Mar de Ladrones ✓ [1]

CAPÍTULO 41

'Doncella de hierro.'

Anders. 

30 de marzo.

—¿Ha... hacia donde vamos...? —pregunto con el mareo atravesándome cuando apretan un torniquete en mi pierna, cubriendo la herida.

Me arde todo el cuerpo, busco a Dalina con la mirada que está siendo atendida por Julie.

—Estamos yendo hacia el único lugar seguro que tenemos, capitán. —contesta Craber desde el timón. La curandera pasa un trapo templado por mi frente. —Hacia Cala Sawzky.

Pierdo la noción del tiempo y en un rato, que para mi son diez años, llegamos a Cala Sawzky.

Suben las anclas y el barco se detiene en un sonido sordo.

Bajan la tabla y entre Craber y Faraday, me levantan y bajo por esta misma. 

Korol'. —me llama el ruso cuando estamos sobre la arena. Trato de apoyar el pie pero el ardor me hace gruñir y no lo intento más. —Súbase aquí.

Me subo a su espalda y como si fuera un niño pequeño, me carga de nuevo hasta la entrada del pequeño pueblo familiar.

Con un flashback atravesando mi mente, andamos hasta la puerta de la casa de la mujer que nos recibió meses atrás, Milla Sawzky.

Tocamos la puerta, posicionandonos de forma atumultada frente a la puerta. La mujer abre segundos después y su sorpresa, mezclada con felicidad al vernos es evidente. 

—¿Q-qué hacéis aquí? —titubea. 

—Hemos tenido problemas de nuevo... —me sostengo con el marco de la puerta. —Y hemos vuelto aquí. —le sonrío.

La mujer se queda del color de un papel, para luego abalanzarse sobre nosotros, para luego abalanzarse sobre su hijo y su nuera.

—¡Os he echado de menos! —dice mientras nos trata de abarcar a todos con sus pequeños brazos. —¡Vamos a contarle a los demás!

Sale corriendo hacia una puerta y nos miramos entre todos, para luego seguirla. Toca la puerta de la casa contigua a la suya, y a los pocos segundos sale la segunda hermana de la familia, Frai Sawzky.

—Milla, ¿qué...? —empieza a hablar pero una emocionada Milla no la deja seguir.

—¡Los visitantes han vuelto!

Aparecemos de detrás de ella, que tiene exactamente la misma reacción, palidece.

Segundos después, como si la felicidad la hubiese atacado de repente, nos abraza. Después de saludarnos a todos, entramos dentro de su casa. Echo una ojeada antes y diviso una casa que, sino mal recuerdo, antes no estaba.

—¿Y esa nueva casa? —cierro la puerta atrás de mí mientras mis tripulantes se sientan en el sofá del salón de Frai Sawzky. 

—Tu madre, hija. —le dice, dirigiéndose a Enerah. —Estaba aburrida de la ciudad y ha venido aquí. 

—¿Ursule... vive aquí...? —tartamudea la chica. Me siento en el sofá.

Su tía asiente con la cabeza. 

El tema parece zanjado y Milla habla.

—¿Qué ha pasado? —me pregunta, sentándose a mi lado. —¿Qué os trae por aquí de nuevo? 

—Han atacado West Plate. —miro hacia la tele, señalandola con la cabeza. —Poned el GCN, seguro que están hablando de ello.

—¿Os han herido?

—A mi y a ella —señalo a Dalina— un disparo en una pantorrilla, pero nada más que eso y algunos golpes.

Milla asiente y enciende la televisión que esta sobre un cristal frente a la chimenea. Pone el número del GCN.

El ataque a West Plate ha sido devastador. Los soldados de la Guardia Real han atacado la ciudad cerca del mediodía, buscando al nuevo alcalde de la ciudad, Saller Duponte. Sin embargo, no lo han encontrado y ahora se encuentra en paradero desconocido. 

Se planeaba algo en contra del alcalde, pero los platinos del oeste han sacado sus mejores armas y han contraatacado; hamuerto siete soldados y veinte ciudadanos, registrando este como un ataque bastante sangriento hacia la ciudad.

Por otra parte, unos carteles han aparecido por cada esquina de la ciudad.

Muestran el cartel en pantalla y siento mi mundo caerse abajo, siento que me fallan las piernas aún estando sentado, la cabeza me empieza a palpitar y los ojos se me empañan aún cuando confirman lo que todos sabíamos que Jason iba ha hacer.

El cartel, como cuando se buscaba a alguien en el Antiguo Oeste, es una foto mía en blanco y negro, pero en vez de <<Se busca>>, las letras que relucen en rojo, en grandes y brillantes, son <<Traidor>>.

Miro hacia abajo encontrándome con el subtexto que me lleva a entender que no voy a poder volver a West Plate.

Este es vuestro querido capitán. Vuestro tan adorado héroe, que para que no le hicieran nada, ha desvelado la posición de la casa de Saller Duponte. ¡Por eso ha huido! ¡Muerte al capitán!

Trago fuerte mirando hacia Milla al notar miradas sobre mí.

—¿Eso... es verdad? —oigo la voz de Frai desde el otro lado del gran sofá.

Trago con fuerza de nuevo, tratando de bajar el nudo que se ha formado en mi garganta de nuevo, impidiéndome hablar. Finalmente, lo logro para pronunciar.

—Sí. —oigo el suspiro de algunos de mis tripulantes, e incluso de Milla. —Pero tiene una justificación.

—¿Sí? —miro a Aldous, que me encara.  —¿Cuál, capitán? ¿Qué no te hicieran daño? ¡Ahora todos somos unos traidores, no podremos volver a la ciudad en la que hemos nacido por tu cobardía!

—¡Aldous, ya! —le grita Faraday, saliendo en mi defensa.

—Hay un motivo y no soy yo la razón principal. —digo en un hilo de voz, sintiéndome mal por lo que ha dicho pero sé que es cierto; ahora ninguno de mis tripulantes, y si se llega a saber, los de Cala Sawzky tampoco podrán acercarse a West Plate por culpa mía. —Les dije la ubicación de Saller porque... porque... —miro a Dalina, tartamudeando por el nerviosismo de que me juzguen. —tenían a Dalina. La estaban amenzanando y no podía permitir que la mataran.

El silencio se hace en la sala, algunos de los navegantes se miran entre ellos, noto como Dalina posa su mano en mi muslo y me sonríe, hice lo correcto.




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