Satiah miró desde la popa el rastro que dejaba la Concha Negra sobre las antiguas aguas del Mar Arcaico. Su cabello negro y largo pasando la cintura ondeaba con el viento, adornado con accesorio de oro y una corana con la cabeza de una serpiente al centro. Su vestimenta era blanca para reflejar la luz del sol en el desierto y ligera para refrescarse con el viento.
—¡Hemos llegado a tierra firme! —escuchó gritar a Cayden, el primer oficial de la Capitana.
Era la Isla de Olivos, un pedazo de tierra color olivo con árboles no muy altos pero frondosos. La Concha Negra y la Perla Roja se detuvieron en la costa oeste para desembarcar. Luego de anclar los barcos, los Capitanes, sus manos derechas y la princesa de Sahamaria bajaron.
—Los demás esperen aquí. No sé cuánto tiempo nos lleve, tal vez unos tres días —indicó Jang-Seo.
—Como usted diga, Capitán —asintió Ronald.
El pequeño grupo se adentró en la Isla de Olvidos, escalando algunas colinas que los llevaron hasta una aldea sencilla pero bulliciosa.
—Compremos algunas provisiones —el Capitán dijo.
Se separaron momentáneamente para reabastecerse más rápido. Satiah se acercó a un puesto de frutas en muy buen estado y tomó algunas. A su lado, una mujer con una capucha compraba también algo de comida. A la princesa le extrañó que en sus manos llevara anillos y pulseras lujosas. Si aquella era una mujer de prestigio, ¿qué estaba haciendo en un aldea tan simple? Satiah trató de ver su rostro, pero aquel cabello rubio terminaba de cubrir lo que la capucha no. Sin embargo, algo colgando de su cuello llamó su atención. Era un medallón con unas runas alrededor de un hacha de doble filo talladas en él. La sahamariana reconoció ese símbolo al instante, pero decidió no hacer un alboroto ahí, en cambio, la siguió discretamente cuando se disponía a retirarse. La rubia salió de la aldea rumbo al norte de la isla, y fue en ese momento que Satiah decidió interceptarla.
—Detente ahí —le dijo apuntándole con su espada.
—No busco problemas —la rubia levantó las manos.
—Cualquiera que vengan de Kriggard al Mar Arcaico busca problemas —espetó la princesa.
La otra tomó rápidamente su medallón y lo ocultó entre sus ropas. Aquella mujer conocía perfectamente el símbolo de su hogar, así que supuso que sería de algún reino enemigo.
—Date la vuelta —Satiah continuó.
La rubia llevó su mano lentamente a su espada y repentinamente se volvió en dirección a Satiah y la atacó. La de cabello adornado se defendió deteniendo sus fieros ataques. Entre espadazos, la princesa logró quitarle la capucha a su enemiga, revelando su rostro de piel blanca y ojos azules adornado con pintura negra y azul. El ruido de las espadas chocando llegó hasta oídos de los piratas, quienes alarmados se reunieron de nuevo.
—¿Dónde está Satiah? —preguntó Bong-Cha.
Todos negaron con la cabeza, no sabían a dónde se había ido.
—Mierda —la pelinegra se quejó y echó a correr al norte, seguida de Jang-Seo, Cayden y Yeong-Seok.
No tardaron en encontrarla luchando contra la chica de cabello rubio vestida con pieles de animales. Bong-Cha se lanzó inmediatamente a ayudarla, usando su poder de sombra.
—¡Es kriggardiana! ¡Debe ser una espía! —Satiah exclamó al ver a su grupo.
—¡No soy una espía! —repuso la mujer de Kriggard.
—¡¿Entonces qué haces aquí?! —la sahamariana interrogó.
—¡No tengo que responderte nada! ¡La razón por la que he venido no es asunto suyo!
—¡Lo es para mí y para mi reino!
—¿Tú reino?
—¡Sahamaria!
—¡No sigas hablando con ella, Satiah, sólo quiere distraernos! —gritó Bong-Cha lanzando una daga contra su contrincante.
Aquella chica era realmente hábil, podía luchar contra ambas, incluso cuando usaban su magia.
—¡Esperen! —ésta soltó su espada.
Las otras dos le apuntaron con sus armas. Jang-Seo, quien había ido por refuerzos, regresó acompañado de más de los suyos, pero se tranquilizó al ver a la kriggardiana desarmada.
—No vas a engañarnos —Bong-Cha dijo hostilmente.
—Sólo escuchen lo que tengo que decir.
—Entonces habla ya.
—Mi nombre es Aesira y soy la hija del Rey Henerik de Kriggard. Estoy en busca de la Portadora del Destino para salvar a mi reino de caer en la ruina.
—¿Cómo sabemos que lo que dices es cierto? —Satiah cuestionó.
—Toma mi espada, verás ahí el símbolo de mi reino y las runas reales, aquellas que sólo pueden ser llevadas por miembros de la realeza.
Al escuchar esto, Bong-Cha agarró la espada de la princesa. Lo que decía era cierto, las runas reales estaban grabadas en la hoja y el símbolo de Kriggard se encontraba incrustado en el mango. Jang-Seo lo miró también.
—Es auténtico —dijo.
Satiah bajó su espada al escucharlo.
—Mi padre está bajo la influencia de un brujo originario de Kilaxe, e hizo que aceptara la alianza con ellos. Quieren apoderarse del Mar Arcaico, ya que es el más antiguo y uno de los más influyentes —Aesira explicó y se volvió en dirección a Satiah —Vienen por Sahamaria y no falta mucho para que la guerra comience.
Editado: 10.06.2026