estudiante suspiró.

—Está bien.

Cuando se fue, Daniel miró a Marcos.

—Un día nos van a despedir.

—Tal vez.

—Tal vez hoy.

—Posiblemente.

En ese momento llegó el técnico.

Un hombre de unos cincuenta años que parecía haber visto demasiadas máquinas rotas en su vida.

Miró la máquina.

Luego miró a Marcos.

—¿Quién la tocó?

Daniel señaló a Marcos sin dudar.

Marcos señaló a Daniel.

—Cobarde —dijo Daniel.

El técnico suspiró.

—Esto no se rompió solo.

Marcos levantó una mano.

—Ok… pequeña explicación.

Diez minutos después, el técnico ya estaba trabajando en la máquina.

El jefe estaba sentado en una mesa observando todo como si estuviera calculando cuánto dinero estaba perdiendo.

Daniel limpiaba vasos cuando escuchó la puerta abrirse.

Levantó la mirada.

Era Valeria.

Otra vez.

Ella se acercó al mostrador.

—¿La máquina sigue muerta?

Daniel asintió.

—Estamos en duelo.

Valeria miró a Marcos.

—¿Fuiste tú?

Marcos respondió con orgullo extraño.

—Digamos que fui… un factor contribuyente.

Valeria se rió.

—Impresionante.

Daniel apoyó los brazos en el mostrador.

—¿No tienes clase?

—Dentro de una hora.

—¿Y decidiste pasar tu tiempo libre aquí viendo nuestro desastre?

Valeria se encogió de hombros.

—Es entretenido.

Marcos intervino.

—Siempre eres bienvenida a observar tragedias.

Valeria miró a Daniel.

—¿Siempre es así tu trabajo?

Daniel pensó un momento.

—No siempre.

—¿Solo la mayoría del tiempo?

—Exacto.

Valeria sonrió.

—Me gusta.

Daniel levantó una ceja.

—¿Te gusta?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque es… real.

Daniel no esperaba esa respuesta.

—¿Real?

—Sí. Nadie tiene la vida perfectamente organizada. Pero ustedes al menos lo admiten.

Marcos levantó una mano.

—Gracias por validar nuestro caos.

Valeria se rió.

Mientras hablaban, el técnico cerró el panel de la máquina.

La encendió.

La máquina hizo un ruido.

Otro ruido.

Luego empezó a funcionar otra vez.

El jefe suspiró con alivio.

—Gracias a Dios.

El técnico miró a Marcos.

—No vuelvas a abrirla.

—Prometido.

—En serio.

—Muy prometido.

El técnico se fue.

La cafetería volvió a la normalidad.

Daniel empezó a preparar café otra vez.

Valeria se sentó en una mesa cercana con su laptop.

Marcos observó a Daniel mientras trabajaba.

—Oye.

—¿Qué?

—Ella viene mucho aquí últimamente.

Daniel miró a Valeria.

Ella estaba concentrada en la pantalla.

—Es una cafetería.

—Sí.

—La gente viene a cafeterías.

—Sí.

Marcos sonrió.

—Pero no todas las personas vienen a tu cafetería.

Daniel ignoró el comentario.

Mientras preparaba un café, recordó algo.

El cuaderno.

Esa noche, después del trabajo, Daniel volvió a su apartamento.

Estaba cansado.

Pero antes de dormir, sacó el cuaderno otra vez.

Lo abrió.

Pasó algunas páginas.

Leyó otra regla que había escrito cuando tenía quince años.

Regla #6:

Rodéate de personas que te hagan querer ser mejor.

Daniel se quedó mirando la frase.

Pensó en Marcos.

Pensó en Valeria.

Pensó en su vida hace unos meses.

Luego pensó en su vida ahora.

No era perfecta.

Ni cerca.

Pero…

Algo estaba cambiando.

Cerró el cuaderno lentamente.

—Ok… —murmuró.

Tal vez su yo adolescente no estaba tan equivocado.

Antes de dormir, Daniel pensó en algo que no había considerado antes.

Tal vez mejorar tu vida no era un momento épico.

Tal vez era solo esto.

Pequeños días.

Pequeños errores.

Pequeñas personas que aparecían en el momento correcto.

Y tal vez…

Solo tal vez…

Su vida ya no era el desastre completo que había sido antes.

Aunque todavía pareciera una comedia la mayor parte del tiempo.




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