-Te aconsejo que mejor no confíes – Dice Vania después de un rato – A mi jamás me han traicionado, pero no sabemos si su verdad es a realidad, quizás solo nos quieren manipular para convencernos de estar en la tripulación, como te dije, yo no estoy aquí porque quiera, estoy aquí como compensación por salvarme la vida.
-Si pudieras irte, ¿Lo harías? – Regreso la vista hacia ella.
-Si te soy sincera, s… - se interrumpe por un grito.
- ¡Vania! ¡Thais! – Grita Zenith - ¿Qué hacen fuera tan tarde? – se acerca a nosotras y por el rabillo del ojo noto como Vania pone los ojos en blanco.
- ¡Por favor, Zenith! – Vania extiende los brazos – Como si fuera la primera vez que lo hago.
-Vania – la recrimina – Sabes perfectamente que está prohibido salir después del toque de queda, si quieren hablar, en sus habitaciones, no fuera.
-Y tú sabes perfectamente que tu regla me parece absurda, ustedes salen a tomar todas las noches a mitad de la noche.
Zenith se limita a contemplarla como si quisiera controlar su furia, respira hondo una, dos y tres veces hasta que por fin logra calmarse.
-No salimos todas las noches – aclara en un tono más calmado.
-Pero si la mayoría – le recuerda Vania.
-Regresen a su habitación – pide Zenith llevándose los dedos al puente de la nariz – Y no vuelvan a salir sin avisar, que tal que una tormenta cae justo cuando ustedes están fuera – señala el cielo y Vania molesta se cruza de brazos.
-En dado caso correríamos al interior, aparte en todos estos años solo una tormenta nos ha atacado cuando estábamos fue… - un fuerte aleteo la interrumpe.
Elevo la vista y veo un enorme dragón sobrevolándonos. Sylvan.
Sylvan rodea el barco mientras los demás piratas salen para ver qué sucede.
-No nos ve – digo antes de que alguien haga algo y todos me miran como si lo que dijera fuera ilógico, y en cierta parte lo es, pero no del todo – Puede que solo vea la silueta del barco, es decir, solo ve una sombra, la neblina le distorsiona la vista – explico y Nevar corre hacia los cañones.
-De todas maneras, es mejor prevenirnos – dice.
-Cierto – coincide Zenith – Alioth, esconde a Thais, si la ven estamos muertos.
- ¿Cómo sabrá que es ella? – inquiere Alioth cruzándose de brazos – Digo, no es como que sea la única mujer en el barco.
- ¿Es enserio? – su hermano frunce el ceño - ¿No estás viendo su cabello? – me señala – Su cabello es característico de ella, ¿Alguna vez has visto a alguien más con ese color de cabello?
-No – admite Alioth.
- ¡Exacto! Nadie más tiene ese color de cabello, cualquiera que la viera podría saber que se trata de Thais. Ahora, llévala adentro, si no la ve lo más probable es que piense que ella no está con nosotros.
Alioth se acerca he intenta tomar mi brazo, pero yo lo esquivo y lo apunto con mi espada.
-Tu quédate justo donde estas, ¿Entendido? – Ordeno y él se queda en su lugar – Y tu – me giro hacia Zenith - ¿Eres idiota o que te pasa? – inquiero – Cualquier persona adivinaría que si tienes prisionero a alguien lo tienes dentro, no fuera – le recuerdo – No creo que todos nos liberen al día de habernos capturado ¿Verdad?
-Tienes razón – coincide Zenith – Pásenme una cuerda, te ataremos al poste de las banderas y de esa manera vera que te tenemos prisionera.
- ¿Quién te entiende, Zenith?, ¿No querías que la ocultáramos? – Vania se lleva una mano a la frente, claramente estresada.
- ¿Entonces qué hacemos? – Zenith nos mira a todos uno por uno.
-Lo mejor es atacar al dragón – Dice Nevar preparando otro cañón para lanzar fuego.
- ¡Ni se les ocurra! – Grito – O yo misma los matare.
- ¡Genial! – Exclama Nisha – Ahora la prisionera nos amenaza, ¿A quién se le ocurrió que era buena idea liberarla?
-Nisha, no es momento para esto – le recuerda Zenith – Y, Thais, ¿Qué pretendes hacer…? – se interrumpe por un chillido.
Elevamos la vista al cielo y lo que veo hace que me tambalee. El fénix, en carne y hueso. Miro su brillante figura, me tallo los ojos con el dorso de las manos, pero lo sigo viendo sobre nosotros, cierro los ojos con fuerza, pero al abrirlos lo sigo viendo frente a nosotros, sigue ahí, su figura de un ave gigante anaranjada sigue ahí sobre y frente a nosotros.
Su mirada se cruza con la mía y mi marca resplandece con una luz azulada, se escucha otro chillido.
- ¿Tu eres la princesa perdida? – Me pregunta con una increíble voz dulce.
-Así es – asiento y me pongo de rodillas, agacho la cabeza indicando respeto hacia él.
Todos me miran sin entender lo que pasa, pero hacen exactamente lo mismo que yo, se arrodillan al mismo tiempo que Sylvan, en su forma de dragón, se coloca junto al fénix, aunque comparado con el fénix, él es muy pequeño.
- ¿Por qué todos se arrodillan? – el fénix inclina la cabeza.
-No lo sé – niego con la cabeza y los demás fruncen el ceño mirándome como si me acabaran de salir dos cabezas.
- ¿Por qué vistes como una de ellos? – Inquiere el fénix mientras observa mi ropa con demasiado detenimiento.
-Mi vestido se ensucio de sangre y polvo y una de ellos me presto su ropa – Le respondo.
- ¿Quien fue? – los mira a todos uno por uno y los demás agachan aún más las cabezas presas del pánico, incluso Nisha.
-Vania – respondo – La pelinegra de ojos negros que está a mi lado – Respondo y Vania me mira pidiéndome una explicación.
El fénix gira su cabeza y mira a Vania, entre cierra sus ojos y se escucha otro chillido, la marca de Vania resplandece con una luz azulada y yo entre abro los labios totalmente perpleja ante lo que acabo de presenciar.
- ¿Tú le prestaste tu ropa? – Le pregunta el fénix.
Alzo la mirada hacia el cielo y esta se cruza con la de Sylvan, no sostenemos la mirada por unos segundos y luego la desviamos hacia Vania.
-Si – asiente Vania respondiendo a la pregunta del fénix.
El fénix nos mira a los dos como si no terminara de comprender lo que sucede, finalmente fija la vista en mí.