La puerta de la habitación se abre de golpe.
Alioth se dobla por la mitad recargando una mano en su rodilla y la otra en la perilla de la puerta.
-Thais… - dice casi sin aliento y Vania corre a ayudarlos – Escóndete, son barcos…barcos de… - inhala fuerte y antes de que termine me asomo a la ventanilla de la habitación.
Entre cierro los ojos y enfoco la vista en los seis barcos que alcanzo a ver asurcándose…tardo unos segundos en analizar que no vienen a nosotros, van a Blacktide.
-Son de una de sus islas – dice cuando recupera el aliento – Tienen en sus banderas una daga – me dice y se acerca a mí – No sabemos de qué isla son.
-Son de Lonckad – En las banderas diviso la daga que menciona Alioth – Pero no entiendo que hacen aquí, ninguna isla, ni siquiera Alaya tiene permitido enviar tropas a Blacktide, es una norma que jamás se ha roto.
- ¿Lonckad? – Alioth frunce el ceño - ¿Por qué mandarían tropas de barcos y dragones a Blacktide?
- ¿Dragones? – giro la cabeza de golpe hacia él.
-Si – asiente y señala el cielo - ¿No los habías visto?
Elevo la mirada al cielo, y en efecto me encuentro con dragones que sobrevuelan el océano y que se dirigen hacia Blacktide.
-Esto no es buena señal – niego con la cabeza y camino hacia la puerta – Solo hay un motivo por el que mandarían barcos y dragones juntos – los dos me miran sin entender y yo suelto un suspiro frustrado – Quieren quemar y destruir Blacktide, y según las normas, si Lonckad derriba a Blacktide, tomara la corona – les explico mientras señalo la ventanilla – Pero eso es traición hacia Alaya y al resto de las islas, por eso nadie tiene permitido mandar tropas a Blacktide.
- ¿Dijiste que planean quemar y derrocar a Blacktide? – Zenith irrumpe en la habitación y me mira lleno de pánico.
-Si – cierro los ojos con fuerza y al final suelto un suspiro – Si no los detenemos lo más probable es que lo consigan – giro la cabeza hacia todos lados y al final abro el baúl que esta al pie de mi cama – Sera mejor que nos apresuremos, los dragones no tardan en llegar.
-No – Zenith me toma la muñeca y me detiene – No los enfrentaremos, si te ven así pensaran que eres una traidora, y a ti también te atacaran – objeta – No permitiré que te pase nada, así que, aunque me duela, nos iremos de aquí lo antes posible.
- ¿Dejaras que destruyan tu reino? – me libero de su agarre - ¡Eres el rey! – le doy un empujoncito en el pecho – No puedes dejar a tu reino a la deriva, debemos luchar, no los estaré traicionando porque ellos ya traicionaron a Alaya y las demás islas. En el momento en que mandaron tropas las otras islas tuvimos derecho a enfrentarlos – le explico – Y yo no dudare en hacerlo si con eso podemos proteger Blacktide.
-No lo haremos – Repite Zenith, esta vez con voz más letal que hace que Vania y Alioth agachen la cabeza, pero yo la mantengo en alto y con la mirada fija en sus ojos – Te pondrás en riesgo, una vez mencionaste que ustedes son entrenados desde los cinco años, lo cual quiere decir que ellos si pueden lastimarte, así que no lo haremos.
-Tarde o temprano tendré que luchar contra ellos si toman Blacktide – Me cruzo de brazos – Si tú te niegas a defender a tu reino, yo lo defenderé, hay gente inocente que puede morir por el fuego de dragón, y ya ha habido demasiadas muertes en esta guerra, lo más probable es que después de esto se selle un acuerdo de paz entre Blacktide y Alaya, y si no es el caso, al menos evitaremos la muerte de algunas personas.
- ¿Por qué me pones las cosas tan difíciles? – se lleva los dedos al puente de la nariz – De acuerdo, lo haremos – accede – Pero si sales lesionado o con un solo corte, dejaremos de lado la misión de ir hacia Lovclinck e iremos hacia Lonckad y quemaremos toda la maldita isla, y si es necesario hare que se arrodillen y te pidan perdón – advierte – Alístense para la batalla.
Sale de la habitación y los tres intercambiamos una mirada confusa mientras intentamos procesar lo que acaba de pasar.
-Las dejo para que se alisten – Alioth se dirige hacia la puerta y al ver nuestros rostros nos señalan – No planearan luchar en pijama ¿Verdad?
Sale de la habitación y corremos hacia los baúles.
-No – me detiene Vania con voz decisiva – No volverás a luchar en falda, te limita en algunos de tus movimientos, así que no lo harás. Toma – me entrega un traje de pantalón de cuero café, un corset café y una falda blanca – Y toma – me entrega vainas y dagas – El vestido te limita, sé que luchas mejor – me pone una mano sobre el hombro y me dedica una sonrisa dulce.
- ¿Cómo te diste cuenta de eso? – Pregunto con curiosidad.
-Es fácil – Toma dos pares de botas y me da uno – Eres muy buena en batalla y cuerpo a cuerpo, pero siempre que te veo luchar usas falda, tus movimientos parecen más medidos y solo un poco agiles, llegue a la conclusión de que te limita la falda.
-Pues sacaste conclusiones certeras – le dedico una sonrisa – Aunque entrene con falda y pantalón, con la falda tengo que medir mis movimientos.
Nos apresuramos a vestirnos y salimos hacia la superficie del barco.
En el momento en que salimos vemos a Zenith con un telescopio que apunta hacia las tropas de dragones.
-Los dragones vienen hacia acá, planean quemar el barco y luego ir a Blacktide – analiza – Somos como una piedra en su camino – se gira para vernos – Debemos estar atentos…
-Podemos hacer humo para que no puedan vernos – propongo.
-La última vez recuerdo que dijiste que no podían vernos, y al final el dragón termino a lado del fénix mirándonos fijamente mientras nosotros nos arrodillábamos como si le debiéramos algo – Nisha se cruza de brazos indignada - ¿Qué pasara si nos ven? ¿Volverás a dialogar con ellos?
-Pues la última vez quien nos vio no fue Sylvan, fue el fénix – Me giro hacia ella y la reto con la mirada – Si el fénix no hubiera estado ahí, Sylvan jamás nos habría visto porque la neblina nos cubría.