Mar En Llamas

Capitulo 2

Observo como Sylvan habla con mi madre sobre los avistamientos de barcos piratas que ha habido durante estos dos años, dos años desde la última vez que lo vi.

El desvía la vista de mi madre hacia mí y me dedica una sonrisa fugaz, le devuelvo la sonrisa y doy media vuelta para ir hacia mi habitación.

-Lo extrañabas ¿No es así? – dice Celine quien avanza a mi lado.

-Si – respondo – Lo extrañaba, así como tu extrañabas a Hadad.

Hadad es el hada protectora de Sylvan, solo que en este caso él es hombre.

-Como no extrañarlo – suspira Celine y yo niego con la cabeza divertida por su comentario.

Escucharla hablar de Hadad es como escuchar a alguien hablar de su pasatiempo favorito o de lo que más le gusta, habla de Hadad con tanta dulzura y cariño que incluso me cuesta reconocerla, no niego que sea cariñosa, ¿Pero verla así por un hombre? es otra cosa completamente distinta.

Subimos las escaleras con tranquilidad, cada una con una sonrisa ilusionada.

Camino hacia las escaleras que llevan a la torre más alta del palacio de la manera más silenciosa que puedo.

Después de la reunión con mi madre, Sylvan me pidió verlo a media noche en la torre en la que lo vi de cercas por primera vez. Fue cuando el llego al palacio como aprendiz de soldado con tan solo quince años. Yo en ese tiempo tenía la misma edad, sin embargo, me causaba curiosidad quien sería el nuevo soldado y guardia del palacio. Cuando el llego ya había desarrollado la habilidad de convertirse en dragón, por lo que su destino estaba prácticamente escrito, creo que eso era lo que más curiosidad me daba.

Recuerdo que cuando nos conocimos había subido a la torre más alta por la vista de estrellas…y al final resulto que él estaba ahí, sentado en la torre viendo la noche de estrellas más bella de todo el año, desde ese día todas las noches nos veíamos en esa torre, fue así hasta que tres años antes empezamos una relación romántica, lamentablemente un año después se fue a las tropas de expedición, por suerte cada semana nos mandábamos cartas.

Al llegar a la puerta del inicio de las escaleras de la torre miro a ambos lados viendo si alguien se acerca…y al no ver a nadie abro la puerta, tomo un candelabro y empiezo a subir. No tardó demasiado en llegar al final, al por fin estar frente a la puerta del final dejo el candelabro en el suelo y abro la puerta…y lo veo, recargado en el borde de la torre y viéndome con los ojos llenos de ilusión y de amor.

-Pensé que te tardarías en llegar – confiesa al verme

-Solo me tarde una noche en llegar y fueron tan solo diez minutos – le recuerdo acercándome a él.

-Fue en nuestro aniversario – me reprocha y opto por guardar silencio – Ven aquí, cielito.

No lo dudo ni por un instante así que me acerco a él y lo rodea con mis brazos, por dios. Mi cuerpo responde antes que mi mente, siento como cada parte tensa de mi cuerpo se relaja con el contacto del cuerpo de Sylvan, cada parte de mí se tranquiliza mientras el me acaricia la espalda y el cabello con delicadeza y cariño.

- ¿Ya sabes el motivo de tu cabello de por qué tu cabello es plateado? – me pregunta y yo asiento lentamente.

-Mi madre me dijo que cuando estaba embarazada de mi hubo un ataque por parte de los piratas, me dijo que esa ocasión si lograron entrar a tierra y que robaron parte de la magia, dijo que todos los bebes de ese entonces sufrieron en algo, pero ninguno sufrió cambio en físico, el cambio físico fue solo en mi caso – le explico y el me mira confuso.

-Pero tú y yo nacimos casi por las mismas fechas, por lo cual cuando fue ese ataque, que es el más común de toda de la historia, nuestras madres estaban embarazadas de nosotros, y yo no sufrí ningún daño – aclara al ver mi rostro confuso.

-Eso es imposible – susurro.

-Seguro es algo más, o quizás tenga algo que ver con que tu marca es distinta a las demás – dice señalando mi mano derecha.

Observo mi brazo, es cierto que mi marca es distinta, mi fénix no está solo como en las demás marcas de las demás personas, la mía es un fénix con las alas extendidas, una sirena debajo de él y dos espadas cruzadas arriba del fénix, nunca supe el significado.

-Lo dudo mucho, de ser el caso mi cabello se habría vuelto plateado el día que fui llevada con el Fénix – le digo

-Es que, en ese caso, ya no me quedan explicaciones al color de tu cabello – me mira a los ojos como intentando buscar una razón.

-Le estamos dando demasiadas vueltas – niego con la cabeza restándole importancia – Quizás simplemente es así y no hay algún motivo.

-Puede ser – Su rostro se frunció ligeramente como si estuviera analizando algo – Hay algo que debes saber.

Mi tranquilidad se esfuma de la nada y siento como todo mi cuerpo entra en tención total a causa de la manera en la que lo dice.

-Pero antes – se arrodilla y abre una pequeña cajita.

Con ese simple gesto consigue que el aire se escape de mis pulmones y que mi corazón se paralice por un momento, no puede ser cierto lo que está a punto de hacer.

-Thais Evanson – dice con tranquilidad, pero noto sus hombros tensos - ¿Quieres ser mi esposa?

Ahogo un grito mientras él me mira con impaciencia.

-Y-yo…yo… - tartamudeo - ¡Acepto! – dije recuperándome de la impresión.

El me coloco el anillo con una sonrisa emocionada, cuando me lo puso, él se puso de pie y me tomo por la cintura para elevarme en el aire. Sonreí emocionada ante lo que acababa de pasar…pero recordé lo que dijo antes de proponerme matrimonio.

- ¿Qué era lo que me querías decir? – le pregunto en cuanto me baja al suelo.

El suspira y mira hacia el horizonte, hacia el mar.

-El mar ya no es seguro, Cielito – dice tras dudar por un momento.

-Nunca lo ha sido – le recuerdo.

-Pero antes podíamos navegar en el Mar De Las Sirenas, incluso había días en los que también podíamos navegar en El Mar En Llamas – dice mirándome a los ojos – Ahora no podemos estar seguros ni en el Mar De Las Sirenas, ni en El Mar En Llamas, ni en ninguna otra isla – Señala hacia el mar y yo giro la vista consiente de que no se puede ver ningún barco pirata tan cercas de… - Antes de retirarnos vimos barcos piratas escondidos en islas más pequeñas con cuevas, cuevas que están a menos de quinientos kilómetros – giro de golpe la cabeza hacia el – Y los dos sabemos lo rápido que son sus barcos.




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