Mar Arcano: Las Maldiciones del Mar

Capítulo I

Las olas se movían suavemente. El agua era fría pero tranquila, como una suave brisa que sopla al amanecer. La Perla Roja se balanceada suavemente de un lado a otro junto a su compañera, la Concha Negra. Ambos eran los barcos pertenecientes al Colmillo Escarlata y la Emperatriz de los Mares, una pareja de jóvenes piratas que se aventuraban en los rincones más peligrosos de los Mares Arcanos. La Perla Roja era un enorme barco con grandes velas rojas que llevaban el símbolo de una orca con huesos cruzados. En cuanto a la Concha Negra, como su nombre lo indica, era de un color oscuro y sombrío, con velas negras y como símbolo una caracola con picos y huesos. Este barco era un poco más pequeño que su compañera la Perla. Comandados por sus respectivos capitanes, eran barcos majestuosos, únicos e inconfundibles.

Las dos naves, navegaban sin detenerse a través del Mar de Bronce, cruzando por el Monte Warclaw, una antigua montaña cubierta de nieve y grandes árboles, lugar donde según las leyendas, los hechiceros más poderosos se reunían con los dioses cuando llegaba el momento indicado. Se creía que recibían iluminación y gran sabiduría, y que todo elegido por los dioses debía viajar ahí al menos una vez en su vida para que le fuera otorgado el poder para el que estaba destinado. Además, el Monte Warclaw marcaba la frontera entre el Mar de Bronce y el Mar Arcaico, el cual se encontraba al sur del primero y se creía que era el mar más antiguo, lleno de historia.

En el interior de la Perla Roja, Bong-Cha, también conocida como Hisako, Capitana de la Concha Negra curaba con delicadeza las heridas de Jang-Seo, Capitán de la Perla Roja. Hacía algunos días que lo había salvado de una ejecución, pero aún estaba débil y necesitaba recuperarse. Las heridas eran dolorosas todavía, incluso los azotes de su espalda sangraban algunas veces. Bong-Cha había decidido encargarse de cuidar de él y darle tratamiento a su piel lastimada todas las noches.

—Lo siento —dijo ella cuando Jang-Seo dio un respingo.

—Está bien. Puedo aguantar —respondió él, tratando de sonar despreocupado como de costumbre.

El hecho de que fuera recuperando su actitud era un buen indicio de mejora. Su personalidad coqueta y altanera iba regresando poco a poco, pues los primeros días había estado muy cansado y un poco distante, intercambiando solo una que otra palabra con su tripulación. Bong-Cha notaba que se sentía avergonzado por lo sucedido, sin embargo, sus guerreros se mostraban más comprensivos que nunca.

—¿Cómo está la herida de tu mano? —preguntó el Capitán.

—Está bien, no te preocupes por eso.

Jang-Seo le tocó suavemente su mano vendada. Ella correspondió el gesto acercando su cabeza a la de él hasta que sus narices se tocaron ligeramente. Él precedió a besarla para después tomarla de la cintura y acercarla más a su cuerpo. De pronto ella se separó.

—Debo terminar con tu herida —le dijo.

—¿Por qué no mejor terminas conmigo? —murmuró él con una mirada pícara.

—Ay, Jang-Seo, eres todo un caso —Bong-Cha entornó los ojos —Debes recordar que no puedes hacer esfuerzos.

—¿Estar contigo es un esfuerzo?

La joven suspiro con una leve sonrisa.

—Sabes a lo que me refiero. Ahora déjame terminar para que puedas descansar. Necesito echar un ojo a mi nave —dijo.

—No te vayas —Jang-Seo la tomó del brazo —Quédate aquí.

—Lo haré, Jang-Seo, lo haré. Solo iré a ver cómo están las cosas.

Esta vez, él no respondió, simplemente se quedó mirándola mientras ella terminaba de limpiar las heridas de su espalda y de nuevo le colocaba las vendas. Cuando terminó, le acarició la mano, pero antes de que pudiera dar siquiera un paso, Jang-Seo la jaló, haciendo que quedara sobre él. Bong-Cha se sorprendió al ver que sus fuerzas habían aumentado en tan pocos días y mirándolo directamente a los ojos, le acaricio el rostro. Recostado en la cama, él no podía apartar sus amarillos ojos de ella. En ese momento, el deseo de estar con ella era más grande que nunca. Todo lo que quería era sentirla cerca de su cuerpo, estremecerse con su aliento sobre su cuello. Poco a poco colocó sus manos en la cintura de la chica y lentamente la acarició hasta tocar su cuello y su cabello. Le puso un mechón detrás de la oreja e hizo que se acercara más para que sus labios pudieran tocarse. Bong-Cha se entregó también a su deseo, besándolo una vez tras otra, acariciando sus brazos y su torso. Jang-Seo rodeó su cuerpo con fuerza. Sus labios se deslizaron sobre la hermosa y suave piel de su amada, cuyo cuerpo emitía un calor reconfortante.

—Bong-Cha… —él murmuró, con cierta agitación.

—Dime —ella continuó acariciando su piel.

—Te amo… —dijo Jang-Seo.

—También yo.

Bong-Cha pasó sus dedos por su largo cabello negro que casi le pasaba de la cintura. Poco después, él acarició su cuello para luego pasar a sus hombros, descubriéndolos. Tocó su espalda y sus clavículas, hasta que la joven Capitana empezó a quitarse sus cinturones y posteriormente la camisa, dejando al descubierto su blanca piel, que empezaba a oscurecerse ligeramente por el sol. Solo su pecho y sus caderas estaban cubiertos con algunas telas. Jang-Seo la besó de nuevo, con sus ojos cerrados y la pasión emanando de la punta de sus dedos. Sus manos acariciaban y apretaban aquella piel tan tersa como la de una princesa, pero a la vez endurecida por la vida que llevaban. Quería tenerla así para siempre, tocar sus piernas, sentir su roce, escuchar su respiración y saborear su labios de terciopelo.

Ella deseaba exactamente lo mismo. En ese momento lo único que se apoderaba de sus pensamientos eras las ganas sentir sus cicatrices y amarlas una por una. Eran como las hendiduras de un barco, la evidencia del sufrimiento y las batallas ganadas. La debilidad que su cuerpo había presentado tan solo unos días atrás, se desvanecía con la fuerza de su pasión por esa chica de poco más de dieciocho años a la que podría llamar Capitana no solo por dirigir una nave, sino porque era su Capitana, la mujer que lo dominaba, la única que podría decirle que hacer y él obedecería. Era como una diosa para él, era perfecta, todo lo que deseaba, tanto así que al principio había tenido miedo de aceptarlo, miedo de que ella sufriera por su culpa. Pero en ese momento, no había lugar para esos pensamientos, solo para el deseo que esa noche nunca terminara.



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En el texto hay: piratas, romance, magia aventura y fantasía

Editado: 07.01.2026

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