No estaba preparada para conocer a la hermana de Alessandro.
Mucho menos para que pareciera haberme adoptado emocionalmente en los primeros cinco minutos.
—Entonces tú eres Julieta —dijo Lucía mientras caminábamos por una avenida llena de luces.
—Y tú eres la responsable de que Alessandro sea tan insoportablemente correcto.
—No, eso fue mi madre.
Marco soltó una carcajada.
—Por fin alguien lo dice.
—Marco —advirtió Alessandro.
—¿Qué? Tu novia es divertida.
Casi me atraganto con mi propia saliva.
—No soy su novia.
—Todavía —corrigió Marco.
—Marco.
—Ya me callo.
No se calló.
Absolutamente nadie se sorprendió.
Terminamos entrando a una pequeña heladería italiana que, por supuesto, Alessandro conocía.
Porque aparentemente ese hombre tenía contactos en cada rincón de la ciudad.
Lucía se sentó frente a mí mientras Alessandro iba a pedir.
Y en cuanto él se alejó...
sonrió.
Oh no.
Esa era una sonrisa peligrosa.
—¿Qué? —pregunté inmediatamente.
—Nada.
—Eso fue muy sospechoso.
Lucía apoyó la barbilla sobre la mano.
—Solo quería conocerte.
—¿Por qué?
Ella me miró como si la respuesta fuera obvia.
—Porque eres importante para mi hermano.
Mi corazón dio un pequeño salto.
Mal síntoma.
Muy mal síntoma.
—¿Él habla mucho de mí?
Lucía soltó una risa.
—Julieta.
—¿Sí?
—Demasiado.
Dios mío.
Miré inmediatamente hacia donde estaba Alessandro.
Lo encontré hablando con el encargado mientras esperaba los helados.
Y por primera vez lo vi desde fuera.
No como el hombre que me gustaba.
Sino como alguien observado por las personas que más lo querían.
Y algo me llamó la atención.
Lucía tenía razón.
Él se veía feliz.
Más ligero.
Más relajado.
—Hace tiempo que no lo veía así —dijo ella suavemente.
Volví a mirarla.
La sonrisa divertida había desaparecido.
Ahora parecía sincera.
—Mi hermano cuida a todo el mundo —continuó—. Siempre lo ha hecho.
Asentí.
Eso ya lo sabía.
Lo veía constantemente.
—Pero rara vez deja que alguien lo cuide a él.
Mi pecho se tensó.
Porque era verdad.
Alessandro siempre estaba pendiente de todos.
De sus pacientes.
De sus empleados.
De sus amigos.
De mí.
Pero pocas veces hablaba de sí mismo.
Pocas veces pedía algo.
—Cuando empezó a hablar de ti fue diferente —dijo Lucía.
Tragué saliva.
—¿Diferente cómo?
Ella sonrió apenas.
—Volvió a ilusionarse.
Por alguna razón esa frase me llegó directamente al corazón.
Porque detrás del empresario exitoso.
Del médico brillante.
Del hombre seguro.
Existía alguien que también podía ilusionarse.
Que también podía esperar mensajes.
Que también podía ponerse nervioso.
Y sinceramente...
esa versión de Alessandro me gustaba muchísimo.
—¿Están hablando mal de mí? —preguntó una voz conocida.
Levanté la vista.
Alessandro acababa de regresar con los helados.
Lucía sonrió inocentemente.
—Todo lo contrario.
—Eso me preocupa más.
Marco tomó su helado.
—Confirmo que tu hermana te estaba avergonzando.
—Excelente.
—También descubrí que estás enamorado.
Alessandro cerró los ojos.
—Marco, algún día voy a despedirte de mi amistad.
Yo ya me estaba riendo.
Y lo mejor era que Alessandro también terminó haciéndolo.
Sacudiendo la cabeza con resignación.
Como alguien acostumbrado a ese caos.
Por primera vez lo vi completamente en su elemento.
No como el médico.
No como el empresario.
No como el hombre perfecto que parecía tener todo bajo control.
Sino como Alessandro.
Hermano.
Amigo.
Persona.
Y curiosamente...
creo que eso me hizo enamorarme un poco más.
Más tarde, cuando Lucía y Marco finalmente se marcharon, Alessandro me acompañó caminando hasta mi edificio.
La noche estaba tranquila.
Y por primera vez en horas estábamos solos.
—Lo siento por ellos —dijo.
—Mentira.
—Un poco.
Sonreí.
—Tu hermana es encantadora.
—Te adoró demasiado rápido.
—Creo que es de familia.
La frase salió antes de que pudiera detenerla.
Y ambos nos quedamos en silencio un segundo.
Porque los dos entendimos exactamente lo que acababa de decir.
Alessandro bajó la mirada.
Sonrió.
Luego volvió a observarme.
Y Dios.
Esa mirada otra vez.
La que hacía que todo alrededor desapareciera.
—Julieta...
Mi nombre sonó suave.
Casi cariñoso.
—¿Sí?
Él dio un paso más cerca.
Solo uno.
Lo suficiente para que mi corazón empezara a latir demasiado rápido.
—Hay algo que llevo semanas queriendo hacer.
Mi respiración se detuvo.
Porque esta vez...
esta vez ya no parecía que el universo fuera a interrumpirlos. 💗📖✨