Manual para no enamorarse de Alessandro.

Capítulo 33.

La persona a la que llamas primero

Hay una señal que indica que alguien ya ocupa un lugar importante en tu vida.

No es cuando te enamoras.

No es cuando lo extrañas.

Ni siquiera cuando empiezas a imaginar un futuro con esa persona.

Es cuando ocurre algo bueno...

y lo primero que quieres hacer es contárselo.

Julieta descubrió eso un jueves por la tarde.

Estaba saliendo de la universidad cuando recibió un correo electrónico.

Lo abrió sin prestar demasiada atención.

Esperaba alguna notificación aburrida.

Algún trabajo.

Alguna fecha de entrega.

Algo normal.

Pero no.

Se detuvo en mitad de la acera.

Volvió a leerlo.

Y luego una tercera vez.

Porque no podía creerlo.

Había conseguido la beca.

La beca por la que llevaba meses esforzándose.

La beca por la que había pasado noches enteras estudiando.

La beca que había llegado a pensar que nunca obtendría.

Por unos segundos simplemente se quedó inmóvil.

Sonriendo.

Con lágrimas acumulándose en sus ojos.

Y entonces ocurrió.

Sin pensarlo.

Sin analizarlo.

Sin siquiera darse cuenta.

Tomó el celular.

Y marcó un número.

—¿Julieta?

La voz de Alessandro respondió casi inmediatamente.

—Hola.

—¿Qué pasó?

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Por qué asumes que pasó algo?

—Porque me llamaste a las tres de la tarde.

—Eso es justo.

—¿Todo está bien?

Julieta sonrió.

Y por primera vez en toda la conversación su voz tembló.

—Me dieron la beca.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Y luego...

—¿Qué?

Ella soltó una carcajada.

—¡Me dieron la beca!

Lo siguiente que escuchó fue algo caer al otro lado de la llamada.

—¿Alessandro?

—No importa.

—¿Qué se cayó?

—No importa.

—Alessandro.

—JULIETA.

Ella comenzó a reír.

Y él también.

Porque la felicidad en su voz era tan evidente como la de ella.

—Estoy orgulloso de ti.

La frase llegó inmediatamente.

Sin pensarlo.

Sin dudarlo.

Como si hubiera estado esperando meses para decirla.

Y por alguna razón...

eso fue lo que terminó rompiendo las últimas defensas de Julieta.

Porque no dijo:

"Qué bien."

No dijo:

"Felicidades."

Dijo:

"Estoy orgulloso de ti."

Como si hubiera visto todo el esfuerzo.

Todas las noches difíciles.

Todas las veces que dudó de sí misma.

Y entendiera exactamente lo que aquello significaba.

—Gracias —murmuró.

—No.

La sonrisa podía escucharse en la voz de Alessandro.

—Gracias a ti.

—¿Por qué?

—Porque ahora tengo una excusa para invitarte a cenar.

—Qué oportunista.

—Muchísimo.

Aquella misma noche terminaron en un restaurante pequeño.

Nada elegante.

Nada exagerado.

Solo ellos dos.

Y una felicidad que parecía imposible de ocultar.

—Cuéntamelo todo.

Julieta levantó una ceja.

—¿Todo?

—Todo.

—Ya sabes todo.

—Quiero volver a escucharlo.

Ella sonrió.

Porque entendía perfectamente.

No era curiosidad.

Era interés.

Alessandro quería escucharla.

Quería verla emocionarse otra vez.

Quería compartir ese momento.

Y eso la hizo sentir increíblemente querida.

Pasaron casi dos horas hablando.

Y en algún momento Julieta se dio cuenta de algo.

Alessandro apenas había hablado de sí mismo aquella noche.

Toda su atención estaba puesta en ella.

En sus sueños.

En sus metas.

En su felicidad.

Y eso le provocó una ternura inmensa.

—¿Qué? —preguntó él.

—Nada.

—Mentira.

—Estoy pensando.

—Eso siempre me preocupa.

Julieta soltó una risa.

Luego negó con la cabeza.

—Estaba pensando que eres una buena persona.

Alessandro cerró los ojos.

—Qué frase tan peligrosa.

—¿Por qué?

—Porque cada vez que dices algo bonito siento cosas.

—Eso es problema tuyo.

—Claramente.

Los dos se quedaron sonriendo.

Y por un momento todo se sintió perfecto.

Simple.

Tranquilo.

Feliz.

Más tarde, cuando caminaban de regreso, Alessandro rompió el silencio.

—¿Puedo confesarte algo?

Julieta lo miró.

—Depende.

—Cuando me llamaste esta tarde pensé que algo malo había pasado.

—Gracias por tu confianza.

—Déjame terminar.

Ella sonrió.

—Continúa.

Alessandro bajó la mirada.

Y cuando volvió a verla había algo diferente en sus ojos.

Algo vulnerable.

Algo sincero.

—Pero cuando escuché tu voz...

Hizo una pausa.

Pequeña.

Suave.

—Me di cuenta de que, incluso si hubiera sido algo malo, igual habría querido que me llamaras a mí primero.

El corazón de Julieta se detuvo.

Porque entendió exactamente lo que significaba.

No estaba hablando de la beca.

Estaba hablando de la vida.

De los días buenos.

De los malos.

De todo.

Y mientras caminaban bajo las luces de la ciudad, Julieta tomó su mano.

Con fuerza.

Con cariño.

Como si quisiera decirle algo sin usar palabras.

Y Alessandro la entendió.

Porque ya se estaban volviendo expertos en eso.

En escucharse.

En encontrarse.

En elegirse.

Una y otra vez.

💗📖✨

Continuará...



#2457 en Novela romántica
#705 en Otros
#300 en Humor

En el texto hay: humor, romace, vida cotidiana

Editado: 17.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.