Pasó un rato antes de que los capitanes decidieran levantarse y continuar con sus actividades. En su barco, la Concha Negra, Bong-Cha se paseaba por la cubierta, disfrutando que nuevamente su nave atravesaba los mares.
—Capitana —Cayden, el artillero la llamó —¿Qué haremos en el Mar Arcaico?
—Aún no lo sé bien, pero tengo una inquietud.
—¿Qué es, Capitana?
—Tengo el presentimiento de que encontraremos a más de los nuestros en estas islas. Presten mucha atención.
—Por supuesto.
Cayden hizo una inclinación respetuosa con la cabeza y se retiró para ayudar a los demás limpiando la cubierta del barco. Desde donde se encontraba la joven Capitana, pudo ver a Jang-Seo al timón de su nave. Sonrió un poco al verlo de nuevo en su gloria, al mando de su navío. Con su cabello ondeando con el viento, debajo de su sombrero, Bong-Cha se colocó al frente de su barco, mirando al mar y su tripulación. La felicidad de tener frente a sus ojos a aquellas personas tan maravillosas, que la habían buscado tanto y no la habían abandonado, era inexplicable. Sabía que su lugar estaba ahí, con todos ellos y los que todavía estaban en los mares, escondiéndose de la Marina, y los que ya no estaban ahí físicamente, pero que seguían en sus memorias.
Más tarde, cuando el sol comenzaba a descender para el ocaso, llegó la hora de entrenamiento. En ambas naves, los guerreros entrenaban sus habilidades en el combate como de costumbre, incluso los capitanes entraban de vez en cuando en las pequeñas peleas. En la Perla Roja, Jang-Seo se enfrentaba a su primo. Sus espadas chocaban una y otra vez. Bong-Cha notó al joven Capitán mucho más fuerte y recuperado. Sus movimientos eran ligeros y ágiles y su expresión despreocupada hacía evidente que disfrutaba esos momentos que compartía con su tripulación. Finalmente fue Jang-Seo quien logró arrebatarle la espada a su Maestre, venciéndolo en el combate. Después de unos momentos de apuntarle al cuello con ambas espadas, le devolvió la suya a su primo y le dio un par de palmadas en la espalda. Luego se recargó en la orilla de su barco y miró a Bong-Cha. Poco a poco levantó su espada en dirección a la chica, retándola a un combate. Ella entornó los ojos, pero subió al mástil central de la Concha Negra y agarrándose de una cuerda, se lanzó al otro barco. Cayó de pie al centro de la Perla Roja y desenvainó su espada. Luego se dirigió a Jang-Seo.
—Déjeme ver si entendí bien. ¿Me está retando, Capitán? —dijo con una mano en la cintura.
—Algo así. Un combate entre capitanes no estaría mal. ¿No cree, Capitana? —respondió él.
—Hmmm, quizás, pero no creo que esté en condiciones de vencerme —señaló la joven.
—Unas cuantas heridas no son problema para mí —Jang-Seo se acercó a ella y se detuvo cuando estuvieron frente a frente a tan solo unos centímetros de distancia —¿Qué dice entonces, Capitana? ¿Acepta mi reto?
—¡Ja! Yo nunca declino. Prepárese, Capitán —Bong-Cha le dio un par de vueltas a su espada y se puso en posición de ataque.
—Soy yo quien debería decir eso —lo mismo hizo Jang-Seo.
A los pocos segundos, fue ella quien empezó la pelea, blandiendo su espada contra la de él. Una y otra vez sus espadas chocaron. Bong-Cha se movía con ligereza, deteniendo todos los ataques de Jang-Seo, quien no se detenía para nada. Los tripulantes de la Perla Roja se congregaron alrededor de ellos para ver el combate. Los miembros de la Concha Negra se acercaron a la orilla del barco para ver también la pelea.
Jang-Seo aprovechó que Bong-Cha estaba teniendo algo de cuidado por las heridas, así que la agarró del antebrazo y la empujó contra la orilla, haciendo que se le cayera la espada. Ella trató de apartarlo, pero él la agarró del cuello, obligándola a mirarlo a los ojos.
—¿Se rinde, Capitana? —preguntó él con tono victorioso.
—Jamás —Bong-Cha lo agarró del cabello y lo jaló hacia un lado para que la soltara.
Se apresuró a tomar su espada mientras Jang-Seo se sobaba la cabeza por el jalón. Luego impidió que él volviera a sujetarla, pero se ganó una pequeña cortada en la mejilla. Rápidamente movió su espada como un rayo hasta que lo acorraló contra las cuerdas. Dándose cuenta de sus intenciones, Jang-Seo se garró de un cuerda y se dejó caer de espaldas por la orilla del barco. Bong-Cha abrió los ojos como platos y se asomó por la borda, pero no lo vio a él por ningún lado. Ese momento duró muy poco, pues Jang-Seo apareció de nuevo subiendo al barco por la proa. Una vez más logró quitarle la espada a la joven. El arma voló por los aires y cayó enfrente de Hinata. La Capitana sacó inmediatamente una daga y con esta detuvo los espadazos de Jang-Seo. Sin embargo, esto no duró mucho, ya que Jang-Seo la hizo tropezarse y soltar la daga en cuanto cayó al suelo. Se colocó sobre ella y clavó la espada en la madera a tan solo unos milímetros de distancia del cuello de la chica. Ambos se quedaron mirándose unos segundos.
—¿Qué tal ahora, Capitana? ¿Cree que puede vencerme todavía? —Jang-Seo preguntó.
—Hmm —Bong-Cha sonrió, aceptando su derrota —La victoria es suya, Capitán Hwang.
Dicho esto, Jang-Seo la dejó ir. Agatha le entregó su espada a Bong-Cha en cuanto esta se levantó.
—Esto no ha terminado, Capitán. Solo fue una batalla en nuestra guerra —enunció la pelinegra.
Jang-Seo se volvió en su dirección y envainando su espada, se dirigió a su compañera.
—Ya veremos que sucede en la siguiente batalla —dijo con una sonrisa pícara.
Al anochecer, pocos miembros de las tripulaciones se encontraban en la cubierta, la mayoría ya se habían ido a descansar. Aquel había sido día de entrenamiento y estaban exhaustos. Los vientos no estaban a su favor así que su entrada al Mar Arcaico estaba llevando mucho más tiempo del que habían calculado, a pesar de que Yeong-Seok en ocasiones utilizaba su magia para contrarrestar el viento soplaba en dirección contraria.
Jang-Seo se encontraba en la proa de su nave, echado junto a un mástil mientras afilaba sus armas, escuchando el sonido de las olas y disfrutando del balanceo de la Perla Roja. En eso, alguien llegó por detrás y le tapo los ojos con la mano. Jang-Seo sabía perfectamente quien era.
Editado: 17.01.2026