Bong-Cha abrió los ojos y miró a su alrededor. Todo estaba envuelto en un humo gris oscuro y ella se encontraba recostada en un suelo frío y seco. Se incorporó apurada y rápidamente se puso en pie.
―¿Jang-Seo? ―llamó, pero nadie respondió ―¿Jang-Seo, estás aquí?
Se alcanzaban a escuchar suaves murmullos, sin embargo, la chica no podía entender lo que decían ni podía detectar de dónde venían. Todo estaba cubierto por esa sombra tan familiar y tan desconocida a la vez. Las voces se desvanecieron luego de unos minutos, dejando a Bong-Cha sola de nuevo.
―¿Hay alguien ahí? ―exclamó y tomó su espada sin desenvainarla.
Una voz femenina acompañada de un eco sombrío habló a través de las tinieblas.
―Vienes de la sombra y en la sombra te haz de convertir.
―¿Quién eres? ―esta vez Bong-Cha desenvainó su espada ―Muéstrate.
―El velo de la oscuridad cubrirá tu alma.
La Capitana apuntó con su espada en diferentes direcciones, buscando de dónde provenía aquella voz.
―Te entregarás a las tinieblas de tu interior.
―¿Qué es lo que quieres?
―¡El fantasma de la oscuridad descansa en ti! ―la voz se intensificó.
―¿Qué quieres decir con todo eso? ¿Qué cosa eres? ¡Muéstrate ya!
―¡Tú eres el eco de las sombras! ¡El canto de la noche resuena en tu voz! ¡Los gritos del abismo saldrán de tus entrañas!
―Ya basta ―gruñó la pelinegra.
―¡Le darás aspecto a lo desconocido! ¡Tus ojos revelarán lo oculto!
―¡¿Qué quieres de mí?!
―Entra en el umbral de tu verdad.
Con esta última frase el humo se disipó, revelando un bosque seco con grietas que atravesaban la tierra. Bong-Cha buscó a la dueña de aquella voz etérea, pero estaba ella sola en aquel lugar. No muy lejos, las ruinas de lo que parecía ser un templo antiguo se alzaban entre los árboles secos. La chica guardó su espada y fue hacia el templo. Las columnas que quedaban en pie eran gigantescas, adornadas con grabados en un lenguaje extraño que se extendían por las paredes. Algunas de estas estaban rotas pero otras sostenían una cúpula con la pintura de una mujer celestial. Al centro de aquel único salón que quedaba en pie, una escultura de la misma mujer se alzaba majestuosamente. Bong-Cha reconoció la imagen de la Diosa de la Luna. Bajó la cabeza y se arrodillo ante la escultura. En ese momento, las inscripciones se iluminaron y rodearon la figura de piedra. Ésta comenzó a tomar color, revelando a la verdadera Diosa. Su largo cabello tenía el color azulado del cielo nocturno, su piel era tan blanca como el brillo plateado de la luna, sus ojos eran dos estrellas azules, su armadura demostraba la fuerza guerrera de la noche y la corona en su cabeza guardaba el poder de la oscuridad.
Bong-Cha evitó mirarla a los ojos, manteniendo la cabeza baja, pero la hermosa mujer se inclinó para quedar a su altura. Suavemente le levantó la cabeza hasta que los ojos oscuros de la Capitana se encontraron con los suyos.
―La Emperatriz de los Mares no debe inclinarse ―pronunció con su eco.
―Señora de la Noche, perdone mi interrupción a su templo.
―No hay razón alguna para disculparse. Levántate.
Bong-Cha se puso de pie.
―¿A qué me ha llamado? Soñar con los dioses sólo puede significar que uno ha sido convocado por ellos. ¿Pero, qué podría alguien como yo ofrecerle a la Señora de la Noche? ―dijo.
―Ay, mi niña, poca es la confianza que en tu persona tienes. Las dudas sobre tu pasado aún circulan en tu cabeza.
―¿Usted... sabe acerca de mi pasado?
―Mi niña, los Dioses sabemos todo lo que sucede en este mundo, pero la intervención está prohibida. Son los hombres los dueños de su propio destino.
―Usted es la noche, usted es la sombra, no solo la sombra de los cielos... es la sombra de los recuerdos de los hombres.
―Lo soy. Pero no soy la sombra que ciega, soy la sombra que guarda. Yo soy aquella que guarda el verdadero poder de la oscuridad que he otorgado a los hombres.
―Usted es la verdadera portadora del poder que llevo en mi sangre.
―Yo soy la creadora del poder que llevas en tu sangre, sí, pero no su portadora.
―¿Qué quiere decir?
―Te he llamado a través del Reino de los Sueños no para pedirte algo como tú esperas, he venido a darte este mensaje. Cuando llegue el momento deberás entregar tu alma a las tinieblas que llevas en tus venas, dejar salir al fantasma de tu oscuridad y convertirte en una con la sombra.
―¿Qué quiere decir?
―Tu misma deberás buscar el significado de mis palabras, Pues no eres la única que ha recibido el mensaje de los dioses.
La figura de la Diosa comenzó a desvanecerse, transformándose en pequeñas partículas azules.
―No, espere, no comprendo. ¿A qué se refiere? ―Bong-Cha trató de alcanzarla, pero su cuerpo ya se había desvanecido casi por completo.
―Vienes de la sombra y en la sombra te has de convertir.
Al abrir los ojos, la Capitana de la Concha Negra se encontró con la madera de la Perla Roja. Las ruinas del templo habían desaparecido. A su lado, Jang-Seo despertó también, reparando en lo inquieta que estaba la chica.
―¿Estás bien? ¿Qué tienes? ―le preguntó cariñosamente.
Bong-Cha se quedó en silencio unos momentos, repasando en su cabeza el sueño que acababa de tener. La misma Diosa de la Luna y de la Noche había hablado con ella. ¿Podría Jang-Seo creer en algo así? Ella suspiró.
―Tuve un sueño extraño ―dijo.
―¿Quieres contarme? ―le instó él.
―Creí ver a Selmyra.
―¿Selmyra? ¿Hablas de... la Diosa?
―Si, ella misma. Me habló en sueños. Dijo que venía a darme un mensaje, pero no logro comprender nada de lo que mencionó ―explicó la joven ―Los Dioses hablan con palabras complicadas ―añadió.
Editado: 04.04.2026