El silencio entre ellos no se rompió de inmediato.
Y eso era lo peor.
No fue una pelea con gritos constantes ni insultos exagerados.
Fue una de esas discusiones que dejan algo flotando en el aire.
Algo incómodo.
Algo que no desaparece solo porque nadie esté hablando.
Daniel caminaba por el campus con las manos en los bolsillos, unos pasos detrás de Valeria y David.
Nadie decía nada.
Y aunque hace unas horas estaban trabajando como un equipo casi perfecto…
Ahora parecía que eran tres desconocidos obligados a caminar en la misma dirección.
David fue el primero en detenerse.
—Tengo otra clase —dijo sin mirar atrás.
Valeria asintió.
—Ok.
David dudó un segundo.
Luego miró a Daniel.
—Nos vemos mañana.
Daniel sostuvo su mirada.
—Sí.
David se fue.
Y con eso…
La tensión bajó un poco.
Pero no desapareció.
Valeria se giró hacia Daniel.
—Oye.
—¿Qué?
—Caminas como si te hubieran derrotado en una guerra.
Daniel soltó una risa corta.
—Se siente un poco así.
Valeria negó con la cabeza.
—Fue solo una discusión.
—No.
—¿No?
—Fue más que eso.
Valeria lo observó con atención.
—¿Por qué?
Daniel pensó un momento antes de responder.
—Porque no me molestó el proyecto.
—Entonces, ¿qué?
Daniel suspiró.
—Me molestó sentir que no importaba lo que yo hiciera.
Valeria bajó un poco la mirada.
—Sí importas.
—Pero no así.
—¿Cómo así?
Daniel buscó las palabras.
—Él es mejor.
Valeria frunció el ceño.
—No empieces otra vez con eso.
—Es verdad.
—No lo es.
—Valeria…
—Daniel.
Ambos se quedaron en silencio un momento.
Valeria habló más suave esta vez.
—Escúchame.
Daniel levantó la mirada.
—David es bueno en lo que hace.
—Sí.
—Pero eso no te hace menos.
Daniel no respondió.
Valeria suspiró.
—Tú haces cosas que él no puede hacer.
Daniel levantó una ceja.
—¿Como qué?
Valeria sonrió un poco.
—Como hacer que la gente quiera estar en tu equipo.
Daniel se quedó callado.
—Como hacer que las ideas se sientan reales, no solo correctas.
—…
—Como hacer que alguien se sienta cómodo.
Daniel bajó la mirada.
—Eso no gana competencias.
Valeria dio un paso más cerca.
—¿Estás seguro?
Silencio.
Daniel no tenía una respuesta clara.
Valeria lo miró unos segundos más.
Luego dijo:
—Nos vemos mañana, ¿sí?
Daniel asintió.
—Sí.
Valeria empezó a caminar… pero se detuvo un segundo.
Sin girarse completamente, dijo:
—Y deja de pensar que estás perdiendo algo que todavía ni ha terminado.
Luego se fue.
Daniel se quedó ahí.
Solo.
Mirando el suelo.
Esa noche, el apartamento estaba más silencioso de lo normal.
Daniel dejó la mochila en la silla.
Se quitó los zapatos.
Y, casi por costumbre…
Sacó el cuaderno.
El viejo cuaderno.
Manual para no arruinar mi vida.
Lo abrió.
Pasó varias páginas.
Hasta que encontró una que no recordaba haber leído.
Regla #9:
No confundas admiración con inferioridad.
Daniel se quedó mirando la frase.
—…
Se sentó.
Leyó la línea otra vez.
No confundas admiración con inferioridad.
Pensó en David.
En su seguridad.
En su forma de hablar.
En cómo parecía tener todo bajo control.
Luego pensó en sí mismo.
En sus dudas.
En su forma de improvisar.
En cómo siempre sentía que iba un paso atrás.
—Tal vez… —murmuró.
Tal vez no era que David fuera demasiado.
Tal vez era que Daniel se estaba viendo a sí mismo como menos.
Cerró el cuaderno lentamente.
Se recostó en la silla.
Y por primera vez desde la discusión…
No se sentía enojado.
Se sentía… pensativo.
Al día siguiente, Daniel llegó temprano otra vez.
Pero esta vez no era solo por la regla.
Era porque quería intentar algo diferente.
Cuando entró al salón, David ya estaba ahí.
Solo.
Revisando su laptop.
Daniel dudó unos segundos.
Luego caminó hacia él.
David levantó la mirada.
Ambos se quedaron en silencio un segundo.
—Oye —dijo Daniel.
David cerró un poco la laptop.
—¿Sí?
Daniel respiró hondo.
—Ayer…
Se detuvo.
No era fácil decir esto.
—Tal vez reaccioné mal.
David lo miró.
—Tal vez yo también.
Silencio.
Daniel asintió.
—Podemos hacerlo mejor.
David también asintió.
—Sí.
Una pausa.
Luego David añadió:
—Tu idea de hacerlo más práctico… no estaba mal.
Daniel levantó una ceja.
—¿No?
—No.
—Gracias… supongo.
David sonrió ligeramente.
—Tal vez podemos mezclar eso con lo mío.
Daniel pensó un segundo.
—Eso suena… como trabajo en equipo.
—Eso suena como ganar —respondió David.
Daniel soltó una pequeña risa.
En ese momento, Valeria entró al salón.
Miró a ambos.
Y notó algo de inmediato.
—…
—¿Qué pasó aquí?
Daniel se encogió de hombros.
—Nada.
David añadió:
—Todo.
Valeria sonrió.
—Ok… me gusta esto.
Los tres se sentaron.
Y por primera vez desde que empezó todo…
No se sentía como una competencia.
Se sentía como un equipo.
Aunque en el fondo…
Daniel sabía algo.
Esto apenas estaba comenzando.