Manual para no arruinar tu vida (pero ya es tarde)

Capítulo 18 — ¿Cómo diablos terminamos peleando por esto?

—¡¿Estás en serio ahora mismo?! —la voz de Daniel resonó en todo el salón.

—Completamente —respondió David, cruzado de brazos, sin levantar la voz.

—¡Esto no es lo que acordamos!

—Esto es lo que funciona mejor.

—¡No puedes cambiar todo el proyecto a último momento!

—No lo estoy cambiando —dijo David con calma—. Lo estoy mejorando.

El ambiente estaba tenso.

Demasiado tenso.

Alrededor, algunos estudiantes miraban de reojo.

Otros fingían no escuchar… pero claramente estaban escuchando.

Y en medio de todo eso—

—¡YA BASTA!

Valeria se puso de pie.

Silencio.

Daniel respiraba agitado.

David seguía tranquilo… pero su mirada ya no era tan relajada.

Valeria los miró a ambos.

—¿Qué está pasando con ustedes?

Ninguno respondió.

—¿En serio van a arruinar el proyecto por esto?

Daniel habló primero.

—Él está cambiando todo sin avisar.

David respondió enseguida.

—Porque lo que teníamos no era suficiente.

—¡Sí lo era!

—No si queremos ganar.

Silencio otra vez.

Valeria cerró los ojos un segundo.

—Ok…

Respiró profundo.

—Vamos a calmarnos.

Pero claramente… ya era tarde.

La situación ya había explotado.

Tres horas antes…

Todo había empezado bien.

Demasiado bien.

Daniel llegó al punto de encuentro con Valeria y David en una de las salas de estudio de la universidad.

Por primera vez…

No iba tarde.

—Estoy mejorando —murmuró para sí mismo.

Entró.

Valeria ya estaba ahí, organizando algunas hojas.

—Llegaste temprano —dijo sorprendida.

—Lo sé.

—Estoy orgullosa.

Daniel sonrió un poco.

—Yo también.

Unos minutos después, David llegó.

Con su laptop.

Su libreta.

Y esa misma seguridad de siempre.

—¿Listos? —preguntó.

—Listos —respondió Valeria.

Se sentaron.

Abrieron documentos.

Y empezaron a trabajar.

Al principio… todo fluía.

Ideas iban.

Ideas venían.

Daniel proponía ejemplos más prácticos.

Valeria organizaba todo.

David estructuraba el contenido.

Por un momento…

Parecía el equipo perfecto.

—Esto va bien —dijo Valeria.

—Sí —respondió Daniel.

—Aún puede mejorar —añadió David.

Daniel levantó una ceja.

—¿Cómo?

David giró su laptop hacia ellos.

—Estuve trabajando en algo anoche.

Valeria se inclinó.

—¿Qué es?

—Una versión más avanzada del proyecto.

Daniel frunció el ceño.

—¿Más avanzada?

David empezó a explicar.

—Agregué más teoría, más análisis, más profundidad.

Valeria lo miraba interesada.

—Se ve bien…

Daniel no decía nada.

Seguía mirando la pantalla.

—¿Cuándo hiciste esto? —preguntó finalmente.

—Anoche.

—¿Sin decirnos?

David se encogió de hombros.

—Quería avanzar.

Daniel apoyó la espalda en la silla.

—Pero ya teníamos una idea.

—Era básica.

—Funcionaba.

—No era suficiente.

Silencio.

Valeria miró a Daniel.

—Podemos combinar las dos cosas…

Pero Daniel ya estaba empezando a molestarse.

—No se trata de combinar.

David lo miró directamente.

—¿Entonces?

—Se trata de trabajar en equipo.

—Estoy trabajando en equipo.

—No lo parece.

El ambiente cambió.

Ese momento donde todo iba bien…

Se rompió.

—Mira —dijo David—. Si queremos ganar, tenemos que destacar.

—No todo es ganar —respondió Daniel.

David sonrió ligeramente.

—En una competencia… sí lo es.

Eso fue.

Esa frase.

Algo en Daniel hizo clic.

—No —dijo firme—. No voy a hacer un proyecto que ni siquiera se siente nuestro.

—Se siente mejor —respondió David.

—Se siente tuyo.

Silencio.

Valeria empezó a notar que esto se estaba saliendo de control.

—Chicos…

Pero ya iban tarde.

Muy tarde.

De vuelta al presente…

—Esto no es solo el proyecto —dijo Daniel, más calmado pero firme—. Es la forma en la que estás haciendo las cosas.

David lo miró.

—¿Y cuál es el problema?

—Que no nos tomas en cuenta.

David suspiró.

—Estoy intentando que ganemos.

—¿Y a qué costo?

Valeria intervino otra vez.

—Ok. Basta.

Ambos la miraron.

—Los dos tienen razón… y los dos están mal.

Silencio.

—David —continuó—. No puedes tomar decisiones solo.

David no respondió.

—Daniel —dijo ahora mirándolo a él—. Y tú no puedes cerrarte solo porque no te gusta cómo lo hace.

Daniel apretó la mandíbula.

Valeria respiró hondo.

—Esto es un equipo.

—Actúen como uno.

Silencio.

Un silencio incómodo.

Pesado.

Finalmente, David habló.

—Podemos… ajustar el proyecto.

Daniel no respondió de inmediato.

Luego dijo:

—Pero juntos.

David asintió.

—Juntos.

Valeria suspiró aliviada.

—Gracias.

Pero aunque el conflicto parecía resuelto…

Algo había cambiado.

Y los tres lo sabían.

Cuando salieron del salón, Daniel caminaba en silencio.

Valeria se acercó a él.

—Oye.

—¿Qué?

—Eso fue intenso.

—Un poco.

Valeria lo miró.

—¿Estás bien?

Daniel pensó un momento.

—Sí…

Luego añadió:

—Pero esto ya no es solo un proyecto.

Valeria frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

Daniel miró hacia adelante.

Donde David caminaba unos pasos más adelante.

—Ahora sí es una competencia.

Y esta vez…

No estaba hablando del proyecto.




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