Manual para no enamorarse de Alessandro.

Capítulo 35.

La primera discusión

Todas las parejas discuten.

Las felices.

Las infelices.

Las que duran años.

Las que duran meses.

Todas.

Porque tarde o temprano dos personas diferentes terminan chocando.

Y el problema era que Julieta y Alessandro llevaban demasiado tiempo siendo perfectos.

Todo comenzó de una forma absurda.

Como suelen comenzar las cosas importantes.

—¿Entonces hoy nos vemos? —preguntó Julieta por teléfono.

—Claro.

—¿A qué hora?

Hubo un silencio.

Pequeño.

Sospechoso.

—Alessandro.

—Sí.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Alessandro.

Otro silencio.

Peor esta vez.

—Probablemente llegue un poco tarde.

Julieta suspiró.

—¿Cuánto es un poco?

—No estoy seguro.

Y ahí empezó todo.

Porque aquella semana ya era la tercera vez que ocurría.

Una cirugía.

Una reunión.

Una emergencia.

Algo.

Siempre algo.

Y Julieta lo entendía.

De verdad lo entendía.

Sabía quién era Alessandro.

Sabía lo importante que era su trabajo.

Sabía que había cosas que no podía controlar.

Pero también lo extrañaba.

Y eso empezaba a doler.

—Está bien —respondió.

Pero esta vez no sonó bien.

Y Alessandro lo notó inmediatamente.

—Julieta.

—¿Qué?

—Estás molesta.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Normalmente eso terminaba en risas.

No esta vez.

El silencio apareció.

Pesado.

Inusual.

—Solo te extraño —admitió finalmente.

La confesión salió más triste de lo que pretendía.

Y durante unos segundos ninguno habló.

Porque esa era la verdad.

No estaba enojada por la cirugía.

Ni por el trabajo.

Ni por los retrasos.

Estaba triste.

Y Alessandro lo entendió.

—Yo también te extraño.

Su voz fue suave.

Sincera.

Pero por primera vez...

no fue suficiente.

Porque Julieta llevaba días acumulando pequeñas decepciones.

Pequeñas ausencias.

Pequeños momentos donde había querido verlo y no había podido.

—Entonces deja de cancelar planes.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres segundos.

—Eso no es justo.

La respuesta de Alessandro llegó tranquila.

Pero diferente.

Julieta cerró los ojos.

Porque sabía que tenía razón.

Y aun así estaba dolida.

—Lo sé.

—No cancelo porque quiera hacerlo.

—Lo sé.

—Julieta.

—Ya dije que lo sé.

La frustración apareció.

Pequeña.

Pero apareció.

Porque Alessandro también estaba cansado.

Y también estaba haciendo todo lo posible.

—Estoy intentando estar en todos lados al mismo tiempo.

—No te pedí eso.

—Lo sé.

—Entonces no actúes como si lo hubiera hecho.

Aquello cayó entre ambos como una piedra.

Ninguno habló.

Y por primera vez desde que comenzaron su relación...

no sabían qué decir.

—Tengo que entrar a una reunión.

La voz de Alessandro sonó más seria ahora.

Más distante.

El corazón de Julieta se encogió.

—Está bien.

—Hablamos después.

—Sí.

La llamada terminó.

Y por primera vez en meses...

Julieta se quedó mirando la pantalla sin ganas de sonreír.

Esa noche ninguno escribió.

Ninguno llamó.

Ninguno hizo nada.

Y resultó horrible.

Absolutamente horrible.

Porque cuando alguien se convierte en parte de tu rutina...

su ausencia hace mucho ruido.

Julieta intentó leer.

No funcionó.

Intentó ver una serie.

No funcionó.

Intentó ignorarlo.

Definitivamente no funcionó.

A las once y cuarenta y siete de la noche seguía despierta.

Molesta.

Triste.

Y extrañándolo.

Su celular vibró.

Alessandro.

Su corazón reaccionó inmediatamente.

Traidor.

Abrió el mensaje.

Odio discutir contigo.

Y de todas las cosas que esperaba leer...

esa no era una de ellas.

Otro mensaje apareció.

Llevo tres horas intentando concentrarme.

Y otro.

No está funcionando.

Julieta se quedó observando la pantalla.

Sintiendo cómo toda la tristeza comenzaba a derretirse.

Porque podía imaginarlo perfectamente.

Sentado en su oficina.

Trabajando.

Intentando mantenerse molesto.

Fracasando miserablemente.

Finalmente respondió.

Yo también odio discutir contigo.

Los tres puntos aparecieron inmediatamente.

Bien.

¿Bien qué?

Significa que la próxima vez discutiremos menos.

Una carcajada escapó de sus labios.

Eso no es así como funcionan las discusiones.

No arruines mi teoría.

Julieta negó con la cabeza.

Sonriendo por primera vez en horas.

Y entonces apareció el último mensaje.

Por cierto.

¿Sí?

Te extraño. Muchísimo.

Su corazón se derritió.

Completamente.

Porque la realidad era simple.

No eran perfectos.

Nunca lo serían.

Pero incluso después de una discusión...

seguían buscando el camino de regreso al otro.

Y quizá eso era lo que realmente importaba.

💗📖✨

Continuará...



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En el texto hay: humor, romace, vida cotidiana

Editado: 17.06.2026

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