Manual para no arruinar tu vida (pero ya es tarde)

Capítulo 20 — La línea que no viste venir

Todo iba demasiado bien.

Y eso, para Daniel, ya era sospechoso.

Durante los siguientes días, el equipo empezó a funcionar de verdad.

No perfecto.

Pero real.

David traía estructura.

Valeria organizaba todo.

Y Daniel…

Daniel hacía que las ideas aterrizaran.

Que no se quedaran solo en teoría.

Se reunían después de clases.

A veces en la universidad.

A veces en la cafetería.

Y, sorprendentemente…

Se reían.

—Ok, eso sí no tiene sentido —dijo Daniel señalando la pantalla de David.

—Explícate —respondió David.

—Eso en la vida real no funciona.

—Es un modelo teórico.

—Sí, pero la gente no actúa como robots.

David se quedó pensando.

—…tienes un punto.

Valeria levantó la mirada.

—Wow.

—¿Qué? —preguntó David.

—Nada —dijo ella sonriendo—. Solo me sorprende que aceptes eso.

Daniel se rió.

—Está evolucionando.

David negó con la cabeza.

—Solo estoy siendo inteligente.

—Claro —dijo Daniel.

El ambiente era ligero.

Cómodo.

Natural.

Y eso era nuevo.

Pero no todo era perfecto.

Porque había algo que Daniel empezó a notar.

Algo pequeño al principio.

Pero constante.

David y Valeria…

Se llevaban bien.

Demasiado bien.

No era nada evidente.

No era algo exagerado.

Pero eran los pequeños detalles.

Las miradas.

Las conversaciones rápidas.

Las bromas que Daniel a veces no entendía.

Y eso…

Le empezó a molestar más de lo que quería admitir.

Una tarde, estaban trabajando en la cafetería.

Marcos observaba desde lejos mientras limpiaba una mesa.

—Oye —murmuró cuando Daniel se acercó a dejar unos vasos—.

—¿Qué?

—Ya los vi.

Daniel frunció el ceño.

—¿A quién?

Marcos inclinó la cabeza discretamente hacia la mesa donde estaban Valeria y David.

—A ellos.

Daniel miró rápido… y volvió la mirada.

—¿Qué tienen?

Marcos sonrió.

—Nada.

—Entonces cállate.

—Solo digo que hay química.

Daniel apretó la mandíbula.

—No hay nada.

—Ok.

—No hay nada.

—Claro.

—Marcos.

—Sí.

—Te juro que si dices algo más…

Marcos levantó las manos.

—Ya, ya.

Daniel volvió al trabajo.

Pero ahora…

No podía dejar de notarlo.

Más tarde, mientras recogían sus cosas para irse, Valeria habló:

—Oigan, deberíamos practicar la presentación pronto.

David asintió.

—Sí. Podemos hacer una simulación completa.

Luego miró a Daniel.

—¿Qué dices?

Daniel respondió sin pensar mucho:

—Sí.

Valeria sonrió.

—Perfecto.

Luego añadió:

—Podemos hacerlo mañana.

David respondió rápido:

—Yo estoy libre en la tarde.

Valeria también.

—Yo igual.

Ambos miraron a Daniel.

Daniel dudó.

—Yo trabajo.

—¿A qué hora sales? —preguntó Valeria.

—Seis.

David habló:

—Podemos empezar antes e integrarte después.

Silencio.

Daniel lo miró.

—¿Empezar sin mí?

—Para avanzar más rápido.

Esa frase.

Otra vez.

Ese mismo tono.

Ese mismo enfoque.

Daniel sintió algo.

Pequeño.

Pero fuerte.

—Claro —dijo finalmente—. Hagan eso.

Valeria lo miró.

—No es eso…

—No pasa nada.

David asintió.

—Te ponemos al día después.

Daniel sonrió ligeramente.

Pero no era una sonrisa real.

—Sí. Seguro.

Se despidieron.

Y cada uno tomó su camino.

Esa noche, el apartamento se sentía más pesado.

Daniel dejó la mochila.

Se sentó.

Y, como ya era costumbre…

Sacó el cuaderno.

Lo abrió.

Buscó una nueva página.

Y encontró otra regla.

Regla #10:

No te alejes cuando algo te importa. Es exactamente cuando deberías quedarte.

Daniel leyó la frase.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Cerró el cuaderno lentamente.

—…

Se recostó en la silla.

Pensando.

Porque sabía exactamente qué estaba pasando.

Y también sabía algo más.

No le gustaba.

No le gustaba sentirse fuera.

No le gustaba esa sensación de que algo estaba pasando sin él.

Y sobre todo…

No le gustaba la idea de perder algo que ni siquiera había empezado.

Al día siguiente, Daniel llegó a la cafetería.

Más temprano de lo normal.

Pero no para trabajar.

Para pensar.

Marcos lo vio entrar.

—Wow.

—¿Qué?

—Llegaste temprano sin turno.

Daniel se sentó en una mesa.

—Sí.

—Eso es grave.

Daniel lo ignoró.

Miró su celular.

Un mensaje de Valeria:

"Ya empezamos. Luego te contamos."

Daniel apretó el celular un poco más fuerte.

Y por un segundo…

Pensó en no ir.

Pensó en dejarlo así.

Pensó en alejarse.

Pero entonces recordó la regla.

No te alejes cuando algo te importa.

Se levantó.

—¿A dónde vas? —preguntó Marcos.

Daniel agarró su mochila.

—A no arruinar esto.

Y esta vez…

No iba a llegar tarde.




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