Manual para no enamorarse de Alessandro.

Capítulo 6.

Las costumbres peligrosas

Había empezado a desarrollar una rutina peligrosamente específica.

Despertar.
Revisar mensajes.
Encontrar uno de Alessandro.

Y honestamente, eso ya decía mucho sobre el estado de mi estabilidad emocional.

Aquella mañana su mensaje había llegado a las siete con doce.

¿Ya desayunaste o sigues creyendo que el café reemplaza nutrientes?

Lo leí todavía medio dormida y sonreí antes de poder evitarlo.

Eso también empezaba a preocuparme.

Julieta: El café tiene vitaminas emocionales.

Alessandro: Eso no existe.

Julieta: Lo dice alguien que duerme tres horas diarias.

Alessandro: Ataques personales tan temprano no.

Julieta: Buenos días para ti también, doctor.

Apoyé el celular sobre la almohada intentando ignorar el calorcito ridículo que me había dejado la conversación.

Fracasé completamente.

—Tienes cara de mensaje masculino —dijo Natalia desde la puerta de mi cuarto.

Levanté la mirada de golpe.

—¿Qué significa eso?

—Que estás sonriendo sola como persona enamorada en comercial de perfume.

—No estoy enamorada.

Natalia soltó una risa mientras abría mi clóset sin permiso.

—Claro. ¿Y yo soy mentalmente estable?

—Nunca he dicho eso.

Ella me apuntó con una blusa negra.

—Ponte esta.

—¿Por qué?

—Porque hoy vas a ver al italiano.

Parpadeé.

—¿Quién dijo?

Natalia me miró como si acabara de hacer la pregunta más tonta del mundo.

—Julieta, ese hombre te escribe todos los días, te alimenta y te mira como si fueras una experiencia religiosa.

—Exagerada.

—Correcta.

Intenté ignorarla mientras me arreglaba para ir a la universidad, aunque desafortunadamente una pequeña parte de mí sí esperaba ver a Alessandro.

Lo cual era absurdo.

Él trabajaba.
Tenía una vida.
Pacientes.
Empresas.
Responsabilidades reales.

No podía aparecer mágicamente cada vez que yo pensaba en él.

Obviamente.

A las cinco de la tarde seguía atrapada en la biblioteca terminando un proyecto infernal cuando mi celular vibró sobre la mesa.

Alessandro.

Y sí, mi corazón reaccionó como idiota.

¿Sigues viva?

Sonreí automáticamente.

Julieta: Apenas.

Alessandro: Eso suena preocupante.

Julieta: Llevo cuatro horas corrigiendo tipografías. Ya no sé quién soy.

Alessandro: Dramática.

Julieta: Sensible artísticamente.

Alessandro: ¿Ya comiste?

Julieta: Alessandro.

Alessandro: Eso no respondió mi pregunta.

Solté una pequeña risa mientras negaba con la cabeza.

Definitivamente había desarrollado una fijación conmigo y la comida.

Mi celular volvió a vibrar antes de que pudiera responder.

Sal de la biblioteca.

Fruncí el ceño inmediatamente.

Julieta: ¿Qué?

Alessandro: Sal.

Miré el mensaje unos segundos antes de cerrar lentamente la laptop.

No.

No podía ser.

Recogí mis cosas y bajé las escaleras de la biblioteca intentando no hacerme ideas raras.

Pero en cuanto salí a la calle lo vi.

Apoyado tranquilamente junto a un auto negro, con las mangas de la camisa dobladas y el celular en la mano.

Como si pertenecer a escenas de romance fuera parte natural de su personalidad.

Cuando levantó la mirada y me vio, sonrió apenas.

Y qué necesidad tenía ese hombre de verse así al atardecer.

—Hola —dijo cuando me acerqué.

—¿Qué haces aquí?

—Rescatándote de tu tragedia tipográfica.

No pude evitar reír un poco.

—Eso no era necesario.

Alessandro abrió la puerta del copiloto como si fuera el gesto más normal del mundo.

—Lo sé.

Otra vez.

Siempre decía esas cosas con tanta calma que parecían simples.

Pero no lo eran.

Porque nadie hacía tantas cosas pequeñas sin intención.

Lo miré unos segundos antes de subir al auto.

El interior olía a su perfume y a café suave. Alessandro cerró la puerta después de que entré y rodeó el auto tranquilamente.

—Natalia va a enamorarse de ti más rápido que yo —murmuré cuando arrancó.

Eso hizo que me mirara brevemente.

—¿Y quién dijo que tú no lo estás haciendo?

Mi respiración se detuvo un segundo.

Solo uno.

Pero Alessandro volvió la vista al camino como si no acabara de alterar químicamente mi sistema nervioso.

Y el peor problema de todos era que empezaba a sospechar que lo hacía a propósito. 💗



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En el texto hay: humor, romace, vida cotidiana

Editado: 02.06.2026

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