Manuela

Capítulo 3

— ¿A qué te refieres? — Román suspiró e hizo una mueca.

— No sé nada de Fernando, llegué a la colonia y me dijeron que había muerto, pero desconocían la causa.

— Ninguno de los vecinos se presentó al sepelio — desvié la mirada hacia el grupo de mujeres y hombres que no dejaban de observarme y cuchichear.

Sentí su mano grande tomar la mía que se perdía entre la de él.

—Lo siento, estuviste sola — levanté la mirada y me encontré con una de pesar.

—Cuando detectaron el tumor en la cabeza de Fernando, ya era tarde. No se podía operar Román.

Él bajo la cabeza y apretó más fuerte mi mano.

—Cuando me fui a la guerra lo hice con la confianza que volvería pronto — hizo una pausa, sentí una gota de agua que cayó en mi muñeca — Nunca me imaginé que seria prisionero de guerra por cinco largos años. Cuando al fin pude salir, regresé esperando encontrar a mi único hermano y no pudo ser, él ya no está — levantó su cabeza y sus ojos aún brillaban por las lágrimas — Aunque estas tú Manuela, yo te cuidaré.

Negué.

— No te preocupes, yo estoy bien con mi familia.

— Este maldito pueblo tiene miles de creencias estúpidas y te deben de hacer la vida insoportable, por la memoria de mi hermano, te cuidaré y marcharé cuando vea que eres feliz.

— Román... — callé cuando los hombres se acercaron al grupo.

Se detuvieron frente a nosotros y me miraron.

— Es ella — dijo uno de los hombres, otro se me acercó y me sujetó del brazo con demasiada fuerza. Román se puso de pie con una gran rapidez como si tuviera un resorte.

— Suéltala por favor — el hombre lo miró con frialdad.

— Tu no das ordenes — me jalo con más fuerza hacia él, sentia mis piernas temblar, sobre todo cuando vi que otro de los hombres sujetó con fuerza a Román del cuello de su camisa.

— Nunca más te vuelvas a meter en nuestros asuntos —Román apretó los dientes y lo miró a los ojos.

— Es una mujer, no le hagan daño, sobre todo en su estado —mordí mi labio por que me daba cuenta que Román había notado que estaba a punto de un colapso nervioso, mi quijada temblaba y mis dientes chocaban entre sí.

— ¿Estado? — preguntó el hombre que me sujetaba — No la sacaremos a golpes por lo que nos han dicho los del pueblo de ella, no le haré daño a una mujer embarazada. Así está mi vieja en estado — abrí los ojos de la sorpresa, miré a Roman que también se había quedado de piedra.

El hombre aflojó su agarré y con cuidado se giró hacia mi.

— Tu hijo te ha salvado — hizo una mueca con su cabeza,el hombre que tenía a Román lo soltó — Agradece que mi mujer está en estado y eso me ablando el corazón, pero dile a tu hombre que no vuelva a interferir, la próxima le doy plomo.

Caminé tambaleante hacia Román, él me sujetó del brazo y me ayudó a sentarme.

— ¡Denle algo de beber a está mujer!—gritó el hombre, el que tenía a Román del cuello con resignación se giró, los vi marcharse mientras mi cuerpo temblaba por el shock en el que me encontraba.

— ¿Q...qué me iban a ha...cer?— Román sujeto mi mano.

— Parece te querían echar del supermercado, pero a las malas — senti un escalofrío recorrer mi espalda.

— Mis... vecinos — pasé la lengua por mis labios.

— Si — Román sujetó mi barbilla entre sus dedos — Por esa razón debo quedarme Manuela, vives rodeada de víboras venenosas. No puedo dejarte sola.

— Yo vivo con mi hermana y su familia.

Román asintió.

— Buscaré un lugar cerca de ti, cada mandado que hagas, yo iré contigo.

— Pero ¿tu trabajo?

Román sonrió con tristeza.

— Soy un ex militar Manuela, me pagaron todo lo que me debían, con lo que tengo puedo sobrevivir unos meses, sin derrochar.

— Renunciarás a tu vida por mi.

— Se lo debó a Fernando — Román pegó su cabeza a la pared y cerró los ojos.

— Toma — el hombre apareció con jugos, yogurts y agua, los tomé con mano temblorosas.

Él me los entregó y se marchó. Solté el aire retenido y volví a ver a mis vecinos, en sus miradas había furia.

— ¿Embarazada? Quizás de satanás, bruja —escupió una mujer que ni conocía su nombre.

Su voz sonó alta, causando que uno de los hombres girará su cabeza hacia nosotros. Sentí miedo por que ella podía exigir que me hiciera una prueba de embarazo. En el último pasillo habían de sobra las pruebas de embarazo.

— Entonces considereme satanás —ladró Román, su mirada oscura se fijo en la mujer quién no pudo sostenerle la mirada. Ella miró hacia otro lado.

Se aclaró la garganta.

— Hasta hoy se le ve señor en el pueblo — Román se puso a gatas y se acercó al grupo.

— Que usted haya perdido su bola de cristal es su problema, una palabra más en contra de Manuela y en vez de agua de la llave de su casa, saldrá tierra.

La mujer miró con furia a Román, pero no pudo soportar su mirada, ella se pegó a la pared y empezó a sollozar, Román se acercó a mi y volvió a sentarse, recostando su cabeza en la pared y cerró sus ojos.

Lo escuché respirar ritmicamente y supe que se había quedado dormido, me permití poder verlo con más atención. Era un hombre guapo, era joven, pero suponía que debido a lo que había pasado su rostro se veía mayor.

Hasta mi llegaron los cuchicheos.

<<Por eso nos está pasando esto, ese hombre huele a azufre, debe ser el mismo diablo, Dios nos guarde. Por eso no ha llovido en dos meses, por que Manuela hizo algún pacto, justo cuando la señora...>>— siguió hablando mientras yo por primera vez me permití reír, ahora que no lloviera en el pueblo era mi culpa.
Si caía un meteoro o caía demasiada agua igual me culparian, los miré con una sonrisa, provocandoles que se persinaran por que jamás me habían visto relajada ante su lengua rapaz. Siempre que oía un rumor nuevo, salía corriendo a llorar a mi habitación, pero está vez, me causó gracia su total ignorancia.

 

 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.