'Los años felices'
Tercera Persona.
Ese día 12 de septiembre, del año 1881, Dalina Fontes le dijo que sí al amor de su vida.
—¡Quiero casarme contigo!
Pusieron el grito en el cielo, todos se enteraron de que iban a casarse, y con las alimañas ya en otro lugar, la boda llegó un 26 de febrero de 1883. Su hijo, Robin Hemsworth fue quién llevó las argollas hasta el altar, acompañado de quién era prácticamente su tía, Louise, ahora Katrina Castadell.
Por otro lado, no todo fueron buenas noticias. Esta descubrió que era estéril y no podría darle hijos a Faraday, quién ahora se hacía llamar Arthur Palentis, y esto ocasionó más de un problema que poco a poco iban solventando.
De todas formas, Dalina descubrió su segundo embarazo días después de la boda. Una noche de novios movida, visto lo visto.
El 19 de diciembre del mismo año, Issabela Hemsworth llegó a sus vidas.
A día de hoy, 23 de junio del año 1888, vivían tranquilos en su casa en Pueblo Veneno.
—¡Issabela! —la llama Dalina desde la cocina. —¡Cuidado, por favor!
Vivían de la pesca y agricultura. Los supermercados Nook acogieron a varios tripulantes cuando el pueblo se amplió, ahora tenía más de cien habitantes y más de un negocio en el que se encontraban involucrados los tripulantes, sacando de ahí ingresos. Ya no era Anders Hemsworth, ahora era Xavier Dosantos y su mujer era Ana Ferreira. Por lo tanto, sus hijos eran Dossantos y Ferreira, aunque ellos siempre les habían contado su historia como un pasado tenaz. Le dolía perder su apellido, pero entendió los motivos. Ya nadie conservaba su antigua identidad.
Anders Hemsworth aparece por el pasillo de la cocina, sus treinta y tres años eran certeros y lo tenían como un roble. Las arrugas apenas eran notorias en su rostro, la barba de varios días le daba ese aire viril que siempre había tenido.
—Anders, ¿llevas tú a los niños al colegio?
El capitán asiente. Seguían llamándolo así, a pesar de la inminente jubilación de Veneno en cuánto volvieron de la isla Narvae. Parecía que no, pero eso había causado más de un problema, especialmente en lo mental, por eso es que decidieron dejar la marinería a un lado, aún siendo su gran pasión, y continuar con una vida en paz.
Por ejemplo, Julie Laferte no había conseguido recuperarse de la muerte de su amado, es por eso que, aunque ya estaba más estable, tuvo que estar internada en la institución mental de Pueblo Lobo y darle allí sus primeros años de vida a su hijo, Oddin.
—¡Issabela! —la llama Anders de nuevo. —¡En cinco minutos nos vamos!
Su hija, a pesar de tener solo cinco años, tenía una mente privilegiada. En el colegio de Pueblo Lobo les habían dicho en repetidas ocasiones que era superdotada, que podría comerse el mundo si así lo deseaba. Dalina sabía que eso había salido de la vena Hemsworth.
Anders termina de colocarse la camisa y se dirige hacia la ventana aledaña al jardín. Allí, dirige su mirada hacia la pequeña cruz enterrada en un macetero donde ponía 'C.M'.
Suspira, deseando volver a disfrutar de las risas, de su amistad pura y sin malicia con Craber Monterrey, aquel hombre que aún no había podido olvidar. Dalina se acerca, colocándole la mano en el hombro a sabiendas de lo duro que fue perder a su mejor amigo.
Pero él no era el único que no le había superado; parece ser que es por la sangre, que no tiene dote de superar el pasado, ya que a su vez, Sohnya Hemsworth, viviendo en la piel de Maria Dossantos, jamás superó el romance extramarital que tenía con esa mole de músculo.
Y es que era difícil hacerlo, sobre todo sabiendo que él le dejó una hija, Iolanda, la cuál fue la causa de su inminente divorcio con Percy.
—Iolanda, —le dice a su hija ya casi lista para ir al colegio. —El barco del tío sale en cinco minutos y no vamos a llegar.
—¡Ya voy, mamá! —contesta la niña de ocho años apenas.
Como su hermana advertía a su sobrina, en menos de cinco minutos, Anders se despidió de su esposa y andó hasta el puerto, donde se subió a Veneno, vieja pero todavía estable, en dirección a Pueblo Lobo. Ya no era un medio de trabajo, más bien un transporte.
—¡Anders!
Oye la voz de su hermana justo antes de guardar la tabla.
Se asoma, viendo a la pequeña Iolanda correr hacia el barco.
Baja de nuevo la tabla y la cría sube por ella, despidiéndose de su madre previamente.
Al llegar arriba, abraza a su tío.
—¡Pero bueno! Querida, la impuntualidad no es de ser buena marinera. —dice él en un tono irónico haciendo reír a su sobrina.
Se asoma con cuidado permitiendo que la niña se despida de su madre.
—Voy a estar preparando unas cosas en la ferretería. —le dice Sohnya desde abajo mientras él guarda la tabla con la manivela que habían implementado para ello. —Pásate luego y tomamos algo.
El capitán asiente, dejando a la niña en el suelo. Esta fue a saludar a sus dos primos, feliz.
***
El capitán hizo todo lo debido aquella mañana. Dejó a los tres terremotos en el colegio, fue a hacer una revisión a un supermercado, ya que proveía hortalizas y frutas de su huerto y quería revisar, descubriendo que el margen de venta era bastante alto.
Hizo el trayecto de regreso a Pueblo Veneno, algo que le toma aproximadamente cinco minutos diarios. En cinco horas y media debía volver a por los niños al colegio, donde Calamity Woods, bajo el nombre de Catalina Ebassen, hacía de rectora.
Cuando llegó al pueblo que había fundado, salió del puerto y se dirigió hacia la ferretería que dirigía su hermana. Allí, vio la placa conmemorativa a su mejor amigo en la plaza del ayuntamiento, dirigido por Thalita Reid, quién alguna vez se había llamado Rhea Morgan. Se le saltaron las lágrimas, pero decidió seguir recto hacia la ferretería.