Mar Dorado

Mar Dorado

La luna, blanca, pálida y resplandeciente en esta noche de febrero; entra sutilmente por el ventanal circular sobre mi; no la veía tan hermosa desde hace tiempo, tal vez hace años siquiera detallaba en ella. Levanto mi mano como si fuera siquiera posible alcanzarla, como si con el poder me mi mente pudiera, con mínima posibilidad, aferrarme a ella y alejarme de aquí; pero sé que es en vano. Una risa, dos risas, tres risas; me recuerdan que no estoy sola, cómo quisiera que fuera de ese modo.

- Miren como se hunde, - pronuncia uno – al fondo!, al fondo!, al fondo!

Repiten en grupo una y otra vez su incesante y monótono cantar, quisiera no oírlos, quisiera que no tuvieran razón, pero noto como cada vez más esa luna hermosa y perfecta me deja atrás centímetro a centímetro.

Me impulso nadando en este mar imposible, se siente liquido, pero su solidez granular es aun peor que intentar luchar con el mar, estoy rodeada de maíz, miles de granos de maíz. Su olor me recuerda las ya lejanas tardes de recolección con mi padre y mi hermano, con las manos heridas pero con los cestos llenos del fruto color oro que sostiene nuestra vida. Ahora me la quita.

Siento como el peso de mi propio cuerpo desplaza los granos debajo de mi, como mi boca empieza a llenarse de él al intentar tomar bocanadas de aire cual nadador amateur, pero no sirve de nada, me hundo sola, en un silo de maíz junto a mi casa; ahogada por aquello que era nuestro sustento.

Aquellas tres sombras risueñas se desvanecen frente a mis ojos al momento en que ya mi cabeza se ha sumergido en este mar dorado. Sus risas no cesan y mi respiración si. En el fondo de mi angustia y mi desesperación por seguir en este mundo, recuerdo que sigo en casa, en la casa donde he vivido por dieciséis años, en donde las cosas siempre se hacen de la misma manera, la manera que nos da de vivir. Una pequeña chispa se enciende dentro de mí y mi mente no cesa de decir <<Mañana>>.

Seguro me encontraran mañana, solo debo resistir unas cuantas horas mas, mi padre en su rigidez con su trabajo de agricultor siempre vacía el silo la última mañana de cada mes, los camiones de transporte vienen a aprovisionarse y llevar el producto a las fabricas; tal vez si logro mantener mis fuerzas un poco mas, si lucho un poco mas, este no sea el fruto que me asesine, sino el que me salve.

Logro encontrar en mí una fuerza renovadora, interior y majestuosa, la fuerza de la esperanza, aquello último que se pierde. Con dicha fuerza me impulso y de mala gana el grano cede, he podido salir de nuevo a flote. No importa cuantas veces deba hacerlo, se que no moriré en este lugar, me hundire y volveré, solo debo aguantar unas horas mas. Las sombras se han ido, sus risas ya no resuenan en el infinito vació que me separa de la salida. Por mas increíble que parezca me siento sola, sola con la luna y con mi mente. Ahora que siento de nuevo como me engulle de este mar dorado, mis ojos se llenan de lágrimas y la luna se deforma ante mi.

- Es año biciesto.




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