Cuando regresaron al salón, Julieta todavía sentía el calor de las palabras de Alessandro.
"Gracias por mirarme como si todo lo demás no importara."
No podía dejar de pensar en eso.
Porque era exactamente lo que sentía.
Podían llamarlo doctor.
Empresario.
Director.
Brillante.
Exitoso.
Pero ella...
ella solo veía al hombre que le acomodaba el cabello detrás de la oreja cuando el viento lo desordenaba.
Y, sinceramente...
ese hombre le gustaba muchísimo más.
—¿En qué piensas? —preguntó Alessandro mientras caminaban entre los invitados.
Julieta volvió a la realidad.
—En que eres demasiado querido.
Él soltó una risa.
—No exageres.
—No exagero.
Señaló discretamente alrededor.
—Llevamos dos horas aquí y como quince personas me han contado una historia bonita sobre ti.
Alessandro hizo una mueca.
—Qué vergüenza.
—¿Vergüenza?
—Sí.
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros.
—No me gusta ser el centro de atención.
Julieta sonrió.
—Lo sé.
—¿Cómo?
—Porque cada vez que alguien habla bien de ti, quieres cambiar de tema.
Él la miró sorprendido.
—¿Hago eso?
—Todo el tiempo.
Antes de que pudiera responder, una voz conocida los interrumpió.
—¡Alessandro!
Los dos giraron.
Un hombre de unos treinta años caminaba hacia ellos con una enorme sonrisa.
—¡Lorenzo!
Ambos se abrazaron con fuerza.
—Hace años que no te veía.
—Demasiados.
Lorenzo volvió la vista hacia Julieta.
—¿Y ella es...?
Alessandro sonrió sin dudar.
—Mi novia.
Julieta sintió que el corazón le dio un pequeño vuelco.
Todavía no se acostumbraba a escucharlo decirlo.
Y, honestamente...
esperaba no acostumbrarse nunca.
—Mucho gusto, Julieta.
—Igualmente.
Lorenzo observó a Alessandro con una sonrisa llena de complicidad.
—No pensé que este hombre se enamoraría así.
Alessandro rodó los ojos.
—No empieces.
—¿Qué?
—Te conozco.
—Precisamente por eso.
Julieta cruzó los brazos, divertida.
—Ahora quiero escuchar.
Alessandro negó inmediatamente.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Lorenzo soltó una carcajada.
—En la universidad decía que jamás mezclaría el trabajo con el amor.
Julieta levantó una ceja.
—¿En serio?
—Decía que no tenía tiempo para enamorarse.
Miró a Alessandro.
—Y mírate ahora.
Alessandro suspiró con resignación.
—Gracias por tu apoyo.
—No he terminado.
Julieta sonrió, disfrutando demasiado la escena.
—Continúe, por favor.
—Hace unos meses le pregunté cómo iba todo en su empresa.
Lorenzo levantó un dedo.
—¿Y saben qué respondió?
Los dos guardaron silencio.
Imitando el suspenso.
—"Muy bien... pero Julieta consiguió una beca."
Julieta abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—¡Ni siquiera estábamos hablando de eso!
Alessandro se cubrió el rostro con una mano.
—Lorenzo...
—Después le pregunté por el hospital.
Y respondió...
"Todo bien... por cierto, Julieta está aprendiendo italiano."
Julieta ya no podía contener la risa.
—¡No es cierto!
—Te lo juro.
Lorenzo negó divertido.
—Este hombre convirtió cualquier conversación en una conversación sobre ti.
Cuando Lorenzo se despidió, Julieta caminó unos pasos en silencio.
Hasta que habló.
—¿De verdad haces eso?
Alessandro evitó mirarla.
Mala señal.
Muy mala señal.
—A veces.
—Alessandro.
—Bueno...
—¿Siempre?
Él suspiró.
—Casi siempre.
Julieta sintió una ternura inmensa.
—¿Por qué?
Esta vez Alessandro sí la miró.
Y respondió con una naturalidad que le robó el aire.
—Porque eres mi persona favorita.
El mundo pareció detenerse.
No había música.
No había invitados.
No había gala.
Solo esa frase.
"Eres mi persona favorita."
No era una declaración exagerada.
No era una promesa.
Era una verdad.
Una sencilla.
Pero enorme.
Julieta bajó la mirada para esconder la sonrisa que ya era imposible contener.
—Eso ha sido peligrosamente bonito.
Alessandro sonrió.
—Lo pensé antes de decirlo.
—Se nota.
—¿Te asusté?
Ella negó lentamente.
—No.
Le tomó la mano.
Y entrelazó sus dedos con los de él.
—Solo me haces muy feliz.
Alessandro cerró los ojos un segundo.
Como si esas palabras fueran exactamente las que necesitaba escuchar.
Después besó con suavidad la frente de Julieta.
Un gesto tan delicado que casi pasó desapercibido para el resto del salón.
Pero para ellos significó todo.
Porque no era un beso para impresionar a nadie.
Era un beso que decía:
"Estoy aquí."
"Y sigo eligiéndote."
Julieta apoyó la cabeza en su hombro.
Y, mientras la música seguía sonando alrededor, comprendió que el amor no siempre llegaba haciendo ruido.
A veces llegaba despacio.
Con una taza de café derramada.
Con un vals desastroso.
Con llamadas a las dos de la mañana.
Y con un italiano que, sin darse cuenta, había convertido a una chica llamada Julieta en su persona favorita.
💗📖 Continuará...